19 julio, 2021

Las vicisitudes del nuevo gobierno

En los actuales momentos en Israel, con un nuevo gobierno en funciones hace poco más de un mes, nos estamos acostumbrando -muy lentamente- a la idea de que Benjamín Netanyahu es ahora el jefe de la oposición; y en ese rol no acapara tanto la atención pública como lo viniera haciendo hasta hace muy poco […]

Naftali Bennett – Foto: GPO Kobi Gideon

En los actuales momentos en Israel, con un nuevo gobierno en funciones hace poco más de un mes, nos estamos acostumbrando -muy lentamente- a la idea de que Benjamín Netanyahu es ahora el jefe de la oposición; y en ese rol no acapara tanto la atención pública como lo viniera haciendo hasta hace muy poco (aunque ahora como jefe de la oposición hostigue permanentemente al gobierno). Y es que -también muy lentamente- aparecen señales, aquí y allá, de que algo estaría cambiando; aun si estas señales están todavía muy mezcladas con otras que apuntan a la continuidad de muchas de las políticas de los últimos años.

Así, a título de ejemplo y en lo positivo, en materia de política exterior hay una notoria tendencia a estrechar relaciones con la actual administración  estadounidense y con la Unión Europea, así como generar acercamientos hasta hace poco casi  inexistentes con  países como Turquía y Jordania y aún con la Autoridad Palestina (como lo atestiguan las conversaciones del Presidente Isaac Herzog con Erdogan de Turquía y con Abbás de la AP., así como el encuentro del ¨Primer Ministro Bennett con el rey de Jordania). En el ámbito interno destaca la resolución de la Suprema  Corte de Justicia por la que se anulan  las restricciones existentes en la ley de gestación subrogación (práctica por la que una mujer accede a gestar y dar a luz un bebé para  otra persona o pareja) para las parejas homosexuales y padres solteros, así como también el rechazo de la prolongación de la ley que prohíbe la reunificación de parejas palestino-israelíes (aunque la mayor parte de la coalición votara la prolongación de esa ley).  En el plano económico, el ministro de Hacienda Avigdor Liberman anunció que cesarían a partir de septiembre los subsidios para niños cuyo padre no trabaja o estudia en alguna institución no religiosa, con la finalidad explícita de aumentar la participación de jaredim en el mercado de trabajo.

Pero por otra parte, la Suprema Corte de Justicia, con el voto de diez de once jueces y con el beneplácito de muchos de los actuales ministros del gobierno, ha declarado recientemente la constitucionalidad de la ley básica del Estado Nación del Pueblo Judío, denegando las varias peticiones hechas, que sostienen que esa ley va en contra del carácter democrático del Estado y es discriminatoria para una parte significativa de la comunidad nacional. Y con el acuerdo tácito -o la impotencia- de las autoridades correspondientes (véase la opinión de Omar Bar Lev, ministro de Seguridad Pública, en Haaretz-inglés del 18/7),  se negó a Khalida Jarrar, presa en Israel por pertenecer al Frente Popular para la Liberación de Palestina -organización definida como terrorista-  el permiso para asistir al sepelio de su hija, pese a que sería liberada en octubre de este año. En cuanto a los territorios ocupados, el reciente caso del asentamiento ilegal de Eviatar, que se había ordenado desalojar y demoler, pero cuya orden no se cumplió en su oportunidad, sirve para ejemplificar la continuidad de las políticas a ese respecto. Lo que se alcanzó fue un acuerdo entre los pobladores y el gobierno de desalojar, pero no demoler lo construido, mientras se investiga durante seis meses la propiedad de esas tierras, reclamadas por las aldeas palestinas vecinas.

Las menciones anteriores, que podrían ampliarse, sirven para evidenciar las tensiones de y dentro de una coalición que abarca izquierdas y derechas (en la peculiar connotación israelí de derechas e izquierdas) y muestran como ésta oscila entre el mantenimiento del status quo e intentos de trascenderlo y superarlo, sin que hasta el momento resulte claro cuales tendencias tendrán mayor chance de imponerse, lo  que resulta curioso visto desde afuera, es cómo se han producido un par de episodios políticos en que la Lista Conjunta de los partidos árabes en la Knéset ha votado junto con la oposición encabezada por el Likud, y en ambos casos se trataba de iniciativas de ley que impactan directamente a la comunidad árabe israelí.

