19 agosto, 2021

Parashat Ki Tetze

Si estudiamos el texto de la Torá cuidadosamente, descubriremos horizontes éticos que son pasados por alto en una lectura superficial.

Caín lleva a Abel a la muerte – Foto: Wikipedia – Dominio Público

Descubriendo Nuevos Horizontes Éticos

La Torá en la Parashá que leemos esta semana, (Devarim 22:11) prohíbe usar una prenda hecha de lana y lino, que llama usando la palabra «shaatnez» que el Talmud intenta explicar.

Jizkuni, Ezequías bar Manoaj, rabino francés y comentarista de la Biblia del siglo XIII basado en el Midrash Tanjuma (Bereshit 9), comenta que esta prohibición está relacionada a la historia de Caín y Hevel: «Dado que una calamidad resultó de estos dos hermanos, tienen prohibido estar juntos». Es decir, debemos buscar alejar una de la otra a esas personalidades que protagonizaron la primera muerte registrada por las Escrituras.

Recordemos el texto de Bereshit (4: 2): Hevel era un pastor que cuidaba de las ovejas, mientras que Caín trabajaba como agricultor y, según la tradición, cultivaba lino. Jizkuni explica que la Torá prohibió usar una combinación de los dos materiales asociados con estos dos hombres: lana y lino para conmemorar la tragedia del asesinato de Hevel a manos de su hermano.

El comentarista descubre una sutileza difícil de ver a primera vista. La Torá decide que a lo largo de la historia, los judíos nos abstengamos en mezclar un sub-producto de la agricultura junto a otro de la ganadería pero no nos da razones, por lo que debemos buscarlas.

Siguiendo esa línea de pensamiento, debemos admitir la sutileza de esa asociación. Esta ley de la Torá, que exige que separemos nuestra parte interna de «Caín» y de «Hevel», porque tal vez se relacione con el error fundamental que subyace al trágico episodio del asesinato.

Hevel trajo su ofrenda imitando y competiendo con la ofrenda de su hermano: «VeHevel heví gam hu» – «Y Hevel también trajo…» (Bereshit 4: 4).

 El rabino Shmuel Bornsztain, segundo Rebe del linaje jasídico de Sojatchover, (1855 –1926) sugiere que Hevel merecía su trágico destino porque imitó a su hermano ya que en lugar de trazar su propio camino individual al servicio del Todopoderoso trató de hacer lo que otro hacía y esos celos fueron la razón por la cual Caín reaccionó violentamente. Él deseaba la exclusividad del vínculo.

Para este rabino es más que claro que la senda hacia la espiritualidad es absolutamente individual. Para imitarla, es obvio que hay que prestar más atención a lo que hace el otro que al propio sentimiento. Y quien remeda, en lugar de acercarse se aleja. No siempre el sentimiento del otro puede ser adoptado sin daños a la propia personalidad, al propio sentimiento y al propio deseo y sin volverse fanático tratando de desplazar a quien ve como competidor, llegando incluso al deseo de eliminarlo.

Caín y Hevel eran culpables por competir: Hevel se sintió obligado a traer una ofrenda porque Caín lo hizo, y Caín sintió que si la oferta de Hevel era aceptada, la suya también debía ser aceptada, sin pensar en determinar las razones de ello.             

Cumplir con el precepto de shaatnez nos enseña que la solución a la lucha, la envidia y la competitividad, es reconocer y respetar los diferentes roles, las desiguales inclinaciones y los estilos de vida heterogéneos.

Caín y Hevel eran dos seres humanos distintos, uno que producía lana y otro que producía lino, y cada uno debería haberse sentido perfectamente satisfecho y orgulloso al cumplir su función y seguir su curso individual. No es necesario que nos sintamos presionados por los logros de nuestros compañeros para seguir su ejemplo, como lo hizo Hevel, y no es necesario que nos sintamos desairados y frustrados cuando nuestros compañeros disfrutan de los tipos de éxito que se nos escapan, como lo hizo Caín.

En lugar de ello, debemos centrarnos en vivir las vidas que estamos mejor preparados para vivir, en trabajar para lograr lo máximo que podamos, ya sea con «lana» o «lino» o buscando y encontrando los materiales espirituales y las técnicas, las letras, la melodía y el ritmo, sin sentirnos presionados o amenazados por el éxito de los demás.

Cada persona posee talentos únicos para nutrir sus desafíos y superarlos y su función única que cumplir en el mundo, es ser capaz de experimentar alegría, satisfacción y plenitud, sin dañar los sentimientos de inferioridad que podrían conducir a una competencia estresante y a los celos.

Parafraseando a Rambam diríamos que quien actúa así «se desvía de la verdad y se distancia de sí mismo cuando busca la compasión del Todopoderoso». En otras palabras, pierde la espontaneidad y la autenticidad y se convierte en un bufón. Se degrada, y se despoja de su identidad. Y lo peor, por esa vía no llega a nada.

Cuando ya oímos el shofar diariamente, acercándonos a un nuevo año, lleno de interrogantes, como hace mucho no recordamos, sería bueno invertir un poco de nuestra energía en encontrarnos con nuestros sentimientos y con la Divinidad, sin interferencias, y sin el estorbo de hacer lo mismo que el otro.

Rabino Yerahmiel Barylka

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