¿Cómo interpretar la tendencia derechista en la opinión pública?

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Benito Roitman

El Instituto Israelí para la Democracia, una organización no gubernamental sin fines de lucro fundada en 1991 y cuyos propósitos son los de formular políticas e iniciar reformas para reforzar los valores democráticos en Israel, viene publicando mensualmente, desde hace varios años, el llamado Índice de Paz, construido a través de encuestas representativas y que incluye, en cada oportunidad, diferentes preguntas vinculadas con temas de actualidad. Pero en ese Índice se mantienen constantes a lo largo de los últimos años un par de preguntas: una de ellas se refiere a la aceptación o no de que haya negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina: la otra inquiere si se cree o no de que negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestinas conducirían a la paz entre israelíes y palestinos en los próximos años.

El seguimiento de las respuestas a estas preguntas durante el período que va del año 2010 hasta el presente muestra un endurecimiento en la actitud de la población judía en Israel. En agosto de 2010, 72.1% de la muestra aceptaba la idea de negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina. Ese porcentaje se mantuvo relativamente estable hasta mediados del 2013. En enero de ese año todavía un 71,5% aceptaba esa idea, pero ya a comienzos del 2014 ese porcentaje descendió al 61,4%, cayendo aún más a partir de julio de ese año (55,6%) y se ha mantenido en esos niveles hasta el presente (en este último mes de julio se situó en 58,7%).

Algo similar -aunque en otros niveles-  ha venido ocurriendo con la reacción a la pregunta sobre la creencia o no de que negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina llevarían a la paz en los próximos años.  A mediados de 2010 el 32.2% de la población judía creía en esa posibilidad, y ese nivel de aceptación se mantuvo hasta comienzos de 2013. Pero esa posición fue perdiendo peso y se sitúa actualmente en el orden del 20%.

Obviamente, constatar en un Índice de Paz que la esperanza de que ésta se llegue a alcanzar es compartida por sólo un 30% de la población no es demasiado reconfortante (y ni que hablar cuando ese porcentaje desciende al 20%). Tampoco resulta muy halagador que en unos pocos años, la mera aceptación de negociaciones con la Autoridad Palestina haya descendido en un 25% en la población judía.

Pero vale pena reflexionar un poco sobre las probables causas de esos valores y de esas tendencias, así como especular sobre posibles procesos alternativos. Y estas reflexiones parecen especialmente adecuadas en un momento en que en la escena política en general y al interior de la coalición de gobierno en particular (esta coalición que no oculta sino que por el contrario hace gala de sus posiciones de derecha), se intercambian gritos y acusaciones de izquierdismo entre las distintas fracciones que la componen (con el consiguiente mensaje subliminal de que izquierda y diablo son sinónimos)[i].

El motivo -o pretexto- de esos gritos y acusaciones se centra, en esta ocasión, en la lucha por el dominio de los medios de comunicación, en los cuales se constataría (¡cuando no!) una muy fuerte infiltración de izquierda y por ende, una alta capacidad para influir sobre la opinión pública en contra de las posiciones de este gobierno. Y sin embargo, las tendencias reales muestran por el contrario una fuerte tendencia a la derechización de la opinión pública judía en Israel,  como lo ejemplifica en este caso la evolución de los resultados de las encuestas del Índice de Paz arriba presentados.

Una posible interpretación de lo anterior es que o bien el mensaje “izquierdista” de los medios de comunicación es incapaz de influir demasiado sobre la opinión pública, o bien la existencia de ese mensaje -más bien la intensidad y difusión del mismo- es en gran medida una especie de hombre de paja creado por las propias autoridades, con un doble propósito: por un lado, poder desacreditar el contenido de ese mensaje con sólo asociarlo con un término derogatorio como la palabra “izquierda” en el actual escenario político israelí; por el otro, recalcar la presencia de libertad de expresión en la sociedad israelí: libertad de expresión en la prensa oral, visual y escrita.

En todo caso, lo que parece ser real es que en el panorama corriente predomina una actitud poblacional favorable -sea activa, sea pasivamente- a las políticas del gobierno asociadas al mantenimiento del estatus quo en relación con los territorios ocupados y la relación con los palestinos (véase a ese respecto la nota de pie de página, referida al significado de izquierdas y derechas en Israel).