El primero de esos episodios, ya mencionado anteriormente, correspondió a la propuesta de prolongación de la vigencia de la ley que prohíbe la reunificación de parejas israelí-palestinas, propuesta derrotada precisamente por los votos de la Lista Conjunta y de la oposición encabezada por el Likud (pese a que ideológicamente éstos siempre defendieron esa ley); el segundo se refiere a una propuesta de la Lista Conjunta de establecer una comisión parlamentaria para investigar las fallas policiales en el tratamiento del crimen organizado en las comunidades árabes del país. En ambos casos, la coalición de gobierno, sin distinción de “derechas” e “izquierdas” votó contra los intereses de la comunidad árabe israelí, mientras que la oposición de derecha (el Likud y los partidos ultrareligiosos) se opone a todo lo que sean propuestas del gobierno, sin importar el signo de esas propuestas.

Desde un cierto punto de vista podría decirse que el actual gobierno se está acercando, con sus idas y vueltas, a una encrucijada en la que tendrá que decidir qué orientación tomará y en qué medida definirá su propio perfil, no ya como respuesta a lo que fuera la era de Netanyahu, sino como una propuesta propia de estrategia política. Sin embargo, la propia constitución de esta coalición, la increíble mezcla de posiciones (y sí, de ideologías) opuestas, establece límites a las posibilidades de elaborar una propuesta compartida. Esto lleva a pensar que lo mejor que se puede esperar es que esta coalición se mantenga lo suficiente para que desaparezca del panorama político la posibilidad de un retorno de la era Netanyahu y en este escenario, las idas y vueltas políticas estarán a la orden del día, con una coalición más que heterogénea frente a una oposición que ha perdido el sentido de las proporciones -y de la decencia política- en su afán de reconquistar el poder

Pero mientras tanto, el gobierno debe gobernar, es decir, conducir y administrar los destinos del país a través de la promulgación y aplicación de normas y la vigilancia del cumplimiento de las mismas y nada más emblemático de esta caracterización de gobernar que la preparación, discusión y aprobación del presupuesto y la vigilancia de su correcta aplicación. Por ello, es probablemente en esta área donde se juegue el destino de este gobierno, tanto en su lucha contra la oposición como en términos de los acuerdos y desacuerdos que se ventilen al interior de la propia coalición.

El Ministerio de Hacienda ha hecho público el cronograma previsto para el tratamiento del Presupuesto. De acuerdo a éste, a principios de agosto se presentaría al Gabinete el borrador del presupuesto 2021-2022 para su discusión y eventual aprobación por el Ejecutivo y envío a la Knéset.  Una primera lectura en la Knéset tendría lugar a comienzos de septiembre y la aprobación final debería darse no más tarde del 5 de noviembre, so pena de disolver la Knéset y convocar nuevamente a elecciones y a través de este presupuesto se deberían de definir una serie de líneas estratégicas del funcionamiento de la economía y de la sociedad israelí que requieren ser profundamente revisadas.

Algunos de los problemas y situaciones que es necesario resolver se centran en la revisión del modelo de funcionamiento de la economía israelí y en su vinculación con la evolución actual y futura de la sociedad israelí.  La economía israelí, pujante como es en términos macroeconómicos, está compuesta en realidad por una parte dinámica y altamente productiva, caracterizada por la alta tecnología y la capacidad de innovación y responsable por el avance de las exportaciones de bienes y servicios, pero junto a otra parte, mayoritaria en términos de ocupación, con baja productividad y bajo nivel tecnológico. La superación de esta situación, que no es exclusiva del país, pero que en Israel alcanza alta proporciones y tiende a perpetuarse, requiere para ser superada una transformación profunda del sistema educativo, por un lado, y una fuerte participación del Estado en la definición de un proyecto de desarrollo que incorpore las innovaciones tecnológicas que los sectores tradicionales necesitan para aumentar su participación en la economía local.  La preocupación por generar empleos adecuados para una mano de obra mejor calificada, incorporando a los sectores poblacionales hoy minoritarios en la fuerza de trabajo es un desafío pendiente, dentro de ese proyecto de desarrollo.

Esta temática no agota las necesidades de revisión y transformación del funcionamiento de Las comunidades que constituyen la sociedad israelí. Pretende sólo ser una muestra de las temáticas que afectan a esta sociedad, entre las cuales las políticas, que abarcan tanto el ámbito interno como el externo, son quizás las que más atención requieren (pero son quizás las que menos atención reciben).  Pero ello deberá ser objeto de una próxima nota. Hasta entonces ¡salud!-

Compartir

#, #, #, #

Más sobre Opinión