24 agosto, 2021

Noticia del Holocausto belga

La pulcra, católica y tradicional Bélgica no fue ajena del delirio racista y etnicista inspirado por el nazismo, dando lugar a vergonzosos episodios de colaboracionismo con el ocupante y participando activamente en la tristemente conocida como «solución final».

El rey Leopoldo III cuando asumió al trono en 1934 – Foto: Wikipedia – CC BY-SA 3.0

Ricardo Angoso

Al igual que en otras partes de Europa, la maquinaría criminal alemana para perpetrar el Holocausto o la “solución final” se puso en marcha nada más ser ocupada Bélgica por Alemania, que, por cierto, apenas ofreció nula o escasa resistencia a sus ocupantes.

En primer lugar, comenzaban las medidas coercitivas, tanto de tipo judicial como social, entre las que se encontraba casi siempre la obligatoriedad de portar el signo distintivo que identificaba con una estrella de David de color amarilla o de otro color a los judíos y después, como siguiendo un patrón probado e “importado” desde Polonia, comenzaba la fase de recluir y reunir a todos los judíos en un lugar, bien sea un gueto, un centro de trabajo o un lugar provisional desde donde los capturados serían enviados a los campos de la muerte o asesinados in situ.

Los patrones variaban muy poco de un país a otro.

“Inmediatamente después de la ocupación de Bélgica, los alemanes establecieron leyes y ordenanzas antisemitas. Restringieron los derechos civiles de los judíos, confiscaron sus propiedades y empresas, les prohibieron el ejercicio de ciertas profesiones y, en 1942, les exigieron el uso de una estrella de una estrella de David de color amarillo. También arrestaron a los judíos belgas para que realizaran trabajos forzados. Trabajaban principalmente en la construcción de fortificaciones militares en el norte de Francia, y también en otras obras de construcción, fábricas de ropa y de armas, y canteras de piedra en Bélgica”, explicaba la Enciclopedia del Holocausto del Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos.

Antes de la guerra vivían en Bélgica entre 65.000 y 70.000 judíos, mayoritariamente en Bruselas y Amberes. Muchos de los judíos belgas procedían de Alemania, Polonia y otros países del Este, de donde habían huido de las persecuciones y matanzas sistemáticas, pero también había otras comunidades con una gran raigambre, como la de Amberes, cuyos comerciantes judíos se dedicaban, por lo general, al comercio de joyas, oro y diamantes, siendo todavía una actividad por la que son conocidos en los mercados financieros internacionales.

Como en otras partes de Europa, los nazis contaron en Bélgica con los tristemente conocidos como los verdugos voluntarios de Hitler, es decir, los colaboradores locales, especialmente en Flandes, donde el movimiento nacionalista siempre se inspiró en el modelo nacionalsocialista de organización y de proyecto de Estado.

En abril de 1941, sin órdenes de las autoridades alemanas, los colaboradores flamencos saquearon dos sinagogas en Amberes e incendiaron la casa del rabino principal de la ciudad en el Pogrom de Amberes. 

Ese colaboracionismo con los nazis llegó en Bélgica, a diferencia de otras partes de Europa donde las autoridades huyeron nada más entrar los ocupantes nazis, a las más altas instituciones del Estado, como fue el caso de la Monarquía belga.

Esa colaboración de los belgas con los nazis fue denunciada por la periodista Teresa Constenla en una nota: “Empezando por el rey Leopoldo III, colaboracionista durante la ocupación entre 1940 y 1944. Casi nadie pagó por la complicidad con los alemanes, excepto doce personas ejecutadas al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1942 la indiferencia hacia la suerte de los judíos fue generalizada entre la sociedad belga, alentada por el hecho de que la población estaba convencida de que Alemania ganaría la guerra y de que los judíos estaban siendo expulsados de Europa. La participación belga fue una especie de realpolitik. Aunque la colaboración de Flandes con los alemanes fue muchísimo más notable que la de los valones”.

En ese ambiente muy propicio, sobre todo en Flandes pero también en Valonia -aunque en menor medida-, para el colaboracionismo con los nazis, un fascista belga, León Degrelle, crearía, en 1941, la Legión Valonia, a la que se unirían centenares de simpatizantes de los nazis en Bélgica y también nacionalistas flamencos.

Degrelle, que era el líder del movimiento fascista denominado “rexista” o simplemente Rex, sería uno de los comandantes más notables de esta Legión y sus hombres lucharían en los frentes de Ucrania, Estonia y Alemania hasta su rendición en 1945. Pese a todo, el colaborador nazi tendría suerte y lograría huir a España en 1945, donde moriría sin problemas en Málaga tras haber sorteado exitosamente las órdenes de extradición de Bélgica.


Las deportaciones de los judíos belgas

Entre agosto de 1942 y julio de 1944, alrededor de 25.500 judíos y 350 romaníes fueron deportados de Bélgica; más de 24.000 murieron antes de que los aliados liberaran los campos y la mayor parte de ellos fueron asesinados en Auschwitz tras haber pasado por el campo de tránsito de Mechelen. También hay noticias de que otros judíos, sobre todo menores de edad, fueron enviados a los campos de concentración de Buchenwald y Ravesbruck, así como al de Vittel en Francia.

A pesar del alto grado de colaboracionismo de numerosos belgas en las operaciones contra los judíos, hay que reseñar que la resistencia contra la ocupación nazi comenzó desde los primeros momentos y que miles de judíos consiguieron esconderse de sus perseguidores con la ayuda de algunos belgas. Incluso numerosos policías en varias ciudades belgas se negaron a colaborar con los nazis y arrestar judíos. “Las familias belgas escondieron a 30.000 perseguidos durante los años de plomo”.

A veces las estadísticas llevan un relato endiablado dentro: al finalizar la guerra seguían vivos el 55% de los judíos de Bélgica. En Holanda, apenas lo hicieron el 25%, señalaba una reciente nota del diario español El País. 

Al final de la guerra, cuando los aliados ocupan Bélgica y echan a los ocupantes alemanes, se calcula que algo más de 25.000 judíos belgas habían sido deportados a los campos, de los que solamente regresarían unos 2.000, y la comunidad judía contaba con algo más de 45.000. Sin embargo, la ciudad de Amberes se llevaría la peor parte del Holocausto, pasando de 35.000 judíos antes de la guerra a apenas 15.000 en 1945, lo cual revelaría que casi el 70% de los hebreos de la ciudad fueron exterminados, a diferencia de la capital belga, Bruselas, cuya cifra de deportados y exterminados apenas llega al 35%.

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