Quintos comicios en cuatro años extienden la crisis política en Israel

La disolución del Parlamento y convocatoria de elecciones marca la continuación de una profunda crisis política en el país, cuyos ciudadanos acudirán en noviembre a las urnas por quinta ocasión en menos de cuatro años.

Foto ilustración Laliv G Wikimedia Commons CC BY-SA 4.0

El denominado «Gobierno del cambio» alcanzó hoy su punto final en Israel. Duró poco más de un año y se desmoronó lentamente por un sinfín de crisis internas que se apilaron hasta dejar a sus líderes sin margen de acción.

Este Ejecutivo, compuesto por ocho partidos de todo el arco político, tuvo por objetivo destronar al ex primer ministro Benjamín Netanyahu, enjuiciado por corrupción y que sirvió ininterrumpidamente en el cargo desde 2009 hasta junio de 2021.

Ahora, tras la disolución de la Knéset (Parlamento) con el apoyo de 92 de un total de 120 diputados, Israel vuelve a sumergirse en una feroz campaña electoral de cara a los comicios fijados para el próximo 1 de noviembre.

Al igual que en las últimas ocasiones, los partidos se perfilan divididos entre aquellos dispuestos a servir bajo el mando de Netanyahu y quienes insisten en la necesidad de evitar el regreso del exmandatario, que enfrenta los cargos de fraude, cohecho y abuso de confianza en tres casos distintos de corrupción.

Esta vez, sin embargo, el electorado acudirá a votar habiendo atravesado la experiencia de un Ejecutivo alternativo al que propone Netanyahu, al frente de su partido, Likud, y junto a sus socios ultraortodoxos y derechistas.

El mandato del Gobierno comandado hasta hoy por el nacionalista religioso Naftali Bennett y compuesto por partidos de derecha, izquierda, centro y hasta una facción islamista árabe no fue fácil, en parte debido a los desacuerdos internos y a los múltiples desafíos que debió atravesar. Entre estos figuran la gestión de nuevas olas de la pandemia, un repunte de violencia con los palestinos y las consecuencias globales y regionales de la guerra en Ucrania.

NETANYAHU PREPARA SU REGRESO

A estas dificultades se sumó el incansable accionar de Netanyahu, como líder de la oposición, para obstaculizar su funcionamiento y demostrar al electorado que un Gobierno tan amplio y no bajo su mando no podía funcionar.

«Esto es lo que sucede cuando mezclas un partido de falsa derecha con partidos de extrema izquierda y una facción árabe», dijo hoy el ex primer ministro, que describió al Gobierno saliente como un «experimento fallido».

Además, en un discurso ante el Parlamento que para muchos marcó el comienzo de su campaña electoral, prometió «un Gobierno amplio y robusto que devolverá el orgullo, la fuerza y la esperanza a Israel».

EL CENTRISTA LAPID, PRIMER MINISTRO EN FUNCIONES

En base al acuerdo que dio nacimiento al saliente Ejecutivo, tras la disolución hoy de la Knéset, el actual ministro de Exteriores, el centrista secular Yair Lapid, asumirá esta medianoche como primer ministro en funciones. Ocupará el cargo hasta la formación de la próxima coalición gubernamental.

Culminada la votación en el Parlamento, Lapid se dirigió al museo del Holocausto de Jerusalén, Yad Vashem, con el fin de honrar la memoria de su padre, fallecido en 2008 y sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial.

«Prometí a mi difunto padre que siempre mantendría a Israel fuerte, capaz de defenderse a sí mismo y de proteger a sus hijos», escribió Lapid a través de su cuenta de Twitter, previo a la simbólica ceremonia de traspaso de mando prevista para este jueves.

De cara a los próximos comicios, este periodista de 58 años devenido político se perfila una vez más como líder del sector anti-Netanyahu, que ya no contará con la participación de Bennett tras su anuncio ayer de que no se presentaría a las elecciones.

Esta decisión de Bennett podría ser decisiva para el futuro político de Israel, dado que deja al mando de su partido, Yamina, a la impredecible ministra de Interior, Ayelet Shaked.

Las últimas encuestas difundidas por medios anticipan un escenario difícil para ambos bloques, que por ahora no contarían con los apoyos necesarios para llegar al mínimo de 61 diputados necesario para formar una coalición.

Lo que sigue es un previsible torbellino de rumores, acusaciones cruzadas, desmentidos y promesas electorales de todo tipo, previos a una nueva cita electoral que bien podría no ser la última. EFE y Aurora

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