Notable ópera prima, cineasta sabia y sensible

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Sand Storm (Sufa jol Israel, 2016). Dirección y guión: Elite Zexer. Fotografía: Shai Peleg. Actores: Khadija Alakel, Lamis Ammar (Laila), Ruba Blal-Asfour (Jalila), Haitham Omari (Suliman) y otros
22cineEl film se ubica en una aldea beduina en el Néguev y comienza con una escena en la cual la protagonista, Laila, conduce una camioneta, estando a su lado Suliman, su padre. Ella estudia en la universidad, tiene un teléfono celular y tiene la cabeza cubierta como corresponde sin que asome un rastro de cabello, pero sin embargo como señal de modernidad usa vaqueros, es lo que insinúa lo diferente, es una chica apoyada por sus padres que le permiten vivir su vida, pero esa impresión se desvanece velozmente al acercarse a la aldea, el padre y la hija cambian de lugares y ahora él está al volante, porque una mujer no debe ser vista conduciendo en el entorno social y cultural en el cual tiene lugar la trama, acotamos que la lengua en la cual se habla es exclusivamente árabe.
La ilusión de progreso que parecía entrar a pequeños pasos en la sociedad que se presenta, se difumina cuando está claro que Suliman va a tomar una segunda esposa, después de un largo período de matrimonio con Jalila, madre de sus cuatro hijos, siendo Laila la mayor entre ellos. Para eso él construyó una casa mucho más elegante que aquella en la cual vive su primera esposa y sus hijos. La camioneta estaba cargando las partes de la cama que sería la cama matrimonial de la nueva pareja, y a Jalila junto con Laila no les queda de otra sino participar en su intención de casarse con una segunda esposa, es más, se les exige preparar la nueva casa y el dormitorio donde la nueva pareja pasará la primera noche nupcial.
El casamiento al cual sólo las mujeres están invitadas, está descrito como algo caótico, como desde una cierta distancia y el relato rehúsa engolosinarse con los aspectos folcloristas y exóticos que se podían haber incorporado a la película- Con todo, la imagen de la novia pesadamente maquillada, luciendo un vestido blanco de amplias dimensiones, ella es, para decirlo por lo menos delicadamente, corpulenta y hay algo grotesco en ese maquillaje, pero en una escena hermosa posterior cuando nos topamos con esa mujer resulta tener una cara agradable y hasta causa sorpresa de que se trate de la misma persona.
La ilusión de progreso se desmorona poderosamente cuando Jalila descubre que Laila tiene un pretendiente, Anuar y tiene el propósito de casarse con él. Pero una mujer en esa sociedad no tiene derecho de elegir su novio. Jalila ordena a Laila no encontrarse más con Anuar y le pasa la información a Suliman que inmediatamente empieza a buscarle un candidato entre los solteros de la aldea. Este aspecto del argumento podía ser banal y conocido de películas anteriores que describen las limitaciones que se le imponen a la mujer en sociedades tradicionales, si la cineasta hubiera enfatizado la historia de amor entre Laila y Anuar, pero ella lo evita, así como no recalca aspectos melodramáticos en diversos puntos de la película. Hay una escena muy hermosa que describe el encuentro en una escalera en Beer Sheva, también esta escena se ha visto en otras cintas en escaleras o balcones, pero se la presenta con una reserva sentimental adecuada.
Ya se han visto películas que tratan de las angustias de mujeres en sociedades patriarcales y tradicionalistas, pero en ésta ópera prima la cineasta se supera sobre estos aspectos. Su film muestra inteligencia y madurez que se expresan en la capacidad de Zexer de eludir situaciones escabrosas en las cuales podía haber tropezado en su camino, lo cual le permite crear un film complejo desde el punto de vista emocional e intelectual, sin necesidad de fórmulas de guión y volteretas narrativas que le hubieran facilitado el trabajo. Se trata de un film lleno de emoción, pero sin sentimentalismo, un film poderoso pero sin dejar de ser mesurado, un verdadero logro también en la selección del elenco y la dirección de actores.
Hay algo de parecido con el film de la turca Denis Erguven, Mustang, en el cual hay de todos modos un atisbo de esperanza, no así en el de Zexer. Su film no se deleita en aspectos folcloristas y tampoco tiene aspectos voyeristas como en películas que se ocupan de exotismos de sociedades diferentes a la de uno. Los panoramas son meramente trasfondos del film. Más que las palabras lo que habla son las miradas, las caras, todo eso apunta a una profesionalidad notable con muchas posibilidades de baches que sabiamente elude, el film transpira inteligencia, sensibilidad y delicadeza.

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