Un jutznik primer ministro

En muchos países, la legislación exige que, para el cargo de primer ministro o presidente, el candidato sea un nativo de país. No un naturalizado.

Naftali Bennett Foto: GPO Kobi Gideon vía Facebook

Elías Farache S.
Esta norma parece algo discriminatoria algunas veces, pues quien se dedica al servicio público de su lugar de residencia y arraigo, no debiera merecer esta limitante.

En su momento, Benjamín Netanyahu fue tratado de descalificarse porque había pasado buena parte de su juventud en los Estados Unidos, cuando su padre tenía una cátedra en una universidad americana. Su excelente inglés, su título en el MIT y su perfil de “republicano”, jugaron algo en contra y al final, él supo capitalizar sus características especiales para convertirse en el primer ministro con más días en el poder, el candidato de su partido a más elecciones encabezando lista. Por supuesto, contaba con varios avales: su padre, su hermano Yoni fue el héroe de Entebbe, él mismo sirvió en una unidad élite del ejército junto nada más y nada menos que a Ehud Barak.

Naftalí Bennett, el recién salido primer ministro, nació en los Estados Unidos. Tiene una brillante carrera profesional y sirvió en la misma unidad élite del ejército en la cual sirvió Benjamín Netanyahu. Como político ha sido también exitoso. Líder del partido nacional religioso, Habait Hayehudí; luego pasó a fundar el partido Yemina y llegó a ser primer ministro. Llegar a tal posición requiere de inteligencia, carisma, habilidad y suerte. No cualquiera ha podido lograrlo.

La historia terminará por darle un veredicto al año de Bennett como primer ministro. Sus detractores, se afincarán en sus fallos, en las promesas incumplidas y en la imposibilidad de sostener una coalición de ocho partidos tan diferentes y con posiciones encontradas.

Bennett ciertamente cambió de posición al ver la posibilidad de ser primer ministro. Siendo el único de los líderes de partidos que no querían a Netanyahu de vuelta, capaz de sentarlos en una misma mesa, ponerlos de acuerdo y arrancar con una coalición de semi unidad nacional. Pareciera que privó en su juicio el espíritu de judío diaspórico, amante de Israel. Ese judío que ve en todos, una cualidad primaria de unidad y solidaridad. Creyó que sería capaz de sentar a Meretz y Nueva Esperanza, con posiciones diametralmente opuestas respecto a Judea y Samaria, en una misma mesa porque el bien nacional está por encima de la agenda individual. Prometió no ir con Yair Lapid, pero llegado el momento de no tener una coalición de derecha, juzgó mejor una coalición de compromiso que unas nuevas elecciones, o irse con el Likud de Netanyahu.

En los días finales de su corto período, siempre creyó que podría mantener la coalición. Se imaginaba que el bien mayor de evitar nuevas elecciones, la necesidad de seguir enfrentando la crisis económica sin mayores interrupciones y la lealtad de sus compañeros de partido primero, y de coalición después, serían suficientes. No fue así.

Hace más de un año, Bennett dio una entrevista al incisivo comentarista Yaakov Berdugo. Eran aún amigos entre sí. Bennet le contó que su madre, una vez le preguntó que significaba la palabra “fraier”. En Israel, se llama “fraier” a aquella persona de quien los demás se aprovechan, dispuesto a hacer favores sin recompensa, pasando muchas veces por estúpido sirviendo a los demás, haciendo el bien. Los israelíes se burlan mucho de una persona así, y muchos evitan ser catalogados como tal. Cuando Bennett le explicó a su madre el término, esta última le dijo que no le parecía nada mal ser un “fraier”.

Como un yanqui en la corte del Rey Arturo, Bennett fue una especie de extranjero en la primera magistratura, en la posición más álgida que se puede alcanzar. Si hubiera sido un israelí de nacimiento, aún viviendo afuera un buen tiempo, quizás no hubiera cometido ciertos errores, caído en trampas. Aquellas que tiende más la buena fe que la ambición de ocupar un cargo, o la vocación de servicio.

Lo bueno de los jutznikim es que juzgamos con benevolencia, asumiendo ante todo buenas intenciones y acciones. Jutznik es un apelativo en hebreo que señala a judíos que viven fuera de Israel.

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