8 agosto, 2021

¿Quo Vadis, judería argentina? Reflexión.

Cuando cae la noche. Mi intención no es ser pesimista (no al 100%), ya que a diario podemos observar ciertas señales que parecerían transmitir algo de luz y esperanza, dentro de una comunidad judía tan importante a nivel mundial, y tan golpeada por un combo que incluye: historia asimilacionista en amplios sectores de la judería, […]

La conmemoración del atentado a la AMIA en 2019. Fuente: REUTERS/Agustin Marcarian

Cuando cae la noche.

Mi intención no es ser pesimista (no al 100%), ya que a diario podemos observar ciertas señales que parecerían transmitir algo de luz y esperanza, dentro de una comunidad judía tan importante a nivel mundial, y tan golpeada por un combo que incluye: historia asimilacionista en amplios sectores de la judería, en particular en aquellos seculares, tradicionalistas y ligados a una corriente reformista demasiado laxa en materia religiosa. Y si a esto, que ya suma décadas, adicionamos dos terribles atentados terroristas que sacudieron el núcleo de la vida judía criolla en la década de los noventa. Y siguiendo echando una nueva palada de tierra, una ola de antisemitismo todo-terreno, que abarca desde pintadas y leyendas, profanaciones en cementerios de la comunidad, antisemitismo maquillado de antisionismo, que ha penetrado profundamente en muchos estratos y ámbitos como son las universidades y ciertos sindicatos, prensa, y aún en ciertos sectores de algunos partidos políticos.

De hecho, y lo alarmante y novedoso, ha sido ser testigos de ataques físicos a algunos distinguidos rabinos de nuestra comunidad, en especial a rabinos ortodoxos. Esto último, ha sido un punto de inflexión en la historia del odio sufrido en esta tierra argentina, y que duda cabe se ha cruzado una línea roja que para nuestra desgracia no ha sido totalmente comprendida en su significado por el grueso de la comunidad hebrea local.

 

Pandemia y debacle económica.

La aparición de un Coronavirus agresivo a nivel mundial, pandemia, restricciones, y aislamiento, ha traído nefastas consecuencias a nivel de las economías en todo el orbe, y mucho más en este país que ya venía en picada, con creciente inflación, corrupción, y desocupación desde mucho antes del fenómeno del virus chino, provocando el quiebre definitivo de una castigada clase media, que se debate entre caer al enorme agujero ciego de la pobreza total, o buscar una tabla de salvación si pueden emigrar a otras tierras donde la situación social y económica sea más benigna y sean mejor acogidos.

Pero todo es más difícil en un mundo donde se han levantado múltiples barreras a la libre circulación. Llegados a este punto, no es novedoso, que este colofón también afecta y mucho a la comunidad judía local, en general con una impronta de clase media tirando a alta en algunas familias, y que hoy por hoy, muchos tienen que salir a mendigar y buscar ayuda sea en dinero, medicamentos, y aun solicitando alimentos.

El paisaje urbano permite ver en Buenos Aires largas colas de hombres, mujeres y niños, en la puerta de ferias y guemajim, a la espera de poder conseguir precios que permitan a muchas familias poder llegar a fin de mes. Una tortura diaria y mensual, en especial a familias religiosas con muchos niños que sostener y alimentar. O poder pagar las cuotas de los colegios de la Red judía, para que sus niños no sean botados y tengan que perenigrar y caer en colegios públicos, hoy lamentablemente malogrados y llenos de grandes peligros que tienen que ver con riesgo de agresiones físicas o exposición a consumo de drogas.

Postales de un transeúnte. Final.

No cabe duda que las opciones oscilan entre la aliá que se ha incrementado enormemente, con familias enteras intentando una nueva vía de escape frente a una situación asfixiante. O a modo de simbólico poder cruzar nuevamente el mar Rojo, para poder llegar a la Tierra prometida, aun teniendo que transitar el enorme desierto de la aflicción y de la incertidumbre en un mundo globalizado y violento,

Para aquellos paisanos, que todavía estamos en diáspora, la prueba de poder sostener nuestra vida judía y kehilot o comunidades, con sus templos y colegios, intentando apoyar económicamente y espiritualmente la vida judía, tanto de amenazas externas como de evitar que la conducción comunitaria caiga en manos de personas que tituladas «progresistas», puedan llevar a que al edificio de la AMIA le pongan cartel de venta o predio en alquiler.

 

¿A dónde vamos?

Como me dijo hace tiempo un directivo de la Institución judía madre de la argentina, se trata de la única casa que tenemos en el país. El cuadro descripto tiene claros y muchos oscuros. Pero, pese a todo lo adverso, y gracias a D’os (se puede rescatar) la visión y la fuerza del Rabino Samuel Levin (81), Shlit»a, el mayor referente de los judíos ortodoxos y líder espiritual del Bloque Unido Religioso, que gobierna la mutual judía AMIA desde 2008, que busca incansablemente unir a todos los judíos argentinos, más allá de cualquier diferencia de opinión, intentando promover el bienestar y el desarrollo de la comunidad (la Capital Federal y las comunidades del interior del país estableciendo nuevos vasos comunicantes), y mantener viva las tradiciones, ya que con ese objetivo fue creada, y ese es el objetivo de todos aquellos que apoyamos una fuerza para un judaísmo o idishakit sustentable.

Compartir

#, #, #

Más sobre Opinión