La profesora que ve las cosas a través de un cristal color rosa

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La profesora de química, Renata Reisfeld, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, cuando era niña en Siberia. Fue tomada como rehén en Entebbe en 1976, publicó 532 artículos científicos y cuatro libros y viajó desde Alaska a Tasmania.
En la actualidad continúa dictando conferencias y espera poder comercializar sus invenciones que incluyen un cristal de color rosa que genera energía, panel para las ventas e invernaderos hechos de un nano material que permite el crecimiento de las plantas y genera energía solar.
Reisfeld fue honrada en la revista “La Luminescence” por veinte distinguidos colegas de alrededor del mundo en honor a los 45 años de contribuciones sobresalientes en el campo de vidrios inorgánicos luminiscentes, en otras palabras, a las propiedades ópticas del vidrio.
Las células solares, explicó, son prohibitivamente caras. El vidrio transparente fluorescente (los rojos son más eficientes en la absorción de energía solar) puede concentrar la luz solar entrante en los bordes del panel. Por lo tanto, las células solares solo deben colocarse alrededor de los bordes para convertir la luz en electricidad.
“De esta manera necesito muchas menos células”, dice la profesora. “Parece muy simple, pero requirió mucho tiempo para desarrollarse y necesitó de conocimientos en ciencias del vidrio, fluorescencia y nanotecnología”.
La invención de Reisfeld está lista para la producción y ella está buscando activamente socios de comercialización e inversores para que eso suceda justo en Jerusalén.
La profesora Renata Reisfeld nació en Polonia, creció con sus abuelos dado que su madre falleció poco después de su nacimiento.
La familia huyó de la Polonia ocupada por los nazis para dirigirse a Siberia. Renata no tuvo muchas oportunidades para la educación formal, pero siempre quiso ser científica. Leí un libro sobre Marie Curie y esa fue mi inspiración”, comenta. Antes de emigrar a Israel en 1950 con su abuela, después de la muerte de su abuelo, se comprometió con el artista comercial Eliezer Reisfeld.
En ese momento, solo la Universidad Hebrea y el Instituto de Tecnología Technion-Israel en Haifa tenían departamentos de química. Queriendo vivir en Jerusalén, Reisfeld compitió por uno de los 23 espacios disponibles en la Universidad Hebrea y a pesar de haber venido a Israel sin saber ni hebreo ni inglés, fue la primera en terminar el examen de ingreso. ■

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