Parashat Balak – ¡Mira quién habla!

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Rab. Gustavo Surazski

El Ma Tovú Ohaleja Iaakov (¡Cuán buenas son tus tiendas, oh Iaakov!) –oración que abre las plegarias matutinas- nace en la sección de la Torá que leeremos esta semana, Parashat Balak.

La historia es más o menos conocida
Balak, rey de Moav, decide contratar los servicios de un hechicero a fin de maldecir el paso de los hijos de Israel. Di-s permite a este hechicero –llamado Bilam- marchar trás Israel pero le impide maldecirlos poniendo en su boca palabras de bendición. Entre la catarata de elogios que salieron de boca de Bilam, el Ma Tovu es -sin duda- el más célebre a punto tal que fue elegido por nuestros Rabinos para encabezar nuestra liturgia diaria.

¿Por qué darle semejante honor a un hechizero gentil?
Ésto me recuerda una vieja historia judía.

Dos paisanos estaban sentados en un café de Viena. De repente el uno saca de su bolso un conocido diario antisemita y comienza a leerlo ante la mirada atónita de su compañero.

“¿Te volviste loco?”, le dijo el otro. “¿Cómo se te ocurre leer un diario que habla pestes de los judíos?”.

“Es simple”, le respondió. ”Ocurre que leer este diario me llena de satisfacción y emoción, mientras que cuando leo diarios judíos me vienen ganas de llorar. En el diario judío leo que hay pogroms en Polonia, persecuciones en Checoslovaquia, pintadas antisemitas en Hungría, desgracias en Rumania, árabes atacando judíos en la Tierra de Israel. ¡Desgracias y más desgracias! Sin embargo, abro el diario antisemita y veo que los judíos somos los dueños del mundo, manejamos la prensa mundial y las compañías más exitosas del planeta. No sólo éso; se dice ahí que los líderes del mundo hacen lo que les decimos…¿Qué diario leerías vos?”.

Muchas veces existe un abismo entre la auto-percepción de un pueblo y la percepción que el mundo tiene de él (a propósito, el gran pecado de los espías no fue el ver gigantes entre los pueblos de Cnaan sino un defecto en su autopercepción. Cuando regresan al campamento dicen ante los hijos de Israel: “Y allí vimos a los gigantes…ya parecíamos ante nuestros ojos como langostas; y así éramos ante sus ojos” (BeMidvar 13, 33).

Aquí, en Parashat Balak, ocurre algo parecido. No sé cuántos son los judíos que podrían elogiar al pueblo de Israel, al modo que lo hace Bilam. Sin duda tenemos notables aspectos positivos como comunidad. Pero quien habita en las entrañas del pueblo de Israel, sabe que junto a estas virtudes se esconden no pocos defectos. ¡Bilam sólo ve virtudes en Israel!

El Midrash dice en nombre de Rabí Aja:

¡Hubiera sido más apropiado que las admoniciones salgan de boca de Bilam y las bendiciones de boca de Moshé! Ocurre que de haberlos maldecido Bilam, Israel habría dicho: “¡Nos maldice quien nos odia!”. Y si Moshé los hubiera bendecido, las naciones del mundo habrían dicho: “¡Los bendice quien los ama!”. Dijo el Santo Bendito: “¡Que sean amonestados por Moshé, quien los ama, y bendecidos por Bilam, quien los odia!”. (Devarim Rabá 1, 4).

La crítica del que odia es previsible y –por ende- carente de valor objetivo (a menudo escuchó a la dirigencia iraní y a la de ciertos países árabes afirmar que en Israel se violan los Derechos Humanos, y suenan como una cofradía de carniceros pronunciándose en pos del vegeterianismo).

En lo que respecta a la bendición del que ama, no cabe duda qué esta es importante, sobre todo si el que bendice es un padre o un maestro. Sin embargo, también ésta carece –en cierta medida- de valor objetivo.

El hecho de que sea el que odia –Bilam- aquel que bendice a Israel, es lo que confiere a su bendición un carácter extraordinario.

Ésto explica la razón por la cual el Ma Tovu fue elegido para encabezar la lturgia diaria de Israel. La bendición del que odia tiene un valor especial. O como diría aquel viejo cuento: “¿Qué diario leerías vos?”.

*Rabino de la comunidad Netzach Israel – Ashkelon

 

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