Terumá. Reflexión.

20 febrero, 2024
Foto: Pixabay

“De todo varón cuyo corazón lo motive tomarán mi porción separada”.
Éxodo 25-2

El deseo del corazón.

No cabe duda que el pensamiento es lo más elevado en toda persona. Pero ese pensamiento, en muchos casos debe despertar o ir acompañado de alguna clase de energía, para poder motorizar al ser humano al acto o a la acción concreta.

Ya que de hecho, vemos en otros, o incluso lo experimentamos en nosotros mismos esos pensamientos que podría definir como “fríos” y que quedan solo allí. Estando en un primer paso o nivel, sin manifestación alguna en el mundo terrenal o físico.

Pensamiento, palabra, y acción.

No cabe duda que estas tres palabras logran ese equilibrio y esa armonía y esa coincidencia, o concordancia máxima, y humanamente posible, solo en el camino de la Torá. O si se quiere bajo la cosmovisión judía. Y podría ser por esta razón que para muchos el judaísmo no resulta muy deseable, ya que los compromete en un camino full-life (a vida completa) en el que solo pocos estarán dispuestos a involucrarse y hasta en ocasiones tener que exponer o jugar su propia vida.

De allí podríamos resignificar “mi porción separada” para D’os que sería/seríamos nosotros, aquellos que por nacimiento o por verdadera opción constituimos esa pequeña fracción que se distingue del todo, y que no obstante constituye el deseo del Todopoderoso. Sus hijos dilectos.

Que son/somos pocos, pero que estamos o estaríamos dispuestos aún a sacrificar a nosotros mismos (nuestra vida y bienes) y a nuestros hijos, lo mas preciado en pos de su nombre. Como el Patriarca Abraham estuvo dispuesto en el sacrificio de Isaac.

Aún aquello que más amamos, siendo esto un reflejo de lo que D’os siente (en su dimensión) por todo Am Israel (el pueblo de Israel).

El Santuario interior.

Reafirmando la idea que venimos desarrollando, retoma el texto en el versículo 8 y dice:

“Harán un Santuario para Mi, y Yo residiré entre ellos”. Es decir, el deseo del Todopoderoso de residir por voluntad del ser creado dentro nuestro. De cada uno de nosotros. Residir dentro nuestro no por imposición, si-no por el fruto de la voluntad de aquella persona, que entiende que esto es lo único bueno que puede o podría existir.

Reflexión final.

La idea judía es que el Rey de Reyes desea ser amado de igual forma que Él ama a sus hijos con “bondad gratuita”. 

No cabe duda que existen niveles de almas, y de personas, dispuestas a entregarse de lleno al servicio divino. Y cuando nos obsesionamos con el tópico, podemos llegar a entender que lo que nosotros definimos como “emuná” sería fe o creencia o convicción alude o talla a cuestiones mucho más profundas y comprometedoras al significado que encontramos en el diccionario o aclaratorio de vocablos.

Para concluir, el capítulo de Terumá termina reiterando y reafirmando la idea que todo es de Él. Ya que, si D’os nos dio la vida y crea el mundo en forma constante, solo le damos o devolvemos aquello que por rigor y por ser la única verdad le pertenece. Es la idea de los sabios judíos que Hashem nos da “la oportunidad de dar”. Expresar en forma limitada lo que Él hace en forma infinita y absoluta. 

De ahí que los donativos para el Santuario reitero sea solo una devolución a su verdadero y único dueño. Y este es solo un ejemplo.

Y finalizo con unas palabras que decimos todos los días en el rezo matutino o de Shajarit: “Tú eres el mismo Uno y Único antes de haber creado al mundo, y Uno y Único después de haberlo creado”.

Es decir, D’os hace espejo consigo mismo, se mira a Él mismo, y la creación nace y se mantiene de su voluntad y de su necesidad (diferente a la necesidad humana) de ser reconocido como el Rey de Reyes o como el Anciano de los días. Un poder sin límites y sin impedimento alguno.

Shavua Tov.

Dr. Natalio Daitch

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