5 agosto, 2021

Parashat Ree

Moshé comienza el capítulo 14 con la declaración: “Banim Atem l’Hashem Elohejem – Hijos sois de .A. vuestro Dios” (Devarim 14:1) para apreciar la naturaleza de los mandamientos que se nos han dado y para remarcar una relación que debe ser creada permanentemente: la del Padre a los hijos, y la de los hijos a […]

Tumba de Maimonides en Tiberiades – Foto: Wikipedia – Dominio Público.

Moshé comienza el capítulo 14 con la declaración: “Banim Atem l’Hashem Elohejem – Hijos sois de .A. vuestro Dios” (Devarim 14:1) para apreciar la naturaleza de los mandamientos que se nos han dado y para remarcar una relación que debe ser creada permanentemente: la del Padre a los hijos, y la de los hijos a los hermanos. Relaciòn que vimos desde Bereshit hasta ahora como muy conflictiva.

Los siguientes mandamientos nos ayudan a interiorizar y demostrar este nuevo estado, particularmente el de ser hermanos. Moshé nos ha impuesto otra obligación: la responsabilidad de cuidarnos unos a otros. El resto de la parashá trata de diferentes maneras en las que este sentido de familia, de comunidad, se manifiesta a través del ritual diario y la vida cotidiana. Estos incluyen (pero no se limitan a) los siguientes mandamientos: Maaser Aní (el diezmo de los pobres): «Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que .A. tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren» (Devarim 14:29). Tzedaká (caridad): «Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que .A. tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite” (Devarim 15:7-8). (La obligación de remitir préstamos en el año shemitá, más la obligación de prestar fondos a los necesitados antes del inicio de ese año de descanso de la tierra: «Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a .A., y se te contará por pecado…” (Devarim 15: 9). Incluso la presentación de las fiestas en el siguiente capítulo se hace con este aspecto en mente: “Y te alegrarás delante de .A. tu Dios, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita que habitare en tus ciudades, y el extranjero, el huérfano y la viuda que estuvieren en medio de ti, en el lugar que .A. tu Dios hubiere escogido para poner allí su nombre. (Devarim 16:11, véase también el vers. 14) ”.

Moshé  recuerda la importancia de desarraigar por completo todos los restos de idolatría y establecer un nuevo lugar central de adoración donde toda la gente pueda reunirse. Las leyes discuten los detalles de qué diezmos deben llevarse a este lugar y cómo se ve afectado incluso el acto de comer. La Torá revela el miedo latente que subyace si a pesar de nuestra voluntad de eliminar la idolatría de la tierra, el pueblo judío luego expresará el deseo de «adoptar» estilos de adoración paganos “Cuando .A. tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así a tu Dios; porque toda cosa abominable que .A. aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses” (12: 29-13: 1).

Ramban explica los temores de la siguiente manera: a Moshé no le preocupaba que, habiendo invertido tanta energía en erradicar los cultos cananeos, el pueblo judío quisiera expresar el deseo de realizar los mismos ritos. En cambio, el miedo fue mucho más insidioso: el pueblo judío justificará y asociará la destrucción de los cananeos debido al objeto de su adoración (los dioses que adoraban no eran dignos), sin embargo, no se daría cuenta de que lo que era tan aborrecible para .A. era el método de su adoración. La Torá, por lo tanto, nos ruega que no cometamos este error (12:31). En otras palabras, además de tener un enfoque equivocado de la adoración (adorar a la nada como deidades), los métodos que usaban (incluido, como dice el versículo explícitamente, el filicidio) eran odiosos para Dios. Para probar este punto, esta advertencia es seguida inmediatamente por el mandato de no agregar o disminuir los mandamientos de Dios. El Sforno explica que no debemos traer nuestros propios métodos de adoración, ya sea el resultado de nuestro propio pensamiento creativo o la adopción del comportamiento de otras naciones, a la adoración de Dios, ya que no sabemos qué es y qué no es abominable a los ojos de Dios.

Y sirve de recordatorio también en nuestro tiempo, que es tan grave agregar preceptos no ordenados como suprimir los prescritos. Es como si marcásemos un número telefónico, agregando o quitando una cifra. Si así lo hiciéramos nunca lograremos comunicarnos.

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