19 marzo, 2019

Hospitales, escuelas y misiles: representantes políticos latinos debaten el futuro electoral israelí en Kfar Saba

Son las ocho de la tarde, y en la sede de la Olei de Kfar Saba  ya no cabe un alfiler. En el lobby, cuatro representantes latinos de partidos israelíes ultiman las condiciones del debate. Ante un público netamente formado por olim (inmigrantes) llegados sobre todo de Suramérica, el debate sobre el futuro político del […]

Son las ocho de la tarde, y en la sede de la Olei de Kfar Saba  ya no cabe un alfiler. En el lobby, cuatro representantes latinos de partidos israelíes ultiman las condiciones del debate. Ante un público netamente formado por olim (inmigrantes) llegados sobre todo de Suramérica, el debate sobre el futuro político del estado judío se desarrolla en castellano. Ningún joven entre los asistentes.

Eitan Ginzburg, ex alcalde de Ra’anana e integrante de la “lista de los generales” Kajol Laván (Azúl y Blanco), tenía ciertas reticencias: dejó Argentina con apenas un año y medio, por lo que tan solo conoce el idioma español por las charlas con su abuela. Aceptó el reto, pero pidiendo ayuda puntual para traducir sus argumentos. Hernán Felman, vicepresidente del Fondo Nacional Judío (KKL) e integrante argentino del Likud mundial, acudía como el único de los cuatro tertulianos nítidamente de derecha.

Silvio Joskowicz, que fue secretario general del movimiento juvenil Habonim Dror y miembro de la ejecutiva del Movimiento Laborista Sionista, vino a defender enérgicamente los postulados de Avodá (Partido Laborista). Gabriela Lasky, de origen mexicano y única representante mujer, vino como aspirante a la Knesset del partido de izquierda Meretz. Abogada de profesión, es conocida por defender en los tribunales a niños palestinos presos en cárceles israelíes, como el caso de la mediática y polémica Ahed Tamimi.

Sentados en línea en una misma mesa, el debate no estaba programado como el clásico toma y daca de las tertulias televisivas. Se acordó dividir la discusión en bloques temáticos, con tiempos medidos por cronómetro, algo que impidió injerencias tanto de contrincantes como de la audiencia.

Esto fue lo que dijeron:

EDUCACIÓN

Ginzburg no solo tenía la barrera lingüística. La novedosa coalición de los ex ramatkalim Benny Gantz, Moshe Ya’alon y Gabi Ashkenazi, junto a Yair Lapid del centrista Yesh Atid, se formó en el último minuto del tiempo reglamentario para presentar las candidaturas. Los críticos con Kajol Laván, que tiene serias aspiraciones de ganar a Netanyahu en las urnas, les achacan ambigüedad  ideológica. Repiten constantemente el eslogan «Israel lifne akol» (Israel por encima de todo). Para el ex alcalde de Ra’anana, el premier israelí “está tratando de cuidar su posición, y se olvidó de la educación. Estoy en escuelas y le digo a los jóvenes que me parece que enseñamos cosas del siglo pasado, aprenden fechas de memoria”.

Eitan Ginzburg, integrante de la lista de «Kajol Laván» para la Knesset. / Foto: Ofer Laszewicki

Para la abogada Lasky, el único objetivo de Netanyahu es salvarse de las imputaciones por diversos casos de corrupción. Al abrir la carpeta educativa, cargó contra la maniobra de Netanyahu para impulsar una alianza de partidos más a la derecha del Likud, que incluye a los herederos del partido Kach del rabino extremista Meir Kahane: “somos una sociedad pluralista, hay cosas que no pueden pasar. Personas que son abiertamente racistas pueden entrar a la Knesset porque necesita salvarse”, apostilló.

Y volvió al pasado para dibujar el futuro: ¿Qué educación queremos? Hasta hace poco, Israel era un paraíso de la educación, y ahora solo puedo decir que el nivel ha estado bajando. Y más importante que el ejército es la seguridad que nos da la buena educación, que Israel pueda seguir siendo una luz entre los pueblos”. Según la representante de Meretz, se sigue estudiando en las aulas lo mismo que cuando ella llegó al país procedente de México. “Necesitamos cambiar el tipo de educación, a una que enseña a los jóvenes a ser críticos, que puedan aprender a preguntar”, aseveró.

Felmán, del Likud, quiso abrir su parlamento destacando la participación de latinos en el juego político de Israel: “por supuesto que yo espero que mi partido sea el que forme gobierno, pero creo importante que los latinos estén activos políticamente”. Pero lanzó un primer dardo, afirmando que “a pesar que represento al 50% de la población, aquí solo tengo el 25% de tiempo para hablar”.

