2 noviembre, 2021

Pragmatismo e ideología

El gobierno de Israel está conformado por una muy disímil composición de partidos con ideologías encontradas.

Abdullatif bin Rashid Al Zayani, Benjamín Netanyahu, Donald Trump y Abdullah bin Zayed al Nayhan durante la firma de los Acuerdos de Abraham en la Casa Blanca el 15 de septiembre Foto archivo: GPO Avi Ohayon vía Flickr

Elías Farache S

Desde la derecha que en su momento proclamaba la no viabilidad de la solución de dos estados para dos pueblos, a la izquierda que se reúne con Abu Mazen y sostiene a capa y espada la necesidad de ceder tierras por paz y establecer un estado palestino como única manera de solventar el largo, tedioso y poco comprensible ya conflicto palestino israelí.

El pegamento que sostiene tal coalición se basa en dos condiciones que permiten su subsistencia.  La primera es la convicción de sus componentes en no permitir que sea Benjamín Netanyahu el primer ministro. Luego de más de una década en el poder, el remplazo del longevo líder pareciera ser una refrescante medida para la política israelí. La segunda condición impuesta de común acuerdo es la de trabajar sólo aquellos temas en los cuales hay consenso, o aquellos temas que no son capaces de quebrar la coalición.

En relación con la primera condición, la misma puede generar un incremento de la popularidad de Netanyahu en la eventualidad de nuevas elecciones. Nadie en Israel ni en el mundo niega sus capacidades y las encuestas, aun con sus variaciones, le otorgan buenos números.

La segunda condición resulta algo más delicada a los efectos de la vida del país y la toma de decisiones. El pragmatismo que se traduce en la necesidad de mantener una coalición de gobierno que sirva a los intereses del país, es útil para tratar y resolver gran cantidad de temas, pero no para resolver otros que se congelan en el tiempo.  El tema del conflicto palestino israelí no se toca en esta coalición, ni tampoco muchas de las aristas que se relacionan con el mismo.

En los próximos días se debe aprobar el presupuesto de la nación, algo necesario y que llevaba mucho tiempo sin hacerse de la manera regular y conveniente. Esta vez, los componentes de la coalición, sin la excusa de satisfacer a partidos religiosos porque sencillamente no están en la coalición, han jalado cada uno sus buenas tajadas para mantener satisfechos a sus respectivos constituyentes, en maniobras que resaltan el pragmatismo necesario para mantener la coalición y la traición ideológica de algunos principios y promesas electorales que se estrellan ante la cruda realidad: sostener la coalición.

Las diferencias ideológicas entre quienes conforman la coalición son abismales. En temas de seguridad, de economía, de sociedad y de diversidad. Visto desde un prisma positivo, agrada saber que se ponen de lado las diferencias en aras de gobernar y resolver problemas. Un gobierno de unidad nacional, solo que con 61 escaños contra 59.

El pragmatismo se cuela para mantener la coalición, evitar elecciones e impedir un regreso de Netanyahu. Pero el pragmatismo también se aplica en los temas de seguridad que tienen escaso o nulo margen de maniobra. El tema de Irán y su carrera nuclear no requiere de posiciones ideológicas y sí de un pragmatismo que garantice la supervivencia del estado judío ante las amenazas ciertas. Los acuerdos de Abraham y las relaciones diplomáticas no pueden ser ajenas al pragmatismo que requiere el Estado de Israel. La actuación en las Naciones Unidas, lo mismo.

Aunque las discrepancias entre el pragmatismo y la ideología resultan a veces antipáticas, lo cierto del caso es que cuando se trata de sobrevivir Israel toma las decisiones correctas. Además de pragmatismo o de ideología, priva la necesidad.

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