Transit, film sumamente original e insólito

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Henry Weich 

Alemania, Francia, 2018. Dirección y guión: Christian Petzgold. El film está basado en una novela homónima de Anna Seghers, judía alemana, de 1944. Georg, el protagonista, es un judío refugiado de Alemania que empieza en París pero luego de una serie de incidentes que ponen su vida en peligro, tiene que escapar a Marseille de donde espera obtener un visado de tránsito, estamos en 1942 y los alemanes están avanzando con lo que significa ser judío en esa época.

Es que en el hotel de París ha encontrado un manuscrito de Weidel, un escritor que se ha suicidado acosado por lo que le espera siendo judío y porque su esposa Marie lo ha abandonado. Sabiendo que la dueña del hotel lo denunciará se salta la persecución y llega a Marseille.

Georg, adopta la identidad de Weidel para aprovechar el permiso de emigración de éste a México pero para eso necesita un visado de tránsito ya que no hay manera directa de llegar a ese país sino a través de Estados Unidos, en realidad todos los refugiados han llegado ahí y se consideran a sí mismos como en tránsito para luego poder llegar a otros sitios que los liberen del peligro que va avanzando.

Georg, vaga por las calles de la ciudad portuaria y se topa con una mujer, obviamente refugiada, sordomuda, una alusión pertinente al estado de los refugiados que no conocen el idioma, ni pueden expresarse. Ella tiene un niño magrebí, con el cual nuestro protagonista establece cierta amistad, es el que interpreta en idioma de signos lo que la madre no puede transmitir. Hay además otra mujer, Marie, que aparece y desaparece en las calles de Marseille como si fuera un fantasma, se descubrirá una relación entra ella y un médico, tres personajes alrededor de los cuales gira la trama.

Pero lo notable de este film es la elección de presentar la acción y el relato en la ciudad actual, sin duda una decisión crucial, si se quiere ahorrándose los enormes gastos de reconstrucciones de la época de los personajes, una brecha intencional que por su anacronismo tiene al espectador ocupado en ubicarse entre dos polos, el tiempo y el lugar cuya unidad se ha infringido. Hasta que se entiende el sentido de esa brecha que también surge en el libro de Seghers, si bien ahí no se trataba de algo tan radical.

Es una manera sofisticada de concentrarse en los personajes y en lo que les sucede, que tiene toques de film noir, pero ahí también el cineasta es radical porque filma con colores fuertes donde solo el espíritu del noir existe en las divagaciones del relato.

Un elemento importante es la decisión de agregar una voz de narrador que acompaña a la acción, a veces omnisciente, hablando de Georg en tercera persona y a veces redundante ya que la visualización, lo que está ocurriendo en la pantalla la convierte en tal. Ese narrador se conocerá más adelante y su existencia puede ser cuestionable.

El pasado se mete en el presente y de alguna manera trae a éste el tema del Holocausto y su actualidad en la actualidad. Claro que también está el tema de los refugiados que llegan a Europa buscando amparo, escapando de situaciones terribles. Esa yuxtaposición puede ser criticable pero es una manera de ver un presente cambiante donde la memoria de aquella matanza queda atrás. Los personajes, en su mayoría judíos alemanes escapados, con esa situación no dejan de tener un toque fantasmagórico. Hay que señalar las reflexiones insertadas y la búsqueda de la relevancia del holocausto. Diálogos en tránsito, podría decirse. Buena interpretación, acercamiento insólito y sofisticado.

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