Parashat Pinjas (Números 25:10-30:1)

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Shimón y Leví
La parashá de esta semana comienza con Dios recompensando en gran medida a Pinjas por su acto de fervor al matar a Zimrí y a Cozbi, quienes estaban cometiendo un grave pecado. Pinjas era de la tribu de Leví, mientras que Zimrí era de la tribu de Shimón. Esta no es la primera vez en la Torá en que estas tribus se asocian una con la otra; Rav Yaakov Kamenetzky nos provee un esclarecedor relato sobre la historia de estas dos tribus y sobre cómo se desarrollaron de forma tan diferente una de la otra (1).
En parashat Vaishlaj la Torá nos cuenta cómo Shejem secuestró a Diná. Todos los hermanos conspiraron para recuperarla; su plan era persuadir al pueblo de Shejem para que se circuncidaran y entonces irían y recuperarían a Diná mientras ellos se sanaban. Sin embargo, Shimón y Leví planearon un curso de acción más drástico: consideraron que todo el pueblo de Shejem era culpable por su rol en el secuestro de Diná y por lo tanto asesinaron a toda la ciudad en el proceso de salvarla. Yaakov estuvo en desacuerdo con lo que hicieron, temiendo que la acción de Shimón y Leví podría dañar la reputación de su familia. Shimón y Leví defendieron sus acciones, diciendo: “¿Debería nuestra hermana ser tratada como una prostituta?”.
Pasaron muchos años hasta que Yaakov les dio su reprimenda final a los dos hermanos. En parashat Vaiejí —en las bendiciones a sus hijos—, criticó a Shimón y a Leví por su impulsividad. Es más, los castigó diciendo: “Los separaré en Yaakov y los dispersaré dentro de Israel” (2). El entendimiento superficial de este castigo es que su propósito era separar a los dos hermanos para evitar otra escalada de violencia. Sin embargo, Rav Kamenetzky advierte que Rashi da una explicación diferente: Shimón y Leví serán sofrim (gente que escribe rollos de Torá, tefilín y mezuzot) y maestros de Torá de niños, que viajarán de ciudad en ciudad para reparar los ítems sagrados y enseñarle Torá al pueblo judío (3).
¿Por qué el futuro de la educación del pueblo judío fue puesto deliberadamente en manos de Shimón y Leví? ¿Cuál es la medida por medida aquí?
Rav Kamenetzky responde que Yaakov vio que Shimón y Leví poseían un rasgo de carácter positivo que los otros hermanos carecían. Reconoció su motivación para destruir a Shejem: ellos habían estado dispuestos a arriesgar sus vidas para defender el honor de su hermana. Los otros hermanos también vieron la terrible situación en la que estaba Diná, pero sólo Shimón y Leví sintieron el dolor como si fuera propio. Rav Kamenetzky escribe: “Yaakov vio que sus acciones emanaron de un dolor interno y de una empatía genuina con el dolor del otro, y fue eso lo que los llevó a un fervor sin límites… Sólo hombres con ese carácter, que sienten el dolor de su compañero como si fuera propio, sólo ellos pueden mostrar suficiente auto sacrificio y renunciar a sus recursos físicos para viajar de ciudad en ciudad esparciendo la Torá de Dios por el mundo y enseñándoles a los niños de Israel”.
A pesar de que Shimón y Leví aplicaron de mala forma su fervor en el incidente de Shejem, Yaakov vio en ese rasgo un potencial que podía ser utilizado con un objetivo muy positivo: esparcir la Torá en el pueblo judío.
Sin embargo, en la parashá de esta semana vemos cómo los descendientes de estos dos hijos de Yaakov siguieron caminos muy diferentes: Pinjas, un miembro de la tribu de Leví, logró canalizar su fervor para hacer la voluntad de Dios (su acto de violencia puso fin a la plaga que mató a miles de personas). Dios lo recompensó de gran manera para demostrar que Pinjas había actuado de esa manera sólo en honor al Cielo. Pero por otro lado, Zimrí, quien era un príncipe de la tribu de Shimón, expresó el fervor de su ancestro de manera prohibida, traspasando los límites de lo que permite la Torá.
¿Cómo fue que estas dos tribus se desviaron tanto la una de la otra? Rav Kamenetzky explica que, mientras que la mayoría de Klal Israel fueron esclavos en Egipto, la tribu de Leví tuvo libertad para estudiar Torá. Y fue precisamente ese período de internalización de los valores de la Torá el que les permitió a los levitas canalizar su fervor de forma adecuada. En contraste, los miembros de la tribu de Shimón nunca tuvieron la oportunidad de estudiar Torá de esa forma, lo cual generó que su fervor no tuviera guía y que se expresara por lo tanto de maneras prohibidas.
Una lección vital que podemos aprender de la explicación de Rav Kamenetzky es la forma en que debería manifestarse el fervor. El verdadero fervor debería generar en la persona un gran sentimiento de dolor cuando la gente actúa de manera detestable. El Alter de Kelem zt”l, un gran sabio de Torá, expresó este sentimiento durante toda su vida: En una ocasión, él y otro rabino vieron a un judío tomando heno de la carreta de un gentil. Después de eso, el Alter estaba triste y durante todo el día tuvo cara larga. Esa noche, el otro rabino le preguntó cuál era el problema. El Alter pareció sorprendido por la pregunta: “¿Cómo puede una persona estar tranquila cuando ve tanto pecado en el mundo?”(4).
Además de sentir dolor por determinado comportamiento, la persona debería motivarse a sí misma a intentar rectificar el problema en la medida de lo posible. A los grandes líderes del pueblo judío no les basta con expresar dolor por las áreas imperfectas, sino que hacen todo lo posible para mejorar la situación.
Que todos ameritemos aprender de nuestros grandes líderes y que podamos ayudar a resolver los numerosos problemas que enfrenta el pueblo judío en esta época, ya sea la asimilación en masa, la pobreza o la amenaza en contra del Estado de Israel.

Notas:
(1) Emet LeYaakov, Vaishlaj, pp. 188-9. Vaiejí, pp. 237-8.
(2) Vaiejí 49:7.
(3) Emet LeYaakov, Vaishlaj, ibíd.
(4) Ibíd. p.76.

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