9 octubre, 2021

Los nazis entre nosotros

“Jaguar”, es la nueva serie de Netflix que propone llevar a sus televidentes a la España de los años sesenta, donde muchos nazis se refugiaron después de la Segunda Guerra Mundial.

Otto Skorzeny a la izquierda de Juan Domingo Perón – Foto: Wikipedia – Dominio Público

Nicole Levy Eidelman

Otto Skorzeny – Foto: Wikipedia – Dominio Público

“Jaguar”, es la nueva serie de Netflix que propone llevar a sus televidentes a la España de los años sesenta, donde muchos nazis se refugiaron después de la Segunda Guerra Mundial. La serie trata de Isabel, una sobreviviente del campo de Mauthausen, que quiere vengar la muerte de su padre y hermano a manos de Otto Bachmann, quien ahora vive en España, como un integrante de la alta sociedad. Isabel se integra a un grupo de agentes que tiene como misión atrapar nazis que entran a España como refugiados en vez de ser juzgados por la ley.

Sin estar tan alejado de la realidad, el personaje de Otto Bachmann representa a un militar nazi, Otto Skorzeny, quien fue llamado «el hombre más peligroso de Europa». Skorzeny fue famoso por liderar la operación Duce donde salvó a Mussolini en 1943, en los montes Apeninos en Italia donde permanecía preso, el líder se salvó de ser entregado a
los aliados. El militar, llegó a altos cargos durante la Segunda Guerra Mundial, hasta 1944 durante la batalla de las Ardenas cuando se le acusó del intento de asesinato a Dwight D. Eisenhower.

Tras el suicidio de Hitler, Skorzeny se rindió ante los estadounidenses. Tuvo un juicio en Dachau en 1947 donde no se le encontró culpable, sin embargo, tenía que responder por otros crímenes de guerra, pero, nunca llegó a hacerlo, ya que, logró huir con la ayuda de excompañeros de la SS a España. De España, viajó varias veces a Argentina, donde conoció al presidente Juan Domingo Perón, y se volvió asistente y guardaespaldas de su esposa, Eva Perón.

En 1957, Skorzeny viajó a Irlanda donde se compró una granja. Se dice que escondía excompañeros del nazismo en su granja y les facilitaba la ruta de escape hacia Sudamérica y Estados Unidos, pero nunca se le pudo probar nada. Finalmente, en 1975, murió de cáncer en su casa en España donde fue enterrado por sus compañeros con la bandera nazi.

Otros simpatizantes nazis, Pierre Laval, Abel Bonnard, y Maurice Gabolde, colaboradores de Hitler, acusados de encarcelar y torturar a miles de judíos franceses en Auschwitz, llegaron a España con la ayuda de José Félix de Lequerica, embajador español en Paris. Laval fue entregado a la justicia francesa, pero Bonnard y Gabole nunca fueron
condenados y murieron de viejos en España.

Se conocen historias como las de Hauke Pattist, un teniente de la Wafflen-SS quien llegó a España en 1956 huyendo de la justicia holandesa, donde había sido condenado a cadena perpetua. Holanda trató varias veces de pedir su extradición, pero esto nunca fue posible y murió en el 2001 como un hombre libre a los 80 años en Asturias.

Antón Galler también llegó a España huyendo de sus crímenes de guerra. Fue el responsable de la matanza de Santa Ana en Italia, donde se exterminaron miles de niños y mujeres con una violencia indescriptible. Residió en Alicante, donde murió a los 95 años sin ser culpado. 

Existen miles de nazis que, como estos, fueron exiliados en España, sin ser condenados y sin justicia alguna después de todo el daño que le hicieron a millones de personas.

Algunos hijos de nazis se dieron cuenta del daño que habían hecho sus padres, pero algunos otros se sintieron orgullosos y siguieron los pasos de sus antepasados. Gudrun, hija de Heinrich Himmler, siempre se sintió orgullosa de su padre, y siguió teniendo vínculos con los nazis hasta su muerte en el 2018.

Edda Göring, hija de Hermann Göring, siempre se negó a ver el papel de su padre en el Holocausto. Göring, juzgado en Nuremberg, se suicidó antes de ser ahorcado, no sin antes dejar su legado en su hija Edda, quien, a los 76 años, en el 2015, demandaba para que se le restituyeran los bienes confiscados a Göring en las épocas del Holocausto.

Las atrocidades que se cometieron en el Holocausto no tienen nombre. No se puede entender que miles de asesinos, los peores de la humanidad, hayan quedado impunes y hayan escapado a varios países donde nunca fueron juzgados. No se entiende, cómo muchos de sus hijos siguieron simpatizando con el movimiento nazi hasta hace pocos años, incluso hasta el día de su muerte. ¿Cómo es posible que como sociedad se haya permitido y se siga permitiendo que nazis vivan entre nosotros? Como dijo Albert Einstein: «El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad».

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