Los judíos mexicanos celebran una Janucá con el recuerdo puesto en los terremotos

0
730
Sinagoga en Justo Sierra Foto: Marrovi Wikimedia CC BY-SA 4.0

Mientras el fervor guadalupano se apodera de Ciudad de México, para la comunidad judía del país es un día de reclusión familiar en el cual reflexionar sobre la fugacidad de la vida, con la reciente experiencia de los terremotos de septiembre marcada en la memoria.

Y es que comienza la festividad de la Janucá, ocho días en que las familias judías de todo el mundo se reúnen al anochecer para encender una de las velas del tradicional candelabro judío de ocho brazos.

“En lugar de maldecir la oscuridad, hay que encender luces y mirar el futuro con optimismo”, explicó el rabino mexicano Leonel Levy, quien señaló que durante la festividad “los hogares son el centro principal”, desplazando así el protagonismo de las sinagogas.

En esta “fiesta de las luces” se conmemora la victoria del levantamiento de los macabeos contra los helenos que impedían el rezo judío en el Templo de Jerusalén en el siglo II antes de Cristo.

Según dicta la tradición, cuando los judíos entraron en el Templo, encontraron un candelabro sagrado de la época de Moisés que estaba apagado, y aunque solo disponían de reservas de aceite para encenderlo durante unas horas, la llama se mantuvo viva ocho días completos.

“Celebramos tanto la libertad frente a los helenos como el milagro del candelabro que se mantuvo encendido durante ocho días”, contó Ricardo Silva, productor de una estación de radio mexicana dirigida a la población judía.

El candelabro debe permanecer encendido cerca de la ventana para “difundir el milagro” en los otros hogares y, mientras la llama siga viva, los miembros de la familia no deben trabajar puesto que es momento para la contemplación.

“Hay que recordar los hechos cotidianos como el trabajo o la salud. Y también que la vida es corta, como vimos recientemente con los sismos, y que cada momento de la vida es un milagro”, añadió Silva.

“Todas las bendiciones que se pronuncian durante la fiesta son un agradecimiento hacia Dios porque la vida es un milagro en sí misma”, comentó a su vez el rabino.

Pero no todo es rezo y contemplación, sino que durante estos días las familias judías también interpretarán canciones populares, darán regalos a sus niños y cenarán de manera abundante comidas fritas, en evocación de las gotas de aceite que encendieron el candelabro.

Aunque la fiesta de la Janucá es similar en todo el mundo, los judíos mexicanos también harán gala de su “mexicanidad” durante estos ocho días de celebraciones.

“Mientras que en Europa hace más frío y la gente se queda en sus casas, aquí somos más fiesteros. Durante la semana recibes invitaciones de fiestas y concursos que se realizan en templos y, sobre todo, en escuelas”, apuntó Silva.

Asimismo, Levy señaló que, como la Janucá coincide con la iluminación navideña de las calles, “es un momento del año en el que todo se convierte en una fiesta de las luces”.

De los 120 millones de habitantes de México, cerca de 70.000 son judíos, la mayoría ubicados en la capital, aunque también hay núcleos importantes en las ciudades de Guadalajara, Monterrey, Tijuana y Cancún.

En el acomodado barrio de Polanco de Ciudad de México es habitual cruzarse con judíos ortodoxos comprando en tiendas de alimentación kósher y, con toda seguridad, durante los próximos días los candelabros asomarán por muchas de sus ventanas.

Según Levy, la mayoría de los judíos mexicanos son sefardíes, originarios de la Península Ibérica y de países árabes, aunque también hay una presencia importante de centroeuropeos o askenazíes.

Ambos colectivos celebran la Janucá con pequeñas diferencias, como el modo en que encienden las velas. Sea como sea, todos compartirán un festejo a la vida y a un futuro optimista frente a las adversidades del último año, entre ellas los terremotos que dejaron 471 muertos y millones de damnificados. EFE

Dejar respuesta