Recordando a Claude Lanzman

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Henry Weich

Hace unos días falleció el documentarista francés Claude Lanzman, realizador del monumental documental “Shoah”, que sin duda significó un antes y un después respecto a películas sobre el holocausto.

Él mismo describió a su creación como épica con toda razón, una película de nueve horas y media que cambió completamente el discurso cinematográfico que se mantenía hasta entonces sobre la relación entre el cine y la memoria de ese fenómeno único en los anales de la historia.

Otra película fue “El último de los justos” que se focalizaba en el individuo, la figura debatible de Benjamin Mormelstein, el último de los jefes de Judenrath del Gueto de Teresienstadt, el único que sobrevivió a ese gueto modelo como querían presentarlo los nazis.

Uno de los primeros en hacer un film, si bien corto, fue Alain Resnais que por primera vez filmó los campos de exterminio en 1956, “Noche y neblina” pero pese a su importancia histórica Tenía sus problemas porque la palabra judío no aparecía en ningún lado. Hubo hasta películas de ficción recientes como por ejemplo el de la “Lista de Spielberg” que no tienen mucho valor como cine porque están hechas a la manera de Hollywood pero no puede negarse la consecuente difusión del tema.

Pero lo que pasa con Shoah de 1985 es que no se puede hablar de historia y cultura como se hablaba hasta entonces. Uno de los grandes aciertos de Lanzman, un cineasta e intelectual, es su negativa a usar películas de archivo.

Lo principal entre tantas cosas principales, recordar y no olvidar, a todo lo largo de este impresionante documento y lo largo es absolutamente necesario, se va creando un cuadro de lo que ocurrió, los hombres y las mujeres en el camino.

Lanzman insiste mucho en la precisión con sus preguntas, en los detalles, en cómo se salía de los trenes, donde estaban parados los guardias, qué hacían, las distancias, como reviviendo las situaciones y así es cómo se puede apreciar esa decisión deliberada de quedar en el ahora que así le da vida propia al entonces.

Lanzman era como decía, un intelectual con relaciones íntimas con Sartre y especialmente De Beauvoir y todo el equipo de “Tiempos Modernos”.

Shoah es un film único y no me canso de repetirlo porque esa mirada analítica necesaria para comprender el horror y todo lo que lleva aparejado, la colaboración de tanta gente, no necesariamente sudistas que de todos modos son una mayoría, para llevar a cabo la empresa del exterminio del pueblo judío.

Enorme mérito de años de trabajo que revolucionaron el enfoque y crearon una nueva manera de ver ese hasta entonces agujero negro que con su insistencia en los detalles Lanzman hace más comprensible a lo que el entendimiento se negaba obstinadamente a particularizar.

Con esa obra sola Lanzman pasó merecidamente a la historia del cine y a la historia en general. Decir de este film recomendado, es poco, poquísimo.

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