13 octubre, 2021

Abuso de confianza

El 23 de septiembre, cuando la Cámara de Representantes de EEUU votó por abrumadora mayoría el proyecto de ley de financiación al Iron Dome, el sistema defensivo antimisiles de Israel

Fachada del edificio de The New York Times en Nueva York – Foto: Wikipedia – CC BY-SA 3.0

Beatriz W. de Rittigstein

Entonces sucedió un extraño incidente que llamó la atención: la representante Alexandria Ocasio-Cortez cambió su voto de “no” a “presente”; es decir, de rechazo a abstención y luego lloró. The New York Times, literalmente, inventó una explicación para la actitud anómala de la joven representante demócrata y señaló que se debió a “lobbystas influyentes y rabinos”, sin dar más detalles, pues no los había para probarlo. Ante el asombro del público, NYT decidió quitar de su edición digital sin dar ninguna explicación, esa discriminatoria frase que reafirma un estereotipo.

En otro caso, coincidiendo con el Día del Perdón, el Times desapareció los 3 mil años de historia judía en Israel, reduciéndola a menos de 100 años.

En mayo de este año, tras el combate entre Israel y Hamás, el NYT publicó las fotos de cerca de 70 niños gazatíes muertos, con el título “Sólo eran niños”. Lo hizo sin constatar la información proveniente de una ONG cercana a Hamás. Hubo varios errores: la foto de un joven militante reivindicado por el grupo terrorista. La foto de una niña fallecida unos años antes. También omitió que el 30% de los cohetes que Hamás lanzó contra Israel estallaron en Gaza matando a numerosas personas, entre estas, varios niños. NYT no mencionó el uso de escudos humanos, el adoctrinamiento y entrenamiento militar a los niños, el uso bélico de la población infantil.

Hace poco se cumplieron 21 años de otra mentira de NYT: la publicación de una foto de un joven ensangrentado junto a un policía israelí furioso, que empuñaba un rolo. La leyenda identificó a la víctima como palestina, pero era Tuvia Grossman, un estudiante judío de Chicago. El oficial israelí lo salvó a él y a dos amigos, de ser linchados por una turba en un barrio árabe de Jerusalén.

El NYT prosigue con una cobertura parcializada de Israel y el mundo judío. Es obvio su sesgo a través de calumnias estereotipadas, información no confirmada, fuentes interesadas y distorsión de los hechos. Los editores del NYT están usufructuando el buen nombre logrado dos siglos atrás y abusan de la confianza del público.

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