¿A un paso de la explosión?

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La rabieta de Mahmoud Abbás, con Washington, coronada con sus últimos insultos contra el embajador estadounidense en Israel, David Friedman, pone de relieve la enorme frustración del presidente palestino. Siente que podría pasar a la historia como no sólo como quien ha perdido la Franja de Gaza -a manos de Hamás en 2007- sino también Jerusalén, con la declaración del presidente estadounidense, Donald Trump, y la apertura de la embajada norteamericana en el mes de mayo.
Abbás está convencido que todo ha sido una conspiración estadounidense para destruir el “proyecto nacional palestino”. Desde la conquista de Hamás del enclave de Gaza hasta la “Primavera Árabe”.
El reciente ataque con explosivos, en la Franja, al paso de la caravana que trasladaba al primer ministro, Rami Hamdallah, y al jefe de la Inteligencia General palestina Majed Faraj, cuando se dirigían a inaugurar una planta de tratamiento de aguas servidas, no produjo heridos; pero sonó como una advertencia mafiosa y un reflejo de las graves divisiones dentro de la estructura de poder de Hamás.
Abbás acusó a Hamás por el ataque, destacó que es una prueba del fracaso del intento de reconciliación palestino, mediado por Egipto, y prometió nuevas sanciones para Gaza.
El Gobierno de Jerusalén teme que la tensión entre la Autoridad Palestina y Hamás termine desencadenando un nuevo conflicto con Israel. Hamás decidió canalizar la frustración movilizando masivamente a la población de Gaza -con mujeres, niños y ancianos- hacia la frontera. Una movida que podría ser imitada en los asentamientos de Cisjordania.
El Ejército de Defensa de Israel se dispone a cancelar los descansos de la festividad de Pesaj, la pascua judía, para reforzar las defensas en torno a Gaza y Cisjordania.
Los recientes ataques de “lobos solitarios” en Cisjordania y Jerusalén, y la detonación de cargas explosivas en la frontera con Gaza estarían dando cuenta de un estado de ánimo agitado.
En este sentido, los analistas temen que las próximas festividades judías (Pésaj) y musulmanas (Ramadán) y eventos (Día de la Tierra, “Iom Hatzmaut” [Día de la Independencia], Nakba [“catástrofe” en árabe]), junto a la inauguración de la embajada de EE.UU. en Jerusalén, sirvan como catalizadores para una violencia contenida que estaría bajo la superficie y espera solamente una oportunidad para aflorar.
Pablo Sklarevich

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