22 diciembre, 2020

Una compañía de Israel resuelve el problema del plástico “sucio”

Alkemy reutiliza cerca del 91% de los desechos que no todos saben que son imposibles de reciclar y los convierte en paneles para la construcción. Hay un pequeño y oscuro secreto: el plástico “sucio” no se puede reciclar. ¿Qué significa esto? Que los recipientes de mayonesa y champú o la bolsa de refrigerios que colocaste […]

Plástico «sucio» que solía ser imposible de reciclar. Foto ilustración: Hans Braxmeier vía Pixabay

Alkemy reutiliza cerca del 91% de los desechos que no todos saben que son imposibles de reciclar y los convierte en paneles para la construcción.

Hay un pequeño y oscuro secreto: el plástico “sucio” no se puede reciclar.

¿Qué significa esto? Que los recipientes de mayonesa y champú o la bolsa de refrigerios que colocaste con cuidado en el contenedor para plásticos en tu calle probablemente se dirija al vertedero en lugar de ser reutilizado en algo más amigable para el planeta.
Y lo mismo ocurre con el plástico usado procedente de la agricultura.

Olvídate de las bolsas de plástico del supermercado: no son reciclables en absoluto.

De hecho, a partir de 2015, solo el 9 por ciento del plástico producido en EEUU fue reciclado.

En 2017, el secreto del plástico “sucio” salió a la luz cuando China, que solía tomar la mayoría de los desechos plásticos del mundo, declaró que solo aceptaría plástico “limpio”.
De repente, las ciudades de todo el mundo no tenían a dónde enviar su plástico y algunas incluso comenzaron a retirar contenedores de reciclaje y camionetas.

“El precio de los plásticos se desplomó, al punto de que no vale la pena reciclarlo. Si China no acepta el plástico, no podemos venderlo”, indicó el año pasado Jamie Smith, director general de Green Recycling del Reino Unido, al periódico The Guardian.

El plástico “sucio” finalmente llegó a otras partes de Asia -Indonesia y Vietnam, en particular- pero a menos que se limpie meticulosamente, lo cual no es económicamente viable, en general termina enterrado o quemado.
Esto, claro está, se convirtió en un gran peligro ambiental.

La empresa de reciclaje Alkemy, ubicada en Beit She’an en el noreste de Israel, ha dominado la conversión de plástico “sucio” en láminas utilizadas en la construcción para sellar superficies. Así lo explicó Noah Hershcoviz de la inversora A-Labs, que estuvo ayudando a Alkemy con la marca y la recaudación de fondos.

Un trabajador de la construcción usa láminas de plástico reciclado. Foto cortesía de Alkemy

Hershcoviz añadió que el 70 por ciento de los distribuidores de Israel que venden este tipo de láminas de plástico “usan Alkemy como el producto principal para sus clientes de la construcción”.

Los proyectos incluyen el progresivo número de túneles de carreteras así como estadios e instalaciones militares.

“Cuando se usa un producto sellador, se busca el mejor que existe. Nadie quiere que haya filtraciones de agua o rupturas por raíces. Por ello, cumplimos con todos los estándares del negocio de la construcción moderna”, afirmó Hershcoviz.

Un mercado multimillonario

El mercado potencial de Alkemy es grande: la consultora Allied Market Research estimó que el sector global de plásticos de construcción tendrá un valor de 105 mil millones de dólares en 2025 mientras que otras fuentes elevan la cifra a 128 mil millones para 2026.

Planta de Alkemy en Beit She’an al noreste de Israel. Foto cortesía de Alkemy

El sistema de  Alkemy agrupa varias máquinas industriales estándar listas para usar que, cuando se usan de acuerdo con la metodología de la compañía, calientan -sin quemar- el plástico sucio para “normalizar” su textura y forma antes de convertirlo en un producto listo.

De ese modo, no es necesario enviar el plástico en bruto a una instalación para clasificar, a otra para limpiar y a una tercera para darle forma al producto final.

Con su tecnología y modelo comercial ahora probado en Israel, Alkemy apunta a cotizar en la Bolsa de Valores de Toronto a principios de 2021.
La compañía ya recaudó cerca de 13 millones de dólares, incluidos unos diez millones de sus fundadores.

Antes de unirse a Alkemy, Shmulik Porre, director ejecutivo de la compañía, fue director general de la filial rumana de Tnuva y también de Tambour, el fabricante líder de productos químicos y pinturas en Israel.
Por su parte, presidente de la junta, Yoav Horowitz, dirigió antes la oficina del primer ministro en Israel. Otro ejecutivo de Alkemy, Lenny Recanati, es miembro de la participación mayoritaria de BID Holding, que en un momento fue la compañía de inversiones más grande de Israel.

Empresas conjuntas en Europa

Fundada en 2016, Alkemy está en proceso de cambio de marca. Hoy, su nombre oficial sigue siendo K.B. Recycling.

Sus productos selladores de plástico listos para la construcción (nombrados Armadillo, Rhino, Cricket y Elephant) son, en palabras de  Hershcoviz, “solo la punta del iceberg”.

A través de asociaciones, Alkemy apunta a producir soluciones más sofisticadas como un contenedor de basura de plástico reciclado completo que incluya ruedas y bisagras, y personalizado para las necesidades individuales del mercado.

El plástico de Alkemy puede ser usado para cualquier tipo de producto excepto aquellos en los que se requiere un 100 por ciento de pureza (no se permiten envases de alimentos ni biberones).

En la actualidad, la compañía que emplea a 30 personas y busca expandirse primero a Europa.
En esa línea, la Unión Europea estableció un objetivo para 2025 que pide que el 60 por ciento del plástico se recicle y que los residuos reciclables se prohíban en los vertederos.
Así, soluciones como las de Alkemy no solo son buenas para el planeta sino también para los negocios.

De hecho, dos empresas conjuntas que se están desarrollando incluyen socios comerciales de reciclaje en Francia y Alemania. Alkemy asegura que su solución ideal será instalar plantas en vertederos.

Noah Hershcoviz, ejecutivo de la inversora A-Labs. Foto cortesía de A-Labs

“Alkemy halló una manera de hacer económicamente viable el reciclaje de plástico ‘sucio’ por lo que no hay excusas para la adición continua de plástico que contamina nuestro planeta”, manifestó Hershcoviz.

Parte de la razón por la que el sistema de Alkemy tiene sentido financiero es que los desechos enviados a un vertedero están sujetos a una “tarifa de descarga”, un impuesto sobre la eliminación.
Al enviar los mismos residuos plásticos a un sistema Alkemy es posible renunciar a la tarifa extra y compartir los ingresos del producto plástico resultante.

“A-Labs construyó su negocio de consultoría trabajando solo con nuevas empresas israelíes que pueden transformar el ecosistema”, enfatizó Hershcoviz.
Un ejemplo es Else Nutrition que desarrolló una fórmula infantil vegana orgánica a base de trigo sarraceno, tapioca y almendras.

Pero es Alkemy la que puede tener el mayor impacto global ya que apunta a un mercado mayormente intacto debido a que los sistemas de reciclaje de plástico actuales funcionan principalmente con plástico limpio “virgen”.
Y a medida que entren en vigor regulaciones ambientales más estrictas, la verdadera alquimia de Alkemy podrá estar a la vuelta de la esquina.

Más información aquí y aquí.

Fuente: ISRAEL21c

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