Tras arrancar con un rotundo “el pueblo de Israel, en gran parte, apoya a Netanyahu” y ensalzando los índices de felicidad de los israelíes, que se encuentran en lo más alto del ranking mundial, criticó a sus adversarios por apuntar que “acá escuchamos que todo está mal. En educación hay mucho por hacer, como en otros campos. Pero el gobierno ha aportado mucho al país en estos últimos diez años. Fíjense en las ventajas que tienen en sus vidas, el progreso y florecimiento de la economía”, destacó sin entrar en más detalles.

Público asistente al debate en la sede de Olei en Kfar Saba. / Foto: Ofer Laszewicki

Joskowicz de Avodá inició su turno con palabras solemnes, alegando que se trata de las elecciones más importantes desde el asesinato de Rabin “porque definirá hacia dónde vamos”. Tras reconocer su amistad con Felman, cargó contra el Likud “porque en ningún lado se puede leer su posición sobre educación, como sí presentó Avodá” (mientras aireaba los papeles con el plan de su formación). “Vuestros hijos deben pagar las guarderías, el gobierno no da educación libre y gratuita, ¡pagamos mucha plata!”. Y prometió que si el laborismo participa del próximo ejecutivo, el estado abonará las matrículas de los pequeños de entre 0 y 3 años.

SALUD

Para hablar de salud el debate se puso personal e intenso. Felman cargó contra sus oponentes: “es fácil estar en la oposición y prometer”. Según el likudnik, el gobierno agregó 960 camas a hospitales, y “puede que no sean suficientes, pero son más que las que puso la izquierda en el pasado”. Para solventar el problema de la falta de médicos, defendió la apertura de dos nuevas universidades de medicina, en Tzfat y Ariel: “son la solución para Israel, porque antes tenían que salir al extranjero a estudiar”. También ensalzó que “ya no nos morimos tan rápido”, y aprovechó para cargar contra Meretz por defender “un concepto socialista que fracasó en todo el mundo. Ahora todos defienden el liberalismo”.

Hernán Felman, militante del partido Likud. / Foto: Ofer Laszewicki

Fue la réplica a las críticas de Lasky, quien sacó a relucir que Israel tiene los hospitales “con los índices más bajos de la OCDE, con tres camas para 1.000 habitantes”. Y defendió la sanidad universal: “cuando llegué teníamos medicina social con servicios cubiertos y bajas esperas. Pero se privatizó: ahora podemos pagar y tener mejor servicio. En Meretz creemos que no se puede dar servicio privado en hospital público”, dijo refiriéndose a médicos que hacen horas extra para recibir un sobresueldo. Defiende invertir más, sobretodo en la periferia.

“¡Me dio vergüenza, el pasillo era una habitación más con tubos por el suelo!”, exclamó encolerizado el laborista Joskowicz. Según defendió, las esperas para entrar a urgencias deben ser “de cuatro horas y no de dos días. ¿Los médicos de Tzfat van a solucionar este problema? Hay que aportar menos en seguridad, dar una posibilidad a la paz, para así invertir más en educación y salud”.

Ginzburg contó su reciente experiencia médica con su hija, donde esperó diez horas para que la atendieran. “La pregunta es donde va el dinero, porque el ministerio de salud recibió millones para objetivos políticos. Nuestro plan en los primeros cinco años es invertir 12,5 millones en sanidad”. Además, recordó que “a una hora de aquí la gente vive menos que nosotros –los residentes del centro del país-, hay que construir un hospital más en el norte y otro en el sur”. Y también opinó que “invertimos en algo que debería cubrir el estado”, refiriéndose a las costosas polizas de salud privadas.

DEFENSA Y DIPLOMACIA EXTERIOR

Joskowicz se puso sentimental, recordando su “aliyá ideológica para vivir en un estado judío y democrático”. Y lanzó varias cuestiones a la audiencia: “¿queremos volver a controlar Gaza para oprimir a los palestinos? 2,8 millones de palestinos viven en Cisjordania y Jerusalén Este, ¿Cómo vamos a vivir sin despedirlos y formar un límite para que esto no sea un estado binacional?

Silvio Joskowicz, militante del Avodá (Partido Laborista). / Foto: Ofer Laszewicki

El laborista reiteró la “obligación de separarnos”, alegando que Avodá tiene un programa para terminar la construcción en asentamientos judíos aislados, que describió como “mares dentro de población palestina”. Y esbozó un plan de difícil concreción: una “ley de retorno” para compensar a aquellos colonos que dejen voluntariamente sus casas.

