Batalion: Se debe acabar con el mito de la pasividad judía en el Holocausto

La escritora Judy Batalion rescata del olvido el papel de un grupo de mujeres judías polacas que se convirtieron en luchadoras contra el nazismo, testimonios que recoge en su libro "Hijas de la Resistencia"

Partisana Sara Ginaite durante la liberación del Gueto de Vilna Foto Yasha Riumkin Museo del Holocausto de EE. UU. vía Wikimedia Commons

Con su obra quiere «acabar con el mito de la pasividad judía en el Holocausto».

En «Hijas de la Resistencia», la autora, nacida en Montreal, parte de la Varsovia de 1943, en la que un grupo de jóvenes judías decide alzarse contra la barbarie, después de ser testigos del brutal asesinato de sus familias y de la destrucción de sus comunidades.

Aquellas «chicas del gueto», recordó Batalion en una presentación telemática de la obra en español desde Nueva York, «participaron en la organización de las células de resistencia para combatir a los nazis, actuaron como correos, combatientes y agentes de inteligencia y sobornaron a los guardias de la Gestapo, para lo que usaron su aspecto ario para seducirlos y no dudaron en matarlos».

Batalion confesó que ella misma «tenía en la cabeza» esa idea de la pasividad judía, a pesar de que sus abuelos eran sobrevivientes y de origen polaco: «Esas mujeres no eran pasivas, explotaban trenes, escapaban de los guetos, compraban armas a traficantes en los cementerios, se disfrazaban, y eso no tiene nada que ver con la narrativa que me había llegado de tristeza, pasividad y de conformarse».

La autora comenzó a abrir los ojos cuando en la British Library descubrió durante la investigación un oscuro libro en yiddish publicado en 1946 titulado «Freuen in di Ghettos» (Mujeres en los guetos), que relataba las historias de resistencia y hazañas de estas jóvenes y, al ver que eran «activas», su propósito fue «ayudar a desmontar ese mito».

Frente al mito, Batalion descubre en esas vidas «actividad, rebelión, lucha constante, desafío, mujeres que buscaban alimentos, que disparaban a agentes de la Gestapo» y que miles y miles de judíos participaron en la resistencia y en los más de noventa guetos que había en Europa del Este «consiguieron rescatar a más de 20.000 personas».

Revela Batalion que el libro comenzó «por accidente», porque nunca se propuso escribirlo: «Empezó hace quince años cuando vivía en Londres en un momento en el que pensaba en mi identidad judía y en el legado emocional del Holocausto y cómo pasa el trauma de generación en generación».

Aunque decidió concentrarse en la actividad de resistencia de las mujeres judías en Polonia, en su investigación descubrió que «esas jóvenes clandestinas surgieron de los movimientos juveniles existentes antes de la guerra y que estaban en comunicación con otros grupos, en Suiza, en Estados Unidos, en Palestina, si bien no actuaban como parte de una red de resistencia internacional».

De hecho, añade, incluso dentro de Polonia ya era difícil conectarse porque «muchas mensajeras eran fusiladas cuando eran capturadas».

El hecho de que la historia de estas mujeres haya permanecido en el olvido se debe, según Batalion, a muchos factores, entre ellos a que «el Holocausto es un fenómeno histórico sumamente complejo y durante mucho tiempo nos hemos sentido incómodos al hablar» de él.

Aún hoy, destaca, hay mucho malestar a la hora de hablar de la resistencia porque, al darle demasiado valor, parece que se menosprecia a las mujeres que no fueron tan activas.

«Hay dos historias infracontadas, la de los judíos en la resistencia, sobre todo en Polonia, y luego la experiencia de las mujeres durante el Holocausto, y al respecto todavía queda mucho por contar y saber», indica.

Había miles de mujeres jóvenes que estaban implicadas en estas «actividades dramáticas y valientes» y Batalion, que viene de una familia judía superviviente y que tiene un doctorado sobre la mujer, «no sabía nada de este episodio».

Batalion encuentra «razones políticas, porque la política da forma al relato del Holocausto, y luego confluye un componente personal, pues muchas de estas mujeres no contaron su historia, o la contaron en 1945 y luego no la explicaron más».

Recuerda que «a algunas no las creían, las acusaban de colaboracionistas, de acostarse con los nazis para sobrevivir, y muchas de estas mujeres se sintieron culpables porque, en contraste con la experiencia de las supervivientes de Auschwitz, parecía que ellas no habían sufrido tanto».

En su investigación ha encontrado desde «historias dramáticas», como la de una joven a quien sus compañeras llamaban «la ejecutora» que se hacía pasar por campesina y mataba a punta de pistola a nazis tras camelar a los guardias de la Gestapo, u «otras que desafiaban a las autoridades nazis y llevaban escuelas, comedores sociales, guarderías, u otras que decidieron acompañar a sus hijos en las cámaras de gas».

Batalion, que se ha convertido en coguionista del proyecto de llevar al cine el libro de la mano de Steven Spielberg, revela que para su próximo libro piensa en «la Polonia de la década de los años 30, con una sociedad muy moderna». EFE y Aurora.

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