Turquía, Rusia y Francia luchan por imponerse en el ajedrez libio

Recuperado el reparto territorial previo a la ofensiva de abril de 2019 y con las armas casi en silencio tras dos meses de duros combates, los dos gobiernos en conflicto en Libia luchan ahora en los despachos bajo la tutela de las potencias internacionales. “La sensación es positiva. Ha habido avances por ambas partes en […]

Milicias libias combaten en Ain Zara Foto archivo: SIPA USA vía Reuters

Recuperado el reparto territorial previo a la ofensiva de abril de 2019 y con las armas casi en silencio tras dos meses de duros combates, los dos gobiernos en conflicto en Libia luchan ahora en los despachos bajo la tutela de las potencias internacionales.

“La sensación es positiva. Ha habido avances por ambas partes en busca de una acuerdo militar” para poner fin a los combates, explica una fuente próxima a la misión especial de la ONU en Libia (UNSMIL).

“Los contactos han sido por separado, virtuales, pero parece que ambas partes comparten cierta voluntad”, agregó la fuente.

La guerra civil que ensangrienta el país desde el fracaso en 2015 del plan impulsado por Naciones Unidas se agudizó en abril del pasado año, fecha en la que el general Jalifa Hafter, tutor del gobierno no reconocido en el este y hombre fuerte del país, impuso un asedio a Trípoli tras conquistar el sur.

Apoyado por mercenarios de la compañía rusa Wagner Group, unidades de Inteligencia de Francia y guerrilleros árabes sudaneses Janjaweed, tomó los barrios del sur de la capital, las ciudades de Tarhouna y Gharyan, y la estratégica base aérea de Al Watiya, próxima a la frontera con Túnez.

Catorce meses después, gracias a la entrada en la guerra de Turquía y la llegada de mercenarios sirios reclutados por Ankara, el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) impuesto por la ONU en Trípoli en 2016 ha logrado recuperar todas las posiciones, excepto Gharyan y el oasis de Jufrah, cuartel general de Hafter en el oeste.

“Una vez que las fuerzas leales a Haftar no han lograron apoderarse de todo el país, el Kremlin está tratando de redoblar los esfuerzos para cumplir con los acuerdos bilaterales ruso-turcos de un alto el fuego en Libia”,  asegura el prestigioso laboratorio de ideas Warsaw Institute, especializado en política exterior rusa.

EL AJEDREZ LIBIO

Aunque se colocan en ambos extremos del tablero, cada uno al lado de uno de los contendientes, Turquía y Rusia comparten intereses complementarios, no excluyentes, en el país norteafricano.

Ankara, principal apoyo del GNA y de la ciudad-estado de Misrata, antigua colonia otomana con la que mantiene lazos históricos y étnicos, pretende asegurarse la explotación del petróleo en el Mediterráneo oriental.

Semanas atrás, firmó un polémico acuerdo con el GNA para la prospección de energías fósiles en aguas libias a través de un estratégico pasillo que las une al sur de Turquía a través de la no reconocida República del Norte de Chipre (turca).

Un pacto que ha desencadenado la ira de Grecia y Chipre, pero también el malestar en Egipto, Israel e incluso de Siria, aliada de Moscú.

El Kremlin, por su parte, entiende Libia como un trampolín para su estrategia en África, donde busca minerales y materias primas, pero también como una posición en el Mediterráneo que puede utilizar para “molestar a la Unión Europea” con asuntos como la migración irregular.

A un segundo nivel, existe también una pulseada ideológica regional entre Turquía, Catar y Túnez -países que defienden el Islam político heredero de los Hermanos Musulmanes- y Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, principales apoyos militares de Hafter que desde el fin de las llamadas primaveras árabes fomentan el salafismo radical.

LA VARIANTE FRANCESA

“Moscú está buscando soluciones diplomáticas. Los contratistas del Grupo Wagner fueron evacuados en mayo en un paso que contribuyó a la retirada de Hafter”, insiste Warsaw Institute.

Rusia expresó su apoyo al acuerdo de paz sugerido hace diez días por Egipto, un plan que propone crear un Consejo Presidencial con representantes de todas las provincias que gestione el país hasta la celebración de elecciones generales en el plazo de 18 meses.

Un plan al que se oponen tanto Turquía como el GNA, que recalca que no se sentará a negociar hasta que haya recuperado el control tanto de Sirte como de Jufra.

«Para un alto el fuego duradero y para planificar los pasos detallados que se tomarán después, hemos decidido que será mejor para todos continuar las discusiones a nivel técnico», dijo el ministro turco de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, en referencia al diálogo con Rusia.

El creciente protagonismo turco ha hecho emerger a Francia, país que en 2017 elevó la figura política de Hafter y que hasta la fecha se había mantenido en un segundo plano, aunque siempre cerca del mariscal.

El Ministerio francés de Exteriores emitió un duro comunicado en el que acusaba a Turquía de interferir en Libia y de ser el uno de los principales factores de desestabilzación bélica al “violar el embargo de armas”.

“Esta injerencia se está volviendo muy problemática y, a pesar de nuestros esfuerzos, la situación se está estancando. Esta postura cada vez más agresiva no es aceptable”, afirmó.

«Se supone que Turquía es un socio de la OTAN, por lo que esto no puede continuar”, agregó en la nota antes de sugerir que Francia pondría sobre la mesa el conflicto libio durante la reunión de ministros de Defensa de la Alianza prevista para hoy, miércoles. EFE

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