Naufragio político en Galicia

26 febrero, 2024 , , , , , ,
Alberto Núñez Feijoo - Foto: Wikipedia - CC BY 2.0

Los resultados de las elecciones en Galicia suponen un fuerte varapalo para la izquierda, que aspiraba a gobernar en coalición con los nacionalistas, y un fuerte respaldo para el líder popular, Alberto Núñez Feijoo, cuyo liderazgo al frente del PP era muy cuestionado por el Gobierno socialista.

por Ricardo Angoso

Ni el CIS, ni el diario El país con sus agudas encuestas, ni otros oráculos de la izquierda, fueron capaces de atisbar la debacle que se avecinaba. Durante casi dos semanas intentaron hacernos creer que la mayoría absoluta del Partido Popular (PP) estaba en peligro y que en Galicia se estaba ad portas de conformarse un gobierno progresista conformado por el PSOE y el Bloque Nacionalista Gallego (BNG). Nada más lejos que de la cruda realidad; lo peor de algunos medios es que en sus análisis siempre confunden el deseo con la realidad.

Los resultados de las elecciones gallegas no dejan lugar a la duda: el PP barre en todas las provincias gallegas y grandes municipios, incluso subiendo 73.000 votos con respecto a las del 2020. Si ha perdido dos diputados es porque la participación ha sido mucho más alta, lo que ha beneficiado al BNG claramente, y en el reparto final de escaños, pese a conservar el 47% de votos en toda Galicia, como en el 2020, se ha visto perjudicado por el fuerte ascenso de los nacionalistas que le roban esos dos diputados. Con la mayoría absoluta asegurada, el PP tiene ante sí cuatro años muy tranquilos en esta comunidad, sin grandes sobresaltos ni necesidad de pactos.

En lo que respecta a los socialistas, hay que destacar que el PSOE es el gran perdedor de la jornada. Baja en votos (46.000) y en escaños (5) y queda muy lejos de ser una fuerza decisiva para un cambio a la izquierda en esta comunidad, tal como esperaban y anhelaban algunos. Además, si las elecciones eran un plebiscito sobre el líder popular, Alberto Núñez Feijoo, el tiro les ha salido por la culata y su posición se afianza aún más tras estas elecciones y la victoria obtenida en las generales, que aunque no le permitió llegar al gobierno consiguió acallar las voces críticas dentro del partido, el PP. Con apenas el 14% de los votos emitidos, el PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia en Galicia y la tarea de reconstruir el partido en esta comunidad será una obra titánica que requerirá grandes esfuerzos. Está claro que la impopularidad del gobierno central ha pasado factura a los socialistas.

SUMAR, PODEMOS Y VOX

En lo que respecta a la extrema izquierda, es decir, a Sumar y Podemos, los resultados son una catástrofe absoluta sin necesidad de emplear eufemismos. Sumar apenas obtiene 28.000 y un penoso 1,9%, muy lejos de las encuestas que aseguraban que se hallaba a punto de obtener un simbólico escaño. A la formación de Yolanda Díaz le falta una estrategia política definida para buscar su implantación territorial en toda España y centrarse en los problemas de los ciudadanos, objetivos básicos para salir de la marginalidad electoral y ganar credibilidad, algo que ahora se echa en falta en Sumar. El proyecto no arranca, no genera confianza en los electores, y sigue anclado en demagógicas ideas de un pasado trasnochado y superado.

A Podemos, la formación que fundara Pablo Iglesias y que en su día casi lograr dar el sorpasso al PSOE en unas generales, le ha ido todavía peor: consigue apenas 3.800 votos y un raquítico 0,26%. No cabe duda que la capacidad autodestructiva del tándem Ione Belarra-Irene Montero llevarán a esta fuerza política a su casi segura desaparición de la escena política en muy poco tiempo; cada día que pasa nuevos cuadros y militantes abandonan Podemos, un proyecto sin rumbo ni dirección y perdido en un discurso que es un collage de imprecisiones, boutades y manifiestas majaderías. Aparte de estas reflexiones, lo que está claro es que  mientras ambas formaciones persistan en enfrascarse en una lucha a muerte hasta el final de sus días y siga reinando la desunión en la izquierda, el futuro y su mera existencia están plagadas de más incertidumbres que certezas.

A la derecha pura y dura, Vox, que aspiraba al menos a obtener un representante en en la cámara gallega, tampoco le ha ido mejor que a las formaciones de la extrema izquierda. La llamada al voto útil por parte del PP ha tenido éxito y sus resultados han sido muy pobres. Con apenas 32.000 votos y algo más del 2,1% de los sufragios, Vox ha quedado muy lejos de conseguir sus objetivos en esta campaña y su líder, Santiago Abascal, suma una nueva derrota a su carrera electoral, cada vez más lejos de sus aspiraciones de superar algún día al PP en las urnas. Ya en las generales, el partido de Abascal perdió 19 diputados y tres puntos porcentuales con respecto a las elecciones de 2019, pasando del 15% de los votos al 12%, muy lejos del 33% obtenido por el PP en los comicios de junio de 2023.

En fin, las elecciones gallegas, vistas como una suerte de primera vuelta para todos los actores políticos, pueden ser la antesala de un año donde los socialistas pueden sufrir nuevos varapalos, toda vez que en las elecciones vascas, convocada para abril de este año, el PSOE siempre obtiene unos resultados más bien testimoniales, aunque le permiten gobernar al Partido Nacionalista Vasco (PNV) con sus escaños en Euskadi. Luego las elecciones europeas se están ya planteando en términos de política nacional, lo cual no beneficiaría a los socialistas y podrían ser castigados por la Ley de Amnistía y sus pactos con los nacionalistas más radicales, principales argumentos que utilizará el PP casi con toda seguridad en esta campaña que ya se avecina. Las elecciones europeas se celebrarán en junio próximo y quizá se produzca otro naufragio socialista. Atentos.

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