5 septiembre, 2021

¿Quién gana y quién pierde tras la caída de Afganistán en manos talibanes?

La precipitada y caótica salida de las fuerzas occidentales de Afganistán tras la toma de Kabul por los talibanes es un sismo político.

Talibanes patrullan la ciudad de Farah. REUTERS/Stringer

Ricardo Angoso

Este tendrá seguras consecuencias geoestratégicas para esta región y también para el mundo.

En primer lugar ganan los talibanes que, desde que fueron derrotados en el año 2001 por los Estados Unidos y alejados del poder buscaban, a toda costa, volver a Kabul y montar un gobierno hecho a su medida: islamista, teocrático e integrista. Ya lo tienen y también todo el poder para poner a sus pies a toda la sociedad afgana, especialmente a las mujeres, a las que desprecian y tratan como mercancía en su régimen de apartheid estricto. 

Desde el anuncio del expresidente Donald Trump de que abandonarían Afganistán, los talibanes no mostraron ningún interés en seguir negociando con el gobierno legítimo instalado por los Estados Unidos y los occidentales en Kabul. Fue el disparo de salida que llevó a los talibanes hasta Kabul, derribando a dicho gobierno y provocando la precipitada, caótica y vergonzosa salida de las tropas occidentales.

Las negociaciones de Doha entre los talibanes y el gobierno de Kabul fracasaron porque ya no tenían sentido para quienes claramente había ganado la guerra a merced del mal cálculo político de la administración norteamericana.

Trump fue el responsable de esa derrota política frente a los talibanes, pero de la desbandada militar, incluyendo la nada heroica salida de las tropas, el responsable es el actual inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden. 

Los talibanes, en apenas unas semanas, lanzaron una ofensiva exitosa contra los restos de lo que quedaba del ejército afgano, minado por la corrupción, la huida masiva de miles de desertores y una moral que estaba por los suelos y el resultado fue el esperado. Solo era cuestión de tiempo que la administración afgana instalada por los occidentales se derrumbara como un castillo de naipes.

La bochornosa huida del expresidente afgano Ashraf Ghani, con decenas de maletas repletas de millones de dólares, dejando atrás a sus colaboradores y ministros, es el mejor emblema de toda una larga carrera de errores y desatinos por parte de los occidentales.


Ganadores y perdedores de la batalla afgana

En segundo lugar
, ganan terreno en todo el continente asiático China y Rusia, ahora grandes aliados en esta zona del mundo y que ven como su principal rival, los Estados Unidos, salen con el rabo entre las piernas y dejando atrás el trabajo de veinte años, que tanto dinero, esfuerzos y vidas humanas costó.

Occidente deja que sea ahora China el actor determinante en esa región, aunque siempre con el riesgo de que Afganistán se convierta en el epicentro del terrorismo radical islámico que empuje a los uigures a levantarse contra los chinos, y deja a Rusia que siga ejerciendo su rol determinante en Asia Central, realmente su patio trasero desde tiempos inmemoriales e imperiales.

También la derrota de los Estados Unidos frente a los talibanes, más allá de la catástrofe que representa en sí misma para Afganistán, significa un serio revés para los aliados de este país en Asia, especialmente India, Japón y Corea del Sur, ahora a expensas del papel cada vez más hegemónico e imperialista de China en la región. También para aquellos que se resisten al autoritarismo en este continente. Nos referimos, concretamente, a Hong Kong, Tíbet, Xinjiang o Bielorrusia y para los ímpetus anexionistas en dirección a Ucrania o Taiwán.

En tercer lugar otro gran ganador es Irán, enemigo declarado y radical de los Estados Unidos, que ha visto como en apenas unas semanas su sempiternos enemigos se han tenido que ir de Afganistán derrotados y humillados por los talibanes.

Teherán consolida así, al recomponer sus relaciones con los talibanes en los últimos tiempos, un eje de influencia y poder regional que arranca en Kabul y pasa por Irán mismo, Irak, donde los iraníes siguen armando a los grupos chiítas radicales, Siria, Líbano -país tutelado por la guerrilla proiraní de Hezbolá- y concluye en Gaza, controlada por sus acólitos de Hamás. Nunca Teherán había tenido tanta fuerza y poder de desestabilizar a casi todos sus vecinos.

Los perdedores son claramente los Estados Unidos, que pierden fuerza en la región, prestigio internacional, miles de millones de dólares gastados en una guerra inútil, hombres sacrificados y muertos para nada en un conflicto interminable que acabó por sumirles en la derrota más profunda y una sensación de que el mundo ya no es el de ayer, donde los norteamericanos ejercían un liderazgo sin discusión ni mácula de duda.

Hoy todo eso ha saltado por los aires a merced de una decisión táctica poco calculada, coordinada y estudiada por el equipo que debería haber asesorado a Biden de una mejor forma de hacer las cosas. Además, Occidente, la OTAN y los Estados Unidos han hecho un ridículo espantoso dejando atrás todo un arsenal militar en manos de los talibanes, abandonado de una forma miserable a sus colaboradores afganos y poniendo en entredicho la supuesta superioridad militar de nuestras fuerzas. 

Israel es otro de los grandes perdedores de esta guerra en la región porque a partir de ahora sentirá en el cogote las amenazas de sus vecinos, quedando rodeada de enemigos poderosos y con fines genocidas, como el Líbano, Gaza y Siria, y sintiendo la amenaza latente de Irán, que siempre ha soñado con borrar de la faz de la tierra al Estado hebreo, tal como advierten periódicamente sus dirigentes.

Por ese motivo, el Gobierno de Israel, tanto el nuevo como las anteriores administraciones, ha señalado de una forma constante el peligro que representa que Teherán se haga con armas nucleares, que probablemente en el caso de una escalada bélica no dudaría en utilizar contra Israel. Los judíos, como se puede suponer dada su experiencia histórica, no pueden hacer caso omiso de esas bravatas hitlerianas que en un tiempo no muy lejano llevaron a millones de hebreos a los campos de la muerte. El mundo va a cambiar, claro, pero a peor. 

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