11 enero, 2021

Pollard: verdad y lealtad

El 30 de diciembre de 2020, Jonatahn Pollard y su esposa, llegaron Israel.  En un avión privado del magnate Sheldon Adelson.  Al bajar del avión, besaron el suelo de Israel y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu en persona, los recibió y les dio sus identificaciones de ciudadanos israelíes que hacen aliá, inmigran a […]

Jonathan Pollard y su esposa Elaine Zeitz Foto archivo: REUTERS/Lucas Jackson

El 30 de diciembre de 2020, Jonatahn Pollard y su esposa, llegaron Israel.  En un avión privado del magnate Sheldon Adelson.  Al bajar del avión, besaron el suelo de Israel y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu en persona, los recibió y les dio sus identificaciones de ciudadanos israelíes que hacen aliá, inmigran a Israel.

El caso de Jonathan Pollard es un recordatorio perenne de la exigencia injusta que se les hace a los judíos respecto a su lealtad.  Un tema que ha sido una constante en toda la historia del pueblo judío, en todas sus diásporas y en varias ocasiones icónicas.  El caso de Dreyfuss fue uno de ellos.

Jonathan Pollard era un oficial de inteligencia naval.  Judío y norteamericano.  En sus labores de rutina, se da cuenta que existe cierta información relevante, de valor que considera vital para Israel, respecto a asuntos militares de países árabes que eran enemigos de Israel.  Esta información, no era compartida de parte de los Estados Unidos de América, con su aliado del Medio Oriente, el Estado de Israel.

Pollard se convierte en un espía a favor de Israel.  Pasa información que considera relevante, pero que en ningún momento causa daño a los Estados Unidos. Argumentos más, argumentos menos, se convierte en el informante de un aliado, que debió ser informado en su calidad de aliado.  Hasta hoy se especula acerca de la real importancia de la información suministrada a Israel.

El descubrimiento de Pollard como espía no fue un asunto agradable.  En cualquier escenario, aún el de alianza sentida, se trata de una filtración importante y de una falla en los servicios de inteligencia.  Si bien es cierto que los aliados han de protegerse, también es cierto que espiarlos es poco elegante.

Se llegó a un acuerdo.  Pollard se declararía culpable de ciertos cargos y cumpliría una condena menor.  Pero el Secretario de Estado de entonces, Caspar Weinberger, no cumple su palabra.  Los fiscales piden máxima sentencia, Pollard ya había renunciado a defenderse y se le aplica el castigo más severo.  Israel había devuelto todos los documentos objeto de este episodio.

Varias veces se intentó liberar a Pollard. En el año 1998, cuando Netanyahu firma los acuerdos de Wye Plantation, le pide a Clinton que se incorpore a los nuevos tiempos de reconsideración respecto a amigos y enemigos y libere a Pollard.  Clinton se ofende de sobremanera.  El tema de la liberación de Pollard estuvo en la agenda de Israel siempre, y el temor de enfurecer a los americanos también.

La traición, aun aparente, es un tema delicado y que molesta.  Pero Jonathan Pollard actuó en su calidad de judío que veía peligro inminente para el Estado Judío.  En la forma, se ve mal. En el fondo, actuó en consonancia con una conciencia judía, de verdad y de lealtad.  Por ello, pagó prisión y aislamiento desde 1985 hasta 2020.  35 largos y penosos años.

La judería de Estados Unidos se ha sentido incómoda con la actuación de Pollard.  Claro.  Es incómodo dar explicaciones y descubrir que la alianza no era tan sincera como se pensaba, o que se debe defender a alguien de la comunidad judía que ha cometido un acto de espionaje, y que la contraparte es nada más y nada menos que Israel.

En el mismo Israel, en virtud de la polarización política y el permanente ambiente electoral, no se ha dado el crédito necesario a Jonathan Pollard. Y quizás sin querer, se ha pasado por alto la denuncia a ese alegato acerca de la doble lealtad de los judíos, cuando en definitiva se trata de encubrir mediante este ataque de corte antisemita, las verdaderas infidelidades, y hasta atrocidades, que se cometen en nombre de falsas lealtades.

El episodio de Pollard es muy triste.  El drama de una persona, de un matrimonio. El derrumbe de la confianza entre aliados. La falta de reconocimiento al martirio.

Entre la verdad y la lealtad.

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