Antes de defender que su partido mantendrá los grandes bloques de colonias –Ariel, Ma’ale Adumim y Gush Etzion- dentro de Israel a cambio de territorios, lanzó otra reflexión: “¿Cuándo rezamos sobre Jerusalén, lo hacemos también pensando en el campo de refugiados de Shuafat o Issawiye? ¿Cuántos de los presentes fueron a comer hummus a Issawiye? ¡Nadie!”. Con ello quiso abrir el debate sobre la idoneidad de mantener toda Jerusalén unida bajo soberanía israelí, o ceder la parte oriental como hipotética capital de un futuro estado palestino.

Tras criticar que “Bibi entregó el Kotel (Muro de las Lamentaciones) a los ultraortodoxos”, el cronómetro frenó su próximo argumento respecto a Gaza. Demasiadas proclamas para tan pocos minutos.

Para Felman, los últimos diez años “fueron los más seguros y con menos pérdidas humanas. Recordamos los momentos duros, pero también lo que logramos gracias a las barreras de defensa, incluida la de los túneles de Gaza”, dijo refiriéndose a la reciente construcción subterránea que anuló casi al completo la operativa de los túneles terroristas de Hamas.

Puso en valor que “hoy tenemos las puertas abiertas gracias a un estadista al frente de Israel”, así como las crecientes relaciones con pesos pesados del mundo árabe sunita, donde actualmente operan hasta oficinas comerciales israelíes. “Nunca los palestinos estuvieron tan aislados del mundo árabe, que siempre encabezó la lucha contra Israel”. Además, el militante del Likud recordó que “paramos el avance iraní”, y que “logramos que Egipto medie entre Israel y Hamás, algo que era impensable en el pasado”.

Desde Kajol Laván, como acostumbran a hacer en sus propagandas electorales, tiraron de cifras: “en 10 años tuvimos 10.036 atentados, 8.968 misiles, 1.444 heridos, 213 civiles muertos. Los niños del sur llevan diez años viviendo bajo las bombas”, recordó Ginzburg sobre los incesantes lanzamientos de proyectiles por parte de Hamás y otros grupos terroristas desde la Franja de Gaza. Y puso en valor que “tenemos a tres ramatkalim que saben cómo manejar la seguridad”.

Alegó que después de la última guerra de Gaza en 2014, “Bibi tenía la opción para negociar sacar las armas de Gaza. Pero solo murieron nuestros soldados sin resultado alguno”. Por ello, la formación de los generales defiende “que con una mano recibirán, y con la otra nos sentaremos a hablar”.

 La izquierdista Lasky enfatizó la “relación rota con la diáspora judía: la mayoría no son ultraortodoxos, pero ya no pueden rezar en el Kotel si pertenecen a las corrientes reformista o conservadora”, dijo sobre la constante polémica que se vive en el último vestigio del lugar más sagrado para el pueblo judío, donde el rabinato ultraortodoxo tiene el control total sobre las normas religiosas y colectivos judíos de otras ramas son habitualmente hostigados.

La abogada Gabi Lasky, del partido izquierdista Meretz. / Foto: Ofer Laszewicki

Luego revisó las “relaciones de Bibi con tiranías que hasta son antisemitas”, y reivindicó que Israel debe tener amistad con países democráticos que históricamente apoyaron al estado judío. Y lanzó otra pregunta incómoda: ¿vendemos armas a Sudan del Sur o Myanmar, para qué? La candidata de Meretz opinó que  “para tener estabilidad en Oriente Medio, necesitamos finalizar la ocupación. Quien piense que será posible la calma sin poner fin al conflicto palestino-israelí está equivocado”.

Según Lasky, “se siguen construyendo viviendas en los asentamientos. En Tel Aviv no puedo comprar mi propio piso, pero en los shtajim (territorios) si, ya que dan incentivos a la gente para moverse allá”, aseguró. Para la abogada, el gobierno está impulsando una “continuidad territorial de las colonias para evitar un estado palestino y crear batustanes”, refiriéndose a las islas urbanas aisladas entre si bajo control de la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania. Y concluyó: “esto puede terminar en un solo estado sin mayoría judía, y si no se les da derechos (a los palestinos) creará un Apartheid”. Para evitarlo, propuso retomar el tratado de paz basado en los postulados de la Liga Árabe.

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