Parashat Ekev – Temprana Edad

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Rab. Gustavo Surazski *

El barrio ultraortodoxo de Mea Shearim es un micromundo en el cual las paredes hablan, en el cual cada publicidad o cada panfleto reflejan el modo de pensar y de vivir de aquella gente que habita en estas calles de Jerusalén.
Unos años atrás, andando por el barrio, me detuve frente a un cartel que decía:
‘El concejo rabínico de los Sabios de la Torá advierte que la conexión de todo temeroso de Di-s a la Internet constituye una flagrante violación a la Ley Judía’.
Sorprendido ante semejante postulado comprendí rápidamente que en el siglo diecinueve salir del ghetto era ir a la universidad o vestir indumentaria moderna. Pero hoy si un joven ‘temeroso de Di-s’ vive en Meá Shearim y está conectado a la Internet, estará fuera del gueto aun cuando viva físicamente en él.
Hoy el judaísmo contiene también el otro extremo. Un extremo tan peligroso para la salud del pueblo de Israel como el que pregona este cartel.
No son pocos los judíos para los cuales su mayor orgullo es justamente vivir fuera del gueto: no mandan a sus hijos a estudiar judaísmo, no los circuncidan por considerar al Brit Milá una práctica primitiva. No son pocos los judíos para los cuales la sola mención de la palabra TORÁ puede provocar una estampida de dimensiones astronómicas.
Dice Parashat Ekev:
‘Y enseñareis estas palabras a vuestros hijos para hablar de ellas, al estar en tu casa, y al andar por el camino, y al acostarte y al levantarte’ (Devarim 11, 19)
Y nos enseña RaSHI en referencia a este versículo: KsheHaTinok Matjil Ledaver, Aviv Mesiaj Imo BeLashon HaKodesh Umelamdó Torá, VeIm Lo Asa Jen, Harei Hu Kehilu Kovró.
“Desde el momento en el que un niño comienza a hablar, su padre debe comenzar a hablarle en la lengua sagrada y a enseñarle Torá, y si así no lo hiciere será considerado como si lo enterrara (en vida)”.
Con estas palabras tan duras de digerir, RaSHI nos enseña que la educación judía debe nacer en el hogar y a la más temprana edad. Sino es así, la identidad correrá serios riesgos de quedar sepultada.
Cuenta una anécdota que una joven pareja había ido a visitar al célebre Jafetz Jaim en busca de su sabio consejo. Ella estaba en el octavo mes de gestación y querían saber cómo debían actuar con su futuro hijo para llevarlo siempre por la senda de la Torá. El Jafetz Jaim los miró y les dijo: ‘Espero poder orientarlos… pero quiero que sepan que han llegado ocho meses tarde’.
* Rabino de la Comunidad Netzach Israel – Ashkelon

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