HIAS, una mano al emigrante desde los pogromos rusos a la crisis venezolana

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Refugiados venezolanos duermen en las calles de Colombia Foto: PROVEA Flickr Dominio Público Wikimedia

Fundada en el siglo XIX para ayudar a los judíos que escapaban de los pogromos en la Rusia zarista, la ONG HIAS se ha volcado con los emigrantes venezolanos para tenderles una mano a su llegada a varios países de la región.

Desde Tulcán, en el norte de Ecuador, hasta Guayaquil, en el sur, los cerca de 200 empleados de la Sociedad de Ayuda al Inmigrante Hebreo, HIAS por sus siglas en inglés, brindan ayuda legal e información, asistencia psicológica y hasta ayuda monetaria para salir del paso, a miles de venezolanos que están llegando al país.

“Las necesidades de los emigrantes en estos momentos son básicamente alojamiento, comida, salud, medios de vida, y asistencia para la regularización de documentos ante las autoridades del país en el que están”, dijo Enrique Torrella, director para Latinoamérica y el Caribe de esta ONG judía global que protege a refugiados.

En conversación desde Venezuela, este español explica que el principal objetivo de la organización en los últimos años era prestar asistencia a los refugiados colombianos, pero que con la crisis venezolana ha sido también necesario arrimar el hombro.

No es extraño pues encontrar sus distintivos chalecos azules con el lema “HIAS – Acoger al extranjero. Proteger al refugiado”, por las terminales de entrada al país en las provincias de Esmeraldas y El Carchi, y también en los centros de acogida abiertos en distintas provincias.

En Tulcán tienen un pequeño centro en las oficinas de emigración, donde los niños que van llegando al país pueden quedarse de 8.00 a 18.00 mientras sus padres hacen los trámites ante las autoridades o analizan como seguir viaje.

Ahí les brindan apoyo para que olviden por unas horas el sufrimiento de las últimas semanas.

“La experiencia de aprendizaje es muy bella, pero también muy dura. Ver la realidad en la que está Venezuela, en la que llegan los niños, es complicado”, confiesa a Rodica Enríquez, una de las dos psicólogas que trabajan en el centro.

La cantidad de niños depende de los flujos migratorios, pero han llegado a atender a un promedio de 80 al día.

Muchos de los menores llegan a Ecuador después de largos trayectos a pie o en camiones, sin cambiarse de ropa durante días, y a veces sin comer, por lo que la ONG les ofrece desayuno y almuerzo con la ayuda del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Jugando para recuperar la autoestima olvidan las dificultades e intentan disfrutar de unos momentos que tardarán en repetirse.

En una pared, casi como testigo mudo de su paso por Tulcán, quedan los dibujos que van dejando con mensajes como: “Derecho a un nombre y una nacionalidad”.

Hasta la década de los noventa del siglo XX, HIAS dedicaba sus esfuerzos a ayudar a refugiados judíos por todo el mundo, desde los que salían de los campos de concentración nazis hasta los que emigraban de la Europa comunista.

Pero con el descenso en el número de estos refugiados, a finales del siglo pasado reorientó su actividad para prestar asistencia a cualquier refugiado o migrante en necesidad, inspirado en uno de los preceptos fundamentales del judaísmo, “tikun olam”, la exigencia de contribuir a reparar y mejorar el mundo.

“Es un fenómeno normal que se dio en muchas ONGs en la década de los noventa”, explica Torrella sobre este cambio.

En América Latina, la ONG está en Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia y desde 2003 en Ecuador, una misión que comenzó con refugiados colombianos y ahora traslada también a los venezolanos.

HIAS también apoya a refugiados de Centroamérica y otras partes del mundo, entre ellos a sirios que aspiran a radicarse en Latinoamérica.

“La ayuda monetaria varía según las condiciones del emigrante, de si va con hijos o no y de su situación personal”, explica el ejecutivo, para quien “ningún Estado está preparado para la magnitud de la situación”.

“Se ven desbordados por la cantidad de venezolanos que les llegan y por las reacciones de xenofobia en las poblaciones locales. Es un escenario nuevo para los países porque los refugiados no provienen de una guerra”, agrega.

A su juicio, la situación que vive América Latina es comparable a la que afronta Europa con los flujos migratorios desde África y Oriente Medio, con reacciones de parte de los gobiernos que tratan de “satisfacer las voluntades de las poblaciones locales” más que las necesidades humanitarias de los migrantes.

En ese sentido, alaba el comportamiento de los gobiernos latinoamericanos, que al abrir sus fronteras “se están mostrando más solidarios” que los europeos. EFE

7 Comentarios

  1. Creo que la generalización con la que termina el artículo, que los latinoamericanos serían más solidarios que los europeos con los migrantes, no se sostiene. Don Torrella parece olvidar que los venezolanos son los vecinos de prácticamente a la vuelta de la esquina, y que culturalmente e históricamente se asemejan enormemente a la población del país sudamericano que los acoge. Los migrantes clandestinos en Europa, en cambio, no se asemejan en nada a la población europea en la que decidieron incrustarse: vienen de un planeta musulmán estancado en el siglo VII.
    Aún así, la Merkel no lo tomó en cuenta y declaró generosamente que “wir schaffen das”, dejando entrar a más de un millón de ellos sólo en Alemania, sin contar todos los que entraron en los otros países de la UE. Y así les fué nomás…
    No quiero aguarle el mito de la solidaridad humanitaria universal a nadie, pero a nosotros nos conviene tener siempre presente que cuando se trató de nuestra gente, de nuestros refugiados judíos, prácticamente nadie los quiso acoger, ni siquiera como refugiados legales.
    Y eso que en ése entonces EEUU y Sudamérica podían haber fácilmente contribuído a salvar a la mayoría del judaísmo europeo, si lo hubiesen querido, claro está, y si hubiesen tenido la voluntad política para hacerlo. Era lo que en ésa época pedía a voz en cuello hitler imajshmovezijro, que lo ayuden a deshacerse de los judíos para conseguir una Europa judenrein. Sus alaridos cayeron en oídos sordos porque muchos de los gobiernos sudamericanos estaban conformados por políticos antisemitas que sólo se ocupaban de atizar las llamas contra nuestra pobre gente desesperada por salvarse.