Israel y Marruecos, más allá de una simple normalización diplomática

La relación entre Rabat y Jerusalén podría convertirse en una "asociación estratégica" que cambie los equilibros en la región

El jefe del Estado Mayor Aviv Kohavi durante su visita a Rabat Foto: Portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel

Marruecos e Israel han acelerado en los últimos meses su cooperación en los ámbitos de economía, defensa y seguridad a un ritmo que va más allá de «una simple normalización diplomática» y podría convertir su relación en una «asociación estratégica» que cambie los equilibrios en la región.

Tras retomar relaciones en diciembre de 2020 en un acuerdo a tres bandas con EE.UU. que incluía el reconocimiento por parte del expresidente Donald Trump de la soberanía marroquí en el Sahara Occcidental, las visitas a Marruecos de ministros y altos cargos israelíes son constantes.

Como muestra de esta dinámica, el jefe de la policía israelí, Yaakov Shabtai, concluye este viernes una visita de cinco días a Marruecos, con la que se cumplen tres semanas seguidas de viajes de responsables israelíes a Rabat, tras los del jefe del Estado Mayor israelí y los ministros de Justicia y de Cooperación Regional.

«Estamos muy satisfechos por el impulso de la cooperación con Marruecos desde el establecimiento de las relaciones pacíficas hace menos de dos años», explica el director para Egipto y Magreb del Ministerio israelí de Exteriores, Lior Ben Dor.

Las dos partes, agrega, «están decididas a desarrollar relaciones económicas en los sectores de la tecnología, la agricultura, la industria y el turismo».

MÁS ALLÁ DE UNA SIMPLE NORMALIZACIÓN

Para el director del International Crisis Group para el Norte de África, Riccardo Fabiani, aunque es demasiado pronto para hablar de una asociación estratégica entre Marruecos e Israel, los dos países «han ido más allá de una simple normalización diplomática».

Marruecos, sostiene, está interesado en desarrollar sus relaciones políticas, económicas y militares con Israel y en acelerar la transferencia de tecnología, para reforzar su superioridad militar frente al Polisario y para protegerse de una posible ofensiva argelina, el país vecino con el que mantiene una crisis desde hace décadas.

En el ámbito económico, durante un viaje en febrero pasado a Rabat de la ministra israelí de Economía e Industria, Orna Barbivay, los dos países rubricaron un acuerdo para aumentar en los próximos cinco años de 131 a 500 millones de dólares el valor anual de intercambios comerciales, enfocados en campos como el agroalimentario, automovilístico o textil.

En marzo, el Ministerio de Industria de Marruecos y la compañía Israel Aerospace Industries (IAI) firmaron un memorando de entendimiento para el desarrollo de la industria aeronáutica y aeroespacial civil en el país magrebí.

Para Israel, invertir en Marruecos significa, según el analista, romper su aislamiento diplomático y apostar a largo plazo por una posible asociación estratégica en el norte de África e incluso por mano de obra barata para su industria.

Prueba de ello es el acuerdo firmado a finales de junio pasado para contratar a trabajadores marroquíes de los sectores de la enfermería y la construcción en Israel.

COOPERACIÓN MILITAR RÁPIDA E INESPERADA

La cooperación militar entre Rabat y Jerusalén ha sido, opina Fabiani, «rápida e inesperada» y Marruecos ya ha comprado varios millones de dólares de armas y tecnología avanzadas producidas en Israel.

Según el analista, Marruecos ya habría comenzado a usar estas armas, especialmente los drones, en las últimas escaramuzas con Polisario en el extremo este del Sáhara Occidental, que estallaron después de que el frente independentista declarara en noviembre de 2020 roto el acuerdo de alto el fuego vigente desde hacía más de tres décadas.

El país magrebí, añade, también ha abierto sus bases a los aviones israelíes y los dos países han comenzado a hablar sobre proyectos industriales militares conjuntos.

En noviembre del año pasado, el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz, firmó en Rabat un memorando de entendimiento con su homólogo marroquí sobre cooperación militar.

Este acuerdo sin precedentes incluye alianzas en materia de inteligencia, industria formación militar, y facilitaría la venta de armas por parte de Israel al país africano.

La de Gantz fue la única visita a Marruecos de un mandatario israelí que se encontró con una pequeña contestación social en un país tradicionalmente propalestino, pero el descontento se limitó a una protesta de unas decenas de personas en Rabat.

«La contribución de seguridad de Israel es potencialmente inmensa y, a largo plazo, podría cambiar los equilibrios militares en la región, especialmente con respecto a la guerra electrónica», opina Fabiani.

En una posición que puede acelerar todavía más los lazos entre los dos Estados, la ministra israelí del Interior, Ayelet Shaked, manifestó el pasado 21 de junio en Rabat que su país apoya la soberanía marroquí sobre el territorio disputado del Sáhara.

Los numerosos viajes de cargos israelíes a Marruecos en los últimos meses no han encontrado contrapartida por parte de Marruecos, que guarda un perfil bajo en estas visitas, de las que informa sobre todo el gobierno israelí.

Esta dinámica se podría romper si se cumple lo que dijo el pasado 28 de julio el Ministerio israelí de Exteriores, cuando anunció que el jefe de la diplomacia marroquí, Naser Burita, visitará Israel el próximo septiembre.

Lo haría con el fin de participar en el segundo aniversario de los Acuerdos de Abraham, auspiciados por Trump y en los que se enmarca la nueva política israelí de acercamiento a los países árabes, entre ellos Marruecos. EFE y Aurora

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