La historia de los judíos en Polonia

Mapa de las expulsiones de judíos en Europa entre 1100 y 1600. Polonia fue uno de los mayores receptores de expulsados judíos - Foto: Ecelan - Wikipedia - CC BY-SA 4.0

Acabó dramáticamente con la aniquilación prácticamente de la totalidad de la comunidad en el siglo XX durante la ocupación nazi de Polonia y el Holocausto.

Desde la fundación del Reino de Polonia en el año 1025 y hasta la Unión polaco-lituana en el año 1569, Polonia fue uno de los países más tolerantes de Europa convirtiéndose en el hogar de una de las comunidades judías más grandes y vibrantes del mundo. Para los historiadores de la época Polonia se había convertido en algo similar a un “Paraíso Judío”.

El establecimiento de la unión polaco-lituana debido a una serie de invasiones extranjeras y de cambios culturales, como la reforma protestante y el posterior Concilio de Trento, provocaron que la tolerancia religiosa, que era tradicional en Polonia, empezara a mermar desde el siglo XVII.

Después de la Partición de Polonia en 1795 y la desaparición del país como estado soberano, los judíos fueron víctimas de leyes antisemitas ante todo a causa del creciente antisemitismo del Imperio ruso, pero también del Imperio Habsburgo y del Prusiano. Cuando Polonia recobró su independencia, poco antes de la segunda guerra mundial, en el país habitaban algo más de tres millones de judíos, que formaban una de las comunidades más importantes del mundo.

Aproximadamente el 90% de los judíos polacos fueron asesinados por los nazis durante el Holocausto. La actitud de los polacos no judíos abarcó un amplio abanico de posiciones: hubo colaboracionistas con los nazis, aunque las masacres (como en el pogromo de Jedwabne) fueron provocadas por los alemanes en principio. Hubo también muchos casos heroicos en los que polacos cristianos ayudaron a esconder a sus vecinos judíos. Después de la guerra estas personas fueron nombradas por Israel como “Justos entre las naciones”. De todas maneras, la mayoría de los polacos solamente veía a los judíos como competidores por los recursos económicos del país y los odiaba en tanto que no eran católicos.

Durante la posguerra, gran parte de los aproximadamente entre 180.000 y 240.000 supervivientes emigraron desde la Polonia comunista hacia el recién creado Estado de Israel, Estados Unidos y Sudamérica. Su partida venía precedida de la hostilidad del partido comunista hacia la religión y la propiedad privada. Muchos de los judíos que se habían quedado en Polonia emigraron a finales de los años 60 como resultado de varias campañas soviéticas antisemitas. Después de la caída del régimen comunista en Polonia en 1989, la situación de la comunidad judía del país se ha ido normalizando, y los judíos que eran ciudadanos polacos antes de la Segunda Guerra Mundial, junto con sus descendientes, pueden recuperar la ciudadanía.

La comunidad judía actual de Polonia se estima entre 8.000 y 12.000 personas, concentrados sobre todo en Varsovia, aunque el número actual de judíos, incluyendo aquellos que no están vinculados al judaísmo o a la cultura judía pero que son judíos según las leyes rabínicas, podría ser varias veces mayor.

De la historia temprana a la edad de oro: 966–1572

Historia temprana: 966–1385

Los primeros judíos llegaron a la actual Polonia en el siglo x viajando por las rutas comerciales del este. Los comerciantes judíos de la época (conocidos como Radhanitas) también cruzaron la región de Silesia. Uno de ellos, un mercader y diplomático de la ciudad española de Tortosa, conocido por su nombre árabe “Ibrahim ibn Ya’qub” fue el primer cronista que mencionó al estado polaco durante el reinado del Príncipe Miecislao I. La primera mención a los judíos que hicieron los cronistas polacos data del siglo xi. En esta crónica se lee que los judíos estaban viviendo en Gniezno, la capital del reino polaco en la época de la Dinastía Piast. La primera comunidad permanente la menciona en el año 1085 un erudito judío llamado “Yehuda ha-Kohen”; según él esta comunidad estaba en la ciudad de Przemyśl (aunque esta ciudad estaba en Rutenia y no pertenecía a Polonia en aquella época).

Monedas polacas de la Alta Edad Media con inscripciones en hebreo.
Foto: Wikipedia – Dominio Público

La primera gran emigración judía desde el oeste de Europa a Polonia se desarrolló durante la época de la primera cruzada, en año 1098, y durante el reinado de Boleslao III de Polonia. Los judíos animados por el régimen tolerante de este mandatario se asentaron por toda Polonia, incluyendo las fronteras con Lituania. Al mismo tiempo Polonia recibía inmigrantes Jázaros, una tribu turca que se había convertido al judaísmo. El rey, por su parte, reconoció pronto la utilidad de los judíos para el desarrollo de los intereses comerciales de su país.

