29 noviembre, 2017

Alertan de la deriva antidemocrática del Gobierno de Netanyahu

Propuestas de polémicas leyes, ataques a la Corte Suprema de Justicia, la Policía, la Fiscalía y las ONG apuntan a una deriva antidemocrática del Gobierno encabezado por Biniamín Netanyahu, que empieza a ser criticado incluso desde los sectores de la derecha. «No es que no haya democracia en Israel, pero vamos hacia un país cada vez […]

El primer ministro Biniamín Netanyahu y el fiscal general Avichai Mandelblit Foto: GPO Kobi Gideon

Propuestas de polémicas leyes, ataques a la Corte Suprema de Justicia, la Policía, la Fiscalía y las ONG apuntan a una deriva antidemocrática del Gobierno encabezado por Biniamín Netanyahu, que empieza a ser criticado incluso desde los sectores de la derecha.

«No es que no haya democracia en Israel, pero vamos hacia un país cada vez menos comprometido con la democracia. En el proceso se han dañado libertades básicas, como la de expresión», declaró la analista política Dahlia Scheindlin.

La aprobación preliminar de la denominada «ley de recomendaciones», que impedirá a la Policía hacer públicas las recomendaciones que presenta al concluir una investigación y que se introduce justo cuando Netanyahu está siendo investigado por corrupción, ha hecho saltar de nuevo las alarmas.

«Se está concentrando el poder y la fuerza en la rama ejecutiva, los ministros, el Gobierno, y se les resta independencia a las demás instituciones que pueden ser críticas con aquella», afirma Scheindlin.

Para ella, el camino que están tomando iniciativas gubernamentales y parlamentarias «recuerda a las leyes de Rusia, Egipto o Turquía. Hemos tomado esa dirección y no la de Occidente».

«La ley aprobada en primera lectura es un nuevo paso en la antidemocracia: da miedo de forma extrema. ¡El público no puede saber sobre las investigaciones al primer ministro! ¡No tiene derecho! Es una burla a la transparencia democrática y está cortada a medida para Netanyahu», declara la analista.

La ley, sometida a un proceso legislativo acelerado, impediría incluso a la Policía hacer recomendaciones en los casos que involucren a altos cargos si no lo pide específicamente la Fiscalía. Su aprobación podría llevar a que se celebren elecciones en Israel sin que los votantes sepan que la Policía está pidiendo que se impute a un candidato.

Hace tiempo que los pacifistas y la izquierda acusan al actual Gobierno del primer ministro (del partido Likud) de prácticas antidemocráticas, pero en los últimos tiempos miembros de la derecha, como el propio presidente del país, Reuvén Rivlin (de su mismo partido), se han unido a las críticas.

El pasado septiembre, en un apasionado discurso ante la Knéset (Parlamento), Rivlin acusó a quienes ostentan el poder de deslegitimar y debilitar «a los guardianes de la democracia israelí».

Ex responsables de seguridad y miembros de la derecha en general y del Likud en particular han alzado también sus voces contra el intervencionismo gubernamental en los medios de comunicación, la Corte Suprema y el Ejército, y se extiende una sensación generalizada de que todo ello amenaza seriamente la democracia.

Israel cumplirá en la próxima primavera 70 años y el debate público gira en torno a en qué tipo de país se está convirtiendo y si su democracia podrá sobrevivir.

Jamal Amal, profesor de teoría política en la Universidad de Tel Aviv, ve en la actual coalición de Gobierno «una derecha democrática y otra problemática, formada por los tres partidos religiosos, Hogar Judío (Habait Haiehudí), Israel Nuestro Hogar (Israel Beitenu) y porciones del Likud».

«La derecha problemática no cree en la democracia pero la usa como herramienta para beneficiar a una minoría o por intereses personales, es decir, la democracia como instrumento y no como objetivo», explica.

En septiembre la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, y el de Educación, Naftali Bennett, anunciaron su propuesta de una nueva Ley Fundamental que limite la autoridad de la Corte Suprema para anular leyes.

Otros frentes considerados antidemocráticos son los ataques del Gobierno a los medios de comunicación y su ahínco por perjudicar a organizaciones de derechos humanos o culturales que consideran «antiisraelíes».

En los últimos días muchos israelíes se escandalizaron cuando Netanyahu atacó a la Policía en su página de Facebook acusándola de filtrar detalles de las investigaciones en que está involucrado.

Los continuados esfuerzos de los políticos del Likud para introducir legislación que prohíba que un primer ministro en ejercicio sea investigado por corrupción han llevado al fiscal general del Estado a tildarlos de «absurdos» e «inconcebibles».

«Yo votaba por el Likud, pero ahora me manifiesto cada sábado por la tarde en contra de Bibi (Netanyahu), que está haciendo lo que no ha hecho nadie en este país antes, en plan dictador, cosiendo las leyes a su gusto y para su servicio», dijo Shulamit Berger, profesora de primaria.

La abogada Tzipi Cohen, reflexiona: «¿No decimos con orgullo los israelíes todo el tiempo que somos la única democracia en Oriente Medio?… Pues me temo que por poco tiempo». EFE y Aurora

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