26 septiembre, 2021

Sheminí Atzeret – La plegaria de Izcor

Cuando era niño, Izcor era para mí una gran experiencia que quedó grabada en mi memoria.

Celebración de Simjat Torá en el ejército de Israel 1969 – Foto: Wikipedia – CC BY 4.0

Rabino Yerahmiel Barylka

Minutos antes del inicio de la plegaria recibía la orden perentoria de desalojar la sinagoga, y debía hacerme espacio frente a una apretujada multitud que ocupaba todos los espacios posibles incluyendo las escalinatas que conducían desde la calle a la gran entrada. Debieron pasar muchos años hasta que comprendí de dónde venía la idea de sacar a quienes tenían la suerte de tener a sus padres en vida de ese momento de recogimiento.

La mayoría de las personas habían llegado apenas minutos antes portando un pequeñísimo calendario en el que el texto aparecía en fonética y leían de él sin entender mucho qué decían. En aquel entonces, los asistentes a las sinagogas sabían cuándo debían llorar y lo hacían, también si no entendían por qué. La devoción colectiva tenía mucha más fuerza que los intentos intelectualizados de muchos predicadores de explicar racionalmente las pérdidas y su esfuerzo, tan correcto políticamente, de no revelar los orígenes de la ceremonia.

Para todos ellos, el día del yortzait -el aniversario del fallecimiento de los padres-, era sagrado y por lo menos cuatro veces al año, en las Festividades de Peregrinación y en Iom Kipur, llenaban todo el espacio de la sinagoga para recordar a los seres queridos difuntos.

Todos los asistentes deseaban «que Dios recuerde» a aquellos a quienes amaron y perdieron, sin preocuparse por saber que la plegaria había nacido cuando los Cruzados se empeñaron a destruir sistemáticamente a las comunidades de judíos asquenazíes esparcidas por Europa occidental y central en los siglos posteriores a 1096, violando a las mujeres y matando a quienes tenían frente a sí, aunque no se resistían. Con el martirio como fondo, los judíos adoptaron oraciones y prácticas para conmemorar a las víctimas, muchas de las cuales ni recibieron sepultura.

Cuando hace ya más de medio siglo comenzó el proceso de «aggiornamiento» de muchas sinagogas, coincidentemente con movimientos similares de otras religiones, el recuerdo a los padres fallecidos y la bellísima costumbre de dar ayuda a los necesitados para honrar a la familia con las buenas acciones, fue desprovista de su carga emocional al grado de quedar en manos exclusivas de quienes concurren a las sinagogas sin importarles si ese día se recita Izcor.

Sheminí Atzeret tiene en nuestros días una identidad compleja. Por un lado, es una festividad por sí misma, y por el otro, se ve como la finalización de Sucot, a la que se agrega Simjat Torá. Como coincide con el comienzo de la temporada de lluvias en Israel incluye la primera oración por lluvia del año y hasta Pésaj se inserta una breve invocación por la lluvia en la segunda bendición de la Amidá.  Aunque Hoshaná Raba técnicamente puede ser el «último día» de Sucot, tratamos a Sheminí Atzeret como parte de Sucot, porque su significado está inequívocamente integrado a la festividad. 

El rabino Shimshon Rafael Hirsch, infiere el significado de la festividad de la palabra Atzeret, que traduce como «recolectar» o «almacenar» refiriéndose quizás a la gratitud que debemos después de las festividades de Tishrei.

Simjat Torá transmite un mensaje claro sobre la centralidad de la Torá en la vida judía cuando particularmente los niños y jóvenes bailan en la sinagoga con los rollos de la Torá.

La combinación de recordar a los muertos con la alegría de Simjat Torá, parece ser lógica para mí. Recordar a quienes nos educaron en el cumplimiento de las tradiciones, es tener presentes a quienes nos iniciaron en la alegría de bailar con el pergamino que garantiza nuestra continuidad.

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