Un año de gobierno Bennett-Lapid

El domingo 12 de junio de 2022 se cumplió un año exacto de la coalición de gobierno, encabezada por Neftalí Bennet y Yair Lapid.

Benjamín Netanyahu – Foto Wikipedia – CC BY-SA 3.0

Elías Farache S.
Contra muchos pronósticos, la variopinta composición de gobierno ha sorteado con éxitos y más sustos varias situaciones que amenazaron su continuidad. Se seguirán repitiendo los intentos, poniendo a prueba a los integrantes de la coalición todos.

En la historia del Estado de Israel, se conformaron gobiernos cuya coalición agrupaba a un partido mayoritario o un bloque ideológico mayoritario, con algunas concesiones a algún partido minoritario que eran una molestia necesaria. Otras veces, se acudió a gobiernos de unidad nacional, para atender emergencias que requerían a todos dejar de lado temporalmente sus aspiraciones y agendas particulares. El gobierno de unidad nacional de 1967, que tuvo a su cargo la Guerra de los Seis Días, es el más recordado. Siempre, en cualquiera de las dos modalidades antes señaladas, el primer ministro era el líder del partido con más escaños en el parlamento.

En 2021, la dupla de Bennet y Lapid rompió todos los esquemas de formación de gobierno. El primer ministro es el líder de un partido que alcanza sólo seis escaños, y la coalición no es un bloque de ninguna tendencia. Es una mezcla de partidos políticos que barren todo el espectro. No obstante, y sus diferencias, y no obstante la férrea oposición que enfrenta, se ha logrado mantener y funcionar.

Existe otra circunstancia singular en la actual situación. El factor que motiva a los partidos políticos y a buena parte de los electores es una polarización respecto a la figura de Benjamín “Bibi” Netanyahu, el anterior primer ministro. Entre la Bibifobia y el Filobibismo, la coalición y la oposición se debaten sin piedad. Transitando la cuerda floja hacia un nuevo proceso electoral o una nueva coalición. También el rol de la oposición es muy llamativo, pues su negativa a apoyar muchas iniciativas de la coalición a fin de lograr quebrarla, la hacen responsable de los fracasos del ejecutivo. El gobierno puede culpar a la oposición de su falta de eficiencia. En un grado mayor a lo que ocurre en cualquier democracia.

Todo lo anterior resulta interesante y anecdótico. Algo casi usual en lo referente a Israel, un país de extrañas situaciones. Pero resulta muy significativo que, en un año de gobierno Bennet-Lapid, muchas cosas siguen igual. El enfoque y la situación respecto a temas medulares para Israel, como el tema del conflicto con los palestinos, la situación en la frontera norte con Hezbollah, la dinámica de Siria, el asunto del Irán nuclear entre otros.

La explicación a lo anterior es simple. Israel encierra en su espectro político toda una gama de ideas de solución y aproximaciones para resolver los aspectos antes mencionados y muchos otros. Buena voluntad en todos los partidos y tendencias políticas no faltan, por encontradas que puedan ser las ideas en cada sector. Pero lo que dicta la pauta de acción es la situación real en el terreno. Y la situación real deja poco margen de maniobra.

Es así como no importa la composición del gobierno, la ideología de los gobernantes o de los opositores, las condiciones de vida reales son los factores que definen la actuación de gobierno. Es por ello que las grandes decisiones que deba tomar Israel, y que, de hecho, toma, se basan en realidades pragmáticas y desafiantes, más que en buenas intenciones y mejores ideas. Pocos cambios se pueden percibir en las acciones de Netanyahu y Bennett-Lapid. No es solo la complejidad de la coalición, es la demanda de la situación real.

A un año del gobierno Bennett-Lapid, espera un cierto futuro del gobierno Lapid-Bennet. O una cierta oposición de este dúo al muy temido rival de turno y de siempre, Benjamín Netanyahu. Mientras, el gobierno de Israel atiende sus necesidades reales de la mejor manera. Con posibilidades de hacerlo mejor.

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