Pésaj: Homenaje a la libertad

El individuo aislado nunca es libre, el hombre es libre en el espacio político (Mónica Virasoro) Entonces, hacemos un homenaje sentido a dicho concepto, a poner en disyunción la condición de vida de un sujeto libre a cuando es explotado cual un animal obligándolo a realizar un trabajo esclavo, allí en Egipto en el año […]

Quema del jametz en Jerusalén – Foto: Wikipedia – CC BY 2.0

El individuo aislado nunca es libre, el hombre es libre en el espacio político
(Mónica Virasoro)

Entonces, hacemos un homenaje sentido a dicho concepto, a poner en disyunción la condición de vida de un sujeto libre a cuando es explotado cual un animal obligándolo a realizar un trabajo esclavo, allí en Egipto en el año 1450 a. C, o ahora no hace tanto en los campos de concentración nazis en 1945. Y estas pobres criaturas fueron obligadas a realizar la marcha de la muerte en ese invierno crudo de enero de 1945, buscando los nazis una depuración natural a que sobrevivan los más fuertes, teoría que les vino del darwinismo. Y son ellos, los llamados sobrevivientes, aquellos que “saltearon” pasaron por sobre la muerte, los que nos ofrecen su testimonio acerca de ese horror y pareciera que nunca más debiera ser. Pero la historia nuevamente nos da pruebas que siempre hay una vez más, diferente, pues la maldad no se cansa de sorprendernos con sus métodos “creativos”.

Pésaj conmemora la odisea de un pueblo sometido a la esclavitud y que gracias a que tuvo un líder, un príncipe culto, educado dentro del reinado de los Faraones, pudo ser encaminado tras una larga travesía a la libertad, a la tierra prometida de Canaan. Son entonces los sujetos pensantes, cultos, bien alimentados los que están habilitados para conducir tal epopeya, la de encaminar y dirigir a 20.000 almas a través del desierto, camino a construir un reinado libre fuera de las marcas de la esclavitud.

Y este príncipe llamado Moisés es el que se recluta en la soledad de la montaña de Sinaí para toparse con ese Otro, su propio saber inconsciente, apropiarse de su acervo cultural y escribir ese maravilloso decálogo que serían las Tablas de la Ley, la base jurídica que hace a la convivencia de un pueblo libre y que daría luego los estamentos legales a las futuras democracias: Roma, Grecia y Jerusalén.

Esos diez enunciados resumirían el concepto de libertad y el derecho y los deberes de las personas. Pero para poder aceptar y asimilar tal enseñanza debía dejarse caer la mentalidad esclava, sometida, acatadora de órdenes de un Amo. Esos, tras una larga caminata que duraría 40 años, sembrarían el desierto con sus restos, y será así una nueva generación de guerreros libres, pensantes y no temerosos los que habrían de conquistar la Tierra Prometida. Y hoy en día son nuestros Jaialim, nuestros héroes valientes y de mentes libres los que no sólo cuidan la soberanía de Israel, sino que con su presencia garantizar a que nunca más acontezca un Holocausto para ningún judío del mundo.

Pésaj marcó el paradigma de la hazaña, el cuidado de los primogénitos, el respeto a la diferencia, al establecimiento de la Ley Mosaica en honor a su creador, el gran líder Moisés, a crear una cultura amante del Libro, sinónimo de saber en las antípodas de la barbarie y el sometimiento dogmático, que no sólo caracterizó el lema de un Goebbels, sino que es la muletilla de todo gobierno totalitario, tanto de ayer como del presente, de ahí que pensamos a la festividad de Pésaj no sólo como un relato, “Hagadá”, un cuentito pueril, sino que tiene un trasfondo político en la definición de Hannah Arendt que dice ”la política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres”, que encierra y denota todo un mensaje en cuanto a sostener, trasmitir y educar a nuestros hijos y nietos en el contexto de lo que significa ser libres, y nunca más esclavos de ninguna religión, políticas totalitarias y explotación humana con la excusa de no ser de una raza aria superior, de creer en otro Dios, de comer kasher, de no trabajar en shabat, de seguir siendo un pueblo alegre que apuesta a la vida a pesar y por encima de tanta maldad.

Solamente con una mente abierta y libre es que cada tipo de hijo puede formular sus cuatro preguntas en la mesa de Pésaj. Así será el que formule sus cuestionamientos sabios, el que ponga en cuestión el Exodo que no lo representa, el hijo ingenuo que hará sus preguntas simples y el chiquitito que aún no sabe cómo preguntar. Y a cada uno de ellos responderá el padre con su sabiduría, que los ponga a pensar y elaborar las respuestas dichas en forma de enseñanza y no de órdenes a acatar. Y este método también es político, en la orientación y el sentido de lo que significa aceptar las diferencias, ponerlas sobre la mesa y acoger la diversidad. Y esta forma de trasmitir es el mejor método midráshico, el que elabora, interpreta el texto y comparte las discusiones en cuanto a dilucidar el enigma del texto, y esto empuja y hace al ejercicio de ir educando a una mente en el ejercicio de la libertad de pensamiento. Además, lo que caracteriza al judaísmo es que en cada acontecimiento festivo se pone una cuota de tristeza, de conmemoración de todos nuestros muertos, los propios y los históricos dado que sabemos que ante cualquier desajuste económico, de pestes, de virus, el mundo gentil muy bien se encarga una y otra vez de usar al judío como su nuevo y ancestral chivo expiatorio. De allí que lo dulce y lo amargo hacen a la amalgama de la tradición judía donde no sólo los otros no deben olvidar sus actos maliciosos, sino también nosotros no debemos dejarnos embaucar una y otra vez pensando que la asimilación o el bautismo nos salvaría de la aniquilación, hecho que los nazis bien se encargaron de hacernos recordar que ningún disfraz de cristiano nos eximiría de las cámaras de gas.

Si el ángel de la muerte pudo saltear nuestras puertas salvando así la vida de nuestros primogénitos, es nuestro deber y nuestra deuda respetar y defender la vida de nuestra continuidad en todos los órdenes: físicos, culturales, morales y religiosos. De ahí que nuestra mejor transmisión es la cultura y la educación dado que ellas son el mejor antídoto contra la barbarie, y siendo que somos el Am Hasefer, inculcamos con ello la mayor posición ética llama: Libertad.

Decimos entonces que Pésaj tiene una connotación política pues debía aniquilar la esclavitud, el sometimiento, el temor a ser libres, y debido a la conducción de su líder no esclavo es que pudo llevar a un nuevo pueblo, no adorador del becerro de oro, no sometido a los mandatos de ningún Faraón entonces, la libertad no es un atributo gratuito sino producto del esfuerzo, un acto que sólo se lo puede atribuir a aquellos que pudieron ganarlo con coraje, tesón y dignidad ética.

Con Pésaj entonces, no sólo salteamos al ángel de la muerte sino todo lo que Egipto significó en cuanto a degradación humana.

Es para mi un honor alzar las cuatro copas de vino y brindar con cada una de ellas enseñando a mis nietas la alegría del judaísmo, su transmisión y el derecho a la vida, siendo que esta abuela, o sea yo, es hija de sobrevivientes y a ellos los nazis, con su barbarie les decimos: ¡NO PASARÁN, NUNCA MÁS!

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