Los judíos llegaron para formar la columna vertebral del sistema económico polaco. Tanto fue así que incluso las monedas acuñadas durante el reinado de Miecislao III el Viejo llevaban grabados caracteres hebreos. Los judíos gozaron de una gran paz y prosperidad en gran parte de los territorios en los que estaba dividido el país. Los judíos formaron la clase media en un país donde la población consistía en una minoría de grandes latifundistas, la única nobleza polaca denominada «Szlachta», y el campesinado. De esta forma los judíos se volvieron fundamentales para el desarrollo de la economía y el comercio del país.

Esta situación de tolerancia inicial fue alterada gradualmente por la Iglesia católica, por un lado, y por los Estados alemanes vecinos, por otro. No obstante, había entre los príncipes polacos algunos que protegían a la población judía porque consideraban su presencia imprescindible para el desarrollo económico que el país estaba viviendo. Entre estos gobernantes destacó “Boleslao V el Casto”, príncipe de la gran Polonia, que con el apoyo de los representantes de las clases sociales y una serie de altos oficiales del ejército polaco proclamó el “Estatuto de Kalisz” que garantizaba a todos los judíos la libertad de elección de trabajo, comercio y movimiento. Así, durante el siguiente siglo la Iglesia católica se dedicaría a impulsar la persecución de los judíos, mientras que los reyes de Polonia normalmente los protegían.

En 1334 Casimiro III de Polonia, o Casimiro el Grande, amplió los derechos de todos los polacos y de los judíos en particular por medio del “Estatuto de Wislicki”. Casimiro fue un gobernante especialmente tolerante con los judíos polacos y su reinado se recuerda como una era de gran prosperidad para la judería polaca. De hecho, fue apodado por sus contemporáneos “Rey de los siervos y de los judíos”. Sin embargo, mientras en gran parte del reino de Casimiro los judíos polacos disfrutaban de una gran tranquilidad, en algunos lugares cercanos a la frontera con Alemania fueron víctimas de persecución por culpa de la Peste Negra, de la que se les culpaba. Hubo masacres en Kalisz, Cracovia, Głogów y otras ciudades fronterizas, y se estima que unos 10.000 judíos fueron asesinados. Aun así, estos asesinatos comparados con las despiadadas matanzas de judíos del occidente europeo fueron nimios. Los judíos polacos, en proporción a su número, no sufrieron demasiado, y enormes masas de judíos alemanes emigraron hacia las tierras más hospitalarias de Polonia.

La temprana era Jagiellon: 1385–1505

Como resultado del matrimonio entre Vladislao II de Polonia con Eduviges I de Polonia, hija del rey Luis I de Hungría, Lituania se unió con el reino de Polonia. A pesar de que en 1338 durante el reinado de Ladislao II los derechos de los judíos polacos fueron ampliados a los judíos de Lituania, estando él en el poder (y después reinando sus sucesores) comenzaron las primeras persecuciones contra los judíos en Polonia, mientras que el rey no hacía nada para evitarlo. Hubo un gran número de libelos y disturbios violentos contra los judíos y la persecución “oficial” se incrementó gradualmente, sobre todo debido a la intolerancia del clero católico.

Casimiro IV Jagellón confirmó y amplió los fueros judíos en la segunda mitad del siglo XV.
Foto: Wikipedia – Dominio Público.

El empeoramiento de la situación de los judíos se detuvo durante un tiempo en época de Casimiro IV Jagellón, que reinó desde 1447 hasta 1492, pero para aumentar su poder tardó muy poco tiempo en promulgar el Estatuto de Nieszawa.

Entre otras cosas, el estatuto sirvió para abolir los antiguos privilegios de los judíos, ya que éstos eran “contrarios al derecho divino y a las leyes del país”.

La política del reino hacia los judíos no fue más tolerante durante los reinados de los sucesores de Casimiro: Juan I Alberto de Polonia, que reinó desde 1492 hasta 1501, y Alejandro I Jagellón, que reinó desde 1501 hasta 1506 y que había expulsado a los judíos del Gran Ducado de Lituania (previamente había sido el Gran Duque de Lituania) en 1495.

El centro del mundo judío: 1505–1572

Alejandro I cambió de punto de vista en 1503, un poco después de que los judíos fueran expulsados de España en 1492 y también de Austria, Bohemia y Alemania, pasando a promover la inmigración judía hacia una Polonia mucho más tolerante. De esta manera Polonia pasó a ser un refugio seguro para los exiliados del oeste de Europa, y el incremento resultante de la comunidad judía del país convirtió a Polonia en el centro cultural y espiritual del Pueblo Judío.

La etapa más próspera para la judería polaca comenzó siguiendo estas nuevas migraciones de judíos durante el reinado de Segismundo I (de 1506 a 1548) que protegió a los judíos en sus dominios. Su hijo Segismundo II de Polonia, que reinó desde 1548 hasta 1572, mantuvo la política de tolerancia religiosa que su padre había seguido y también garantizó a los judíos la libre disposición de sus bienes comunales, permitiendo además la creación de un órgano autónomo de la comunidad judía, denominado Kahal. Este periodo originó la creación de un dicho que aseguraba que Polonia era “El paraíso de los judíos”.

Foto: Wikipedia

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