Revelación: unidad secreta judía en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial

X Troop. Foto: Cortesía

Por Dr. Israel Jamitovsky

Continúan emergiendo sorpresas y hechos desconocidos en derredor de la Segunda Guerra Mundial. Esta vez se trata de combatientes judíos en un espacio totalmente desconocido hasta el presente. Es sabido la presencia en esta órbita de judíos en los ejércitos aliados, la brigada judía en el ejército británico así como la presencia judía en distintas filas partisanas.

Recientemente se hizo público el accionar de una unidad secreta de combatientes judíos en el ejército británico, cuyo quehacer afloró en la investigación promovida por la docente judío-británica en Ciencias Judaicas Dra. Leah Garret en su libro Unidad X, El Comando Judío Secreto de la Segunda Guerra Mundial. La versión hebrea se publicó este año y fue reseñada-entre otros-por la escritora y crítica literaria israelí Havatzelet Farber.

La historia comienza con la migración de un cierto número de judíos a Gran Bretaña previo al estallido de la Segunda Guerra Mundial. De este colectivo, los más jóvenes completaron y continuaron sus estudios en tanto que los mayores se insertaron en los distintos espacios de la sociedad británica.

Cuando estalla la guerra, aflora una suerte de histeria en filas británicas ante el temor que los antedichos migrantes sean espías ocultos al servicio del régimen nazi. En mayo y junio de 1940 comenzó una ola de violentas detenciones de migrantes rotulándolos de “ciudadanos de países hostiles” que abarcó no solamente a germanos y otras nacionalidades sino también a los migrantes judíos que paradojalmente huyeron del infierno nazi. En este colectivo habían docentes universitarios, conocidos científicos, médicos, artistas, intelectuales y deportistas, la mayoría proveniente de Alemania y Austria.

Al principio todos ellos fueron enviados a campamentos ubicados en el territorio británico, pero por razones que se desconocen, posteriormente fueron trasladados a Australia y Canadá. Los británicos no establecieron diferencia alguna entre alemanes gentiles que en su mayoría se estima que simpatizaban con el nazismo y que eventualmente podrían servir en sus filas y judíos que precisamente huían del nazismo, de tal suerte que en condiciones infrahumanas, judíos compartieron la cárcel con fervorosos nazis. Durante el trayecto en el barco que los trasladó a Australia, uno de los presos judíos contó que el oficial responsable era un furibundo antisemita y otro tanto sucedía con los integrantes de la tripulación. Estos últimos solían romper botellas y obligar a los presos judíos a correr descalzos sobre los vidrios esparcidos ante la presencia y júbilo de los presos de guerra nazis.

Sin embargo, las circunstancias hicieron lo suyo. En 1942, cuando las Alemania nazi triunfaba en todos los frentes, el Comandante de las Fuerzas Aliadas Lord Mountbatten propuso erigir una unidad de un signo radicalmente diferente a las existentes hasta ese momento, compuesta por combatientes animados de una gran motivación ideológica y personal, que domine fluidamente el idioma alemán, habilitada para penetrar en la órbita del enemigo, interrogar a sus soldados una vez detenidos y obviamente brindar una valiosa información a los ejércitos aliados cuando ingresen en el espacio de la Alemania nazi.

Sólo un colectivo podría reunir todos estos atributos. Eran los migrantes judíos de habla alemana provenientes de Alemania, Austria y Hungría apresados en los antedichos campamentos. Se les propuso incorporarse voluntariamente a unidades que desplegarían acciones muy riesgosas en la órbita del enemigo, aunque no se les brindó mayores detalles. Los jóvenes judíos aceptaron, pues además de ser brillantes y estar plenamente motivados, escogieron arriesgar sus vidas en vez de continuar viviendo en las condiciones infrahumanas a las que estaban sometidos en los campamentos de prisioneros.

La primera condición impuesta por los británicos a los migrantes judíos fue renunciar totalmente a su pasado-nacional y familiar- recibir nombres y documentación británicos e incluso para judíos practicantes del grupo, debieron dejar la práctica religiosa totalmente a un lado e identificarse como anglicanos. Para mucho de ellos, fue por cierto un escollo psicológico difícil de sortear.

La unidad recibió el rótulo de Unidad X, estuvo compuesta por 87 soldados y refugiados judíos, su preparación fue extensa y difícil. La unidad tomó parte en numerosas y riesgosas acciones bélicas y de rescate y el evento más emocionante se registró poco antes de finalizar la guerra cuando uno de los integrantes de la unidad Fred Gray cuyo auténtico nombre era Manfred Ganz descubrió que sus padres habían sido expulsados de Holanda y enviados al campo de concentración de Theresienstadt. A ambos los encontró con vida.

Después de la guerra, la mayoría se afincó en Gran Bretaña, otros migraron a Estados Unidos y Canadá, sólo un puñado retornó a Alemania.

Leah Garret formula una áspera crítica a Gran Bretaña. Migrantes judíos que huían del nazismo encarcelados en condiciones infrahumanas sin justificación alguna. Después de la guerra, se pretendió negar a los combatientes de la Unidad X la ciudadanía británica y la máxima condecoración (La Cruz de Victoria) a la que se hacían acreedores en mérito a su valor, coraje y riegos asumidos. Inclusive en el monumento que en su honor erigieron y financiaron sus familiares en la localidad en la cual se entrenaron y capacitaron, no aflora su condición de judíos. El argumento esgrimido por el Consejo Municipal fue de ”reconocer el enorme sacrificio desplegado por personas de todos los confines de Europa sin distinción de raza, pigmento de su piel o confesión religiosa”.

En una entrevista que le hiciera el Museo Nacional de New Orleans a la Dra. Leah Garret, esta señaló que la mayoría de los integrantes de la Unidad X prefirió seguir utilizando su nueva nominación y ella naturalmente se trasmitió a sus hijos y nietos, posiblemente porque su nombre real está inevitablemente asociado con el dolor causado por la desaparición de sus familiares. Sólo unos pocos como Manfred Ganz volvió a utilizar su nombre y apellido originales.

En cuanto a las raíces judías de sus integrantes, el panorama era por cierto diverso. Hubo quienes provinieron de familias desjudaizadas o que ocultaron su identidad judía a sus hijos para protegerlos del nazismo. Hubo un caso singular, el de Manfred Ganz-invocado previamente-judío ortodoxo que después de la guerra continuó siendo un judío practicante y por esta senda educó a sus hijos.

El libro de la Dra. Leah Garret tuvo una gran difusión en Estados Unidos y se hizo acreedor a cálidos elogios en prestigiosos órganos de prensa, como New York Times, The New York Review of Books, el Wall Street Journal lo calificó el libro del mes. Actualmente su autora está negociando con un importante productor de Hollywood en llevar su libro al cine. Por cierto que se lo merece.

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