Borges, la política y el dogma

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El escritor argentino y su fobia al totalitarismo

Dra. Bejla Rubin
Sabemos que el escritor argentino Jorge Luis Borges fue un acérrimo opositor al régimen peronista, su política y sus secuaces, cuyos efectos los vemos salpicar hasta el presente luego de 70 años de la creación de ese movimiento populachero de manos del militar Juan Domingo Perón.
Todo nuevo político que quiera llegar a dominar a las masas debe llenarse la boca con ese adjetivo: ser peronista, disfrazado con un barniz de izquierdoso y con un discurso demagógico, o sea, populachero, entregar subsidios a troche y moche, regalar el famoso pan dulce de navidad, incentivar al ocio y banalizar la cultura dado que a un pueblo inculto se lo puede manipular a sus anchas y venderle espejitos de colores. De esta manera es como el ministro de propaganda del nazismo Dr. Joseph Goebbels solía exclamar: “háblenme de cultura y saco un arma”, modelo que luego habrán de adoptar todos los regímenes totalitarios. Justamente Borges se encuentra en las antípodas de este modelo, ferviente admirador de la cultura, no solamente la nacional, sino de todos aquellos escritores que supieron donarle algo a su extrema sensibilidad.
Volviendo a los políticos los cuales Borges no adhería, todos estos métodos no fueron inventados ni por Perón ni por los nuevos líderes totalitarios de hoy en día, sino que fueron importados de la Europa nazi y fascista donde los disidentes eran perseguidos por la GESTAPO, encarcelados y de última enviados a las cámaras de gas.
El entusiasmo de Borges por la caída del gobierno peronista con Isabelita como presidente de manos de los militares en año 1976 lo tomó con júbilo pensando de forma ingenua que éstos eran caballeros nobles al igual que sus antepasados militares defensores de la patria y que serían cual la caballería montada al rescate de los indefensos como se ve en las películas americanas.
Tarde descubre acerca del embauque y sus operativos de masacre y oscurantismo, se retracta de su error, igualmente y a pesar de ello le vale no ser ganador del Premio Nobel de Literatura, que bien merecido tenía por su valioso aporte a las letras de habla castellana.
Borges al que este año se homenajea por sus treinta años de ausencia, se ahorró el tener que ser testigo de todos lo años que le han sobrevivido con actos de corrupción, impunidad y persecuciones a la verdad que ha sufrido este país. Se han cometido asesinatos para acallar a los que investigaban los derroteros deshonestos de sus gobernantes que les valió la vida a los mártires de la Embajada de Israel en 1992 y luego a las 85 víctimas con la explosión de la sede judía de la AMIA en 1994, 21 años de impunidad y de silencio. También le costó la vida al fiscal Alberto Nisman y al periodista Juan Castro entre los que sabemos
Ponemos el acento en el concepto de dogma pues éste asume la forma metafórica del mito amén de que se potencia con elementos estéticos que lo enaltecen y que provienen del romanticismo alemán. El dogma exaltado lleva por ende al sujeto a confines desconocidos, ilimitados por su efecto enceguecedor y de máxima idealización acorde a la psicología de las masas que empujan al ser a lo más irracional de si y a una entrega ilimitada por amor a su líder. Lo vimos realizar durante el nazismo, lo vemos repetir hoy en día con la entrega desmedida de los que sacrifican sus vidas por un ideal fundamentalista.

