Las buenas intenciones en Rosh Hashaná

1
559

José Ignacio Rodríguez

La atmósfera emocional y espiritual, inseparables por otro lado, se cargan de nubes de esperanza, ilusión y fe cuando llega el maravilloso tiempo de Rosh Hashaná. Una alegría contagiosa parece que lo llena todo y que se transmite efusivamente en forma de buenos deseos y cariñosos abrazos. Por unos días la esperanza de cambio puede con la realidad que vivimos y todo a nuestro alrededor adquiere el cálido color de la granada.

Una alegría momentánea que es la antesala del Juicio Anual, con mayúsculas, que el cielo nos regala a cada uno de nosotros. Una puerta que se abre a la introspección personal y que debe conducirnos a evaluar lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer, en el año que terminó. Las buenas intenciones que formulamos el anterior Rosh Hashaná deberían estar en pleno desarrollo después de un año de posibilidades inestimables, para llevarlas a su plena realización.

En todo caso este periodo de renovación nos prepara para el Día de la Sentencia o Yom Kipur en donde todos confiamos en salir perdonados de nuestros hechos negativos y de nuestras promesas incumplidas. Las buenas intenciones que no se llevan a la práctica son también promesas incumplidas, para con nosotros mismos, para con nuestro más íntimo círculo de relación y nos atrevemos a decir para con el resto de la humanidad. Las buenas intenciones pueden ser las mejores herramientas que hagan de este mundo un lugar mejor y más humano, pero solo si hacemos cada uno de nosotros lo que nos corresponde.

La sensación emocional de entrar a un año lleno de esperanzadas posibilidades de progreso se mezcla con la realidad espiritual de saber que somos evaluados, por nuestros dichos y hechos. Las buenas intenciones que diagramamos en el corazón de las emociones deben servir para visualizar un mundo mejor para todos, aunque suene a utopía. Las buenas intenciones son las grandes visiones con las que se construye el presente y el futuro de la humanidad. La falta de visión espiritual ciega las emociones que construyen sueños, aquellos que algún día se harán realidad.

El tiempo de Rosh Hashaná se podría entender también como la apertura de un juicio en que nosotros mismos nos hemos de evaluar. Una sala emocional en la cual entramos con el rostro erguido, pero que en la medida que hacemos esa llamada introspección personal se inclina solicitando la indulgencia del Cielo. Las buenas intenciones requieren de la sencilla humildad en contraposición al desmedido orgullo que genera el creernos mejores que los demás. Toda buena intención se sustenta con buenas acciones en beneficio personal y comunitario.

En un juicio natural se evalúa el mal que supuestamente hicimos, pero en un juicio del nivel espiritual que representa Rosh Hashaná y Yom Kipur se juzga el mal que hicimos y las buenas intenciones que incumplimos al no llevarlas a buen fin. Todo un reto que precisa honestidad con nosotros mismos.

El camino que lleva al desastre está lleno de buenas intenciones que se repiten en el tiempo, pero que no se concretan a tiempo. Los buenos propósitos, intenciones y proyectos no sirven para casi nada sino se llegan a materializar. Las buenas intenciones que vocalizamos en Rosh Hashaná son tan importantes que afectan positivamente al resto del año, pero solo si se consuman. Las buenas obras son amores y no solo las buenas intenciones que precisan tiempo, esfuerzo y dinero. Las buenas intenciones no se sostienen en el aire de la desidia.

Qué este año alcancemos todas y cada una de las buenas intenciones que hemos elevado a la categoría de rezo con fe y esperanza. Qué el año que empezamos nos sea verdaderamente dulce, agradable y productivo en el sentido más amplio de la palabra. Qué aquellos que hacen de las buenas intenciones un estilo de vida lleguen a materializarlas, para su propio bien y el de cuantos los rodean. Un Feliz Año Bueno con buenas intenciones hechas realidad, para todos los amigos de Israel ¡Shaná Tová!

 

1 Comentario

Dejar respuesta