¿Llegó la Primavera Árabe al Likud?

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Pablo Sklarevich

El Oriente Medio es un completo caos. Basta con fijar la mirada en la Arabia Félix (Arabia Feliz) o el Yemen, al que los antiguos romanos describían como un oasis de florecimiento y prosperidad, actualmente envuelto en una interminable guerra civil, que se ha cobrado recientemente la vida de su hombre fuerte, el ex presidente Ali Abdullah Saleh, asesinado cuando intentaba escapar de la capital, Saná, en busca de la protección de los sauditas, tras haber roto su alianza con los rebeldes hutíes, apoyados por Irán.

Sagazmente, el primer ministro, Biniamín Netanyahu, supo mantener hasta ahora a Israel al margen, ejerciendo, al igual que las tropas de Julio Cesar, a un lado del Rin, frente a las tribus germánicas, la “paciencia estratégica”.

Pero la caída del Estado Islámico en Siria, está colocando incipientemente a los jihadistas iraníes y sus aliados chiís a kilómetros de la frontera. Una movida que obligará al Estado judío a plantear una posición más activa en el frente norte, a riesgo de una escalada bélica.
Mientras tanto, el primer ministro enfrenta una grave crisis política interna.

Que nadie se engañe. Corrupción en Israel ha existido antes y existirá después de Netanyahu. Pero el aparente intento del primer ministro de cambiar las leyes del juego de la democracia para proteger sus mezquinos intereses políticos le podría costar caro. Se le ha vuelto como un boomerang.

La protesta contra la corrupción dejó de ser una protesta de dos activistas recalcitrantes en la relativamente periférica Petaj Tivka para convertirse en una manifestación de decenas de miles de personas en Tel Aviv.

Netanyahu entendió que el peligro se avecina y apresuradamente dio un giro de timón, abandonando a su fiel alfil, el diputado David Bitán, que presionaba por la rápida aprobación del proyecto de “Ley de Recomendaciones” para impedir que los investigadores de la Policía recomienden a la Fiscalía la presentación de cargos o acusaciones en los casos de alto perfil. Es cierto que en la marcha fue protagonizada por la clase media; pero es el viento de cola que precisaba la Policía, el Fiscal del Estado y el Fiscal General para continuar con las investigaciones por supuesta corrupción contra el primer ministro.

Aparentemente, según Yoaz Hendel, del diario Yediot Aharonot, la crisis política estaría generando una rebelión silenciosa en el partido gobernante Likud. Una especie de disputa entre una suerte de republicanos y populistas que amenaza la estabilidad de la coalición.

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