Burgués no es una mala palabra
Hay un gran prejuicio en cuanto a la palabra burgués. Ser burgués no es mala palabra, viene de burgo que quiere decir ciudad, son aquellos individuos que hacen a la bisagra entre el campo y la aristocracia, surgen de la Revolución Francesa, cuyos hijos apostaron al saber universitario y a la formación profesional, y no debemos olvidar que Kart Marx, abogado alemán, judío converso al catolicismo, perteneció a una familia burguesa y desde esa posición escribió Das Kapital. Con estómago vacío no se puede pensar ni crear ni ser abstractos, así que son los injuriados con la palabra de “gorilas” los que han escrito y puesto letra a las necesidades de los obreros y peones, así que no llenarse tan rápidamente la boca con frases huecas y de connotación masiva, por ende, demagógicas como lo es todo efecto de la psicología de las masas, conveniente en su operar para cualquier gobierno de corte demagógico. Tanto Borges como el escritor húngaro Sandor Marái se reconocen como perfectos burgueses, intelectuales, que tuvieron que hacerse de un camino en la vida vía el trabajo y no del usufructo de una herencia familiar acumulada durante muchas generaciones.
Años de corrupción, mentiras del relato y operar demagógico no se corrigen en corto tiempo, habría que hacer como el Moisés bíblico que deambuló 40 años por el desierto para que los que nacieron bajo la esclavitud no entrasen a la tierra prometida porque con una mente sumisa no se puede conquistar un nuevo mundo, debido a ello tomamos las palabras de Borges cuando dice: “Cualquier gobierno que suceda a las posibles elecciones de octubre será, de hecho un temeroso cómplice del régimen actual, como el paraíso del Islam, vivirá a la sombra de las espadas”. Palabras de un escritor brillante que lee la política desde su saber y recorrido intelectual, o sea, para que haya gobernabilidad democrática primero hay que saldar las deudas acumuladas para que éstas no ensombrezcan el obrar de la democracia y la justicia.

La Medusa como metáfora del engaño político
Borges pone el acento en la mítica Medusa que hipnotiza con su mirada diabólica y estrangula con sus tentáculos dado que por su efecto de fascinación los individuos no supieron leer su obrar mortífero. Metáfora que usa para que él mismo a que no se deje embaucar nunca más por las medusas o el canto de las sirenas como ya le ocurrió con el golpe militar de 1976 y sus lemas mentirosos.
Borges fue un gran defensor del derecho y la justicia, casi hasta un extremo de creer en ella con un cierto grado de ingenuidad. Podemos establecer que cuando ésta no actúa frente a un acto delictivo con todas sus herramientas éste no solamente queda inscripto como un nuevo paradigma de Mal sino lo que es peor, invita a su repetición. Tomamos el caso de Medea en la tragedia de Eurípides que asesina a sus dos hijos como un acto de venganza a su esposo Jasón quien la abandona por otra mujer. Jasón clama a los dioses por venganza y justicia, hecho que no acontece y siendo así es que Medea da a luz a un nuevo hijo fruto de su relación con Egeo.
La ingenuidad entra como un valor depreciado en la actualidad, y al mejor estilo de Pirandelo se aplica en este mundo de la post modernidad en el lema de “el que no es cruel es un imbécil”. Hoy cunde un mundo lleno de actos crueles al igual que en la Alemania del Tercer Reich que padecieron doce años de maltratos y discriminaciones con la excusa de erradicar de Europa a los miembros de una comunidad tildada de inferior, nos referimos al pueblo judío.
Borges apostó a una posición de una cierta “imbecilidad-ingenuidad” y con ella hizo lazos de letra y escritura pues creía en una comunidad de hombres sin fronteras, respetando a sus pares, nuestros hermanos humanos, de lo contrario entramamos en un mundo donde vuelven a triunfar los Caín, asesinos de su hermano , el bueno e “imbécil” de Abel, o triunfan los héroes wagnerianos como Parsifal que tiene la capacidad para imponer dolor y sufrimiento y es aplaudido por ello y aceptado como un valor positivo para la vida. Contra todos estos modelos cruentos, totalitarios y feroces en contra los que luchó Borges con su mejor herramienta que ha sido la pluma y es la que perdura hasta hoy en día a pesar de su partida física, no obstante nos ha legado su espíritu humanitario y de suma sensibilidad.
En su escrito La suma refiere: “en el preciso instante de la muerte descubre que esa vasta algarabía de líneas es la imagen de su cara”. Hoy ya ausente, pensamos que se ha encontrado detrás del espejo, en ese atravesamiento, la imagen de sus líneas ya desdibujadas para hacer con ella un nuevo escrito en el más allá y que tendremos que esperar nuestra hora para poder leer tal sensible transmisión de saber y de amor a la humanidad.
Gracias Borges por haber compartido tu escritura con todos nosotros y que en esa nueva morada puedas disfrutar de tu eterna ingenuidad. ■

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