Pero ese panorama es más complicado de lo que aparece a simple vista, y ejemplos de ello pueden tomarse de la misma multicitada encuesta del Índice de Paz.  En septiembre del 2014 se preguntó a los encuestados en qué medida estaban satisfechos o insatisfechos con la conducta del Gobierno en los siguientes temas: Seguridad, Economía y Atención a la Ciudadanía. Pues bien; mientras que sólo una minoría (37%) se declaró insatisfecha en materia de seguridad,  69.4% y 66%  reconocieron estar insatisfechos en Economía y en Atención a la Ciudadanía, respectivamente. Y a ello cabe agregar que en repetidas oportunidades -y a lo largo de esa misma Encuesta- la población ha manifestado que su preocupación principal (y también la que ocupa el segundo lugar en las preocupaciones) es la persistencia de las brechas socioeconómicas en su seno; las negociaciones con los palestinos, por ejemplo, ocupan un lejano tercer o cuarto lugar en sus preocupaciones. Pese a lo anterior, las elecciones siguen dando el triunfo a la derecha.

Es cierto. Resulta difícil y sobre todo arriesgado pretender establecer generalizaciones sobre la conducta de una sociedad y sobre el orden de sus preferencias, y esto se hace más evidente cuando se cuenta para ello con elementos parciales, además del reconocimiento de que acontecimientos externos -en una región tan volátil como el Medio Oriente- pueden influir y hacer oscilar, aunque más no sea que temporalmente, las prioridades y preocupaciones principales.

Pero con todo no puedo dejar de pensar -quizás sólo como una expresión de deseos, aunque espero que sea más que eso- que  esta sociedad, así como se manifiesta hoy mayoritariamente por el mantenimiento del estatus quo político, está generando internamente de alguna manera un rechazo hacia los excesos de una retórica fundamentalista y hacia una conducción y un liderazgo cuyo único objetivo es continuar disfrutando del poder. La elaboración de ese rechazo no se manifiesta necesariamente en actos inmediatos; como lo muestran las manifestaciones de 2011, que aún no han logrado reproducirse, se trata de un proceso que requiere tiempo y cuya concreción se manifieste quizás a través de una nueva generación, que retome su conducción.

Dicen que no hay mal que dure cien años. Hay quienes agregan… ni cuerpo que lo resista. Prefiero obviar ese agregado y creer que, efectivamente, el cambio es posible.

 

[i] En una nota anterior en Aurora, fechada en enero de 2011, señalaba ya que ” la distinción entre izquierdas y derechas, presente al menos en Europa y en América, continúa representando concepciones de mundo diferentes que afectan las políticas sociales y  el funcionamiento de la economía, aún cuando el capitalismo sea el sistema económico vigente en todos los regímenes democráticos (y también en muchos que no lo son). Pero en Israel esa distinción entre derechas e izquierdas tiene desde hace tiempo muy poca relación con temas sociales o económicos, si es que tiene alguna; se trata más bien, como es sabido, de calificar actitudes, opiniones y acciones asociadas al conflicto israelí-palestino y a las posiciones respectivas sobre las formas y las condiciones para  alcanzar un fin al conflicto. Está demás decir que esa calificación ha ido cambiando en el tiempo, aunque no necesariamente para mejor; de hecho, las recientes iniciativas para investigar a una serie de organizaciones no gubernamentales llamadas de “izquierda” recuerdan cada vez más a manipulaciones de corte maccarthista.”

 

1 Comentario

  1. Lo de “corte maccarthista” que se le escapó al columnista al final del artículo es una maligna invención suya proveniente de la más pura cepa bolchevique.
    Hay efectivamente en Israel organizaciones anti-israelíes de tipo “ONG izquierdista” que, en su afán de socavar al gobierno actual del país, son tan imbéciles como para socavar el árbol sobre cuya rama están sentados.
    Visto que ésas ONGs y organizaciones afines no tienen nada que ocultar, es imperioso y relevante preguntarse por qué diablos su control financiero y la transparencia debida sobre el origen de los fondos donados, le molesta tanto al columnista…
    La izquierda israelí de hace tiempo, idealista y patriota, se esfumó con el paso del tiempo.
    Su lugar lo ocupa hoy una agresiva camarilla de resentidos sedientos de poder, y dispuestos hacer lo imposible por obtenerlo. Incluso, lo que hizo Shimshon haGuibor en Gaza, “tamut nafshi im plishtim”….
    A nosotros, los ciudadanos de a pié, ellos ni nos interesan ni nos representan.
    Nosotros apoyamos a Bibi, y por eso él está donde está y continuará por mucho tiempo aún, con la bendición de Di-os y de la nación, “disfrutando del poder”, como dice con pesar y no sin cierta envidia el mismo columnista Roitman que, dicho sea de paso, tiene el apellido muy bien puesto.

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