10 septiembre, 2021

Shabat Shuvá – Parashat Veyelej

Nuevamente este año tembló en México, y cuando ello ocurre, no importa dónde esté, comienzo a mirar si las lámparas de techo se mueven.

Tumba de Maimónides en Tiberias – Foto: Wikipedia – Dominio Público

Rabino Yerahmiel Barylka

Cuando tiembla la tierra

Desde el gran terremoto de 1985, no me puedo liberar de esa situación. A las 7:19 horas del 19 de septiembre de 1985 la capital del país se sacudió con un sismo de magnitud 8,1. El movimiento devastó a la zona centro de la ciudad, provocó daños severos en cientos de edificios y causó la muerte de miles de personas.

El temblor dejó en mi memoria el concepto clarísimo de la relatividad de la vida y que frente a su fuerza nada puedo hacer más que exclamar SHEMÁ ISRAEL e inmediatamente después, cuando vuelvo a respirar normalmente, pensar cómo puedo corregir lo errado que es tanto y tratar de terminar los pendientes, antes de la próxima convulsión.

Estos movimientos me invitan a dar una mirada realista cuando me pregunto con qué alimento espiritual alimento mi alma. ¿Dónde estoy en la vida? ¿Mis acciones realmente se correlacionan con los valores que defiendo?  

Cuando estamos arribando a la lectura de los últimos capítulos de la Torá, asistimos a la despedida de Moshé del pueblo judío y son un complemento vital para poder seguir actuando pese a todo. Sus palabras merecen una lectura renovada.

No es una coincidencia que Vayelej se lea todos los años en el Shabat entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, un Shabat conocido como Shabat Shuvá, siguiendo al profeta Oshéa: «Vuelve, oh Israel, a .A. tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a .A., y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios», que se lee en la porción de Haftará.

Los días desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur se conocen como los Diez Días de Arrepentimiento – Aseret Yemei Teshuvá – porque nos enfocamos en el arrepentimiento durante este tiempo.

En la tradición judía, el arrepentimiento se llama teshuvá, una palabra hebrea que se traduce como «regresar». Una de las palabras hebreas para pecado es «jet», que en hebreo significa originariamente no pegar en el blanco –desacertar-, y como derivado «extraviarse».

Debemos regresar del extravío, del pecado, indecencia, inmoralidad, contravención, falla, de la mala conducta, la contravención, el crimen, la ofensa, el agravio, y la mala acción.

La maravillosa idea del arrepentimiento en el pensamiento judío, es un regreso al camino de la justicia.

La teshuvá se puede hacer en cualquier momento, pero la temporada de fiestas altas, y especialmente Iom Kipur, se considera un momento especialmente auspicioso para ello. El proceso de arrepentimiento, según lo establecido por Maimónides, incluye tres etapas: confesión, arrepentimiento y voto de no repetir la fechoría. El verdadero penitente, dice Maimónides, es el que se encuentra con la oportunidad de volver a cometer el mismo pecado, pero se niega a hacerlo.

Creemos firmemente que la oración, la caridad y el ayuno ayudan a ganar el perdón. De alguna forma son parte importante del proceso.

Según la tradición judía, solo los pecados contra Dios pueden expiarse mediante la confesión, el arrepentimiento y la promesa de no repetir la acción. Los pecados cometidos contra otras personas solo pueden ser reparados una vez que se ha corregido el daño: se ha pagado la restitución por un delito financiero, por ejemplo, y se ha recibido el perdón de la víctima.

Cuando dirijamos nuestros vastos esfuerzos a hacer el bien, entre el hombre y su prójimo, y entre el hombre y Dios, con la ayuda de Dios, no solamente nos sobresaltaremos menos frente a los fenómenos telúricos, sino que tendremos un año nuevo maravilloso y bendecido, sin sentimiento de culpa, prestos para recibir el amor del otro y devolverlo con mucho más amor, también en las acciones prácticas.

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