La Tercera Guerra Mundial probablemente comenzará en Moldavia

¿Cuál es el objetivo final de esta guerra?

Sede del Gobierno en Tiráspol – Foto: Wikipedia – CC BY-SA 3.0

Ricardo Angoso

Aparte de la anexión por parte de Rusia de una buena parte del territorio de Ucrania, como Crimea y el Donbás, sigue siendo la creación de un gran corredor territorial desde los territorios ahora ocupados hasta la frontera con Moldavia y anexionarse Transnistria, una región secesionista prorrusa en ese país. ¿Qué hará entonces Occidente, quedarse con los brazos cruzados y aceptar la política de los hechos consumados como en Crimea?

De la misma forma que la Segunda Guerra Mundial comenzó de la forma más nimia y un motivo casi meramente superficial utilizado por los nazis para comenzar su expansión en el continente y dominar a Europa, como fue la crisis de los Sudetes, ahora Europa parece encaminarse a un conflicto de idénticas características sin ser consciente de su destino y con unas circunstancias igual de parecidas. En ambos casos, convergen un líder con delirios nacionalistas y totalitarios, como lo son Vladimir Putin y Adolf Hitler, salvando las distancias históricas e ideológicas, y un proyecto expansionista y con apetencias hacia sus vecinos, como lo son la Rusia del sátrapa ruso y la Alemania nazi.  

Hace unos tres meses estuve en Chisinau, la capital de Moldavia, cuando ya sonaban los tambores de guerra en Rusia y todo el mundo temía lo peor. Salí de allá el 23 de febrero, al día siguiente Rusia atacaba e invadía Ucrania y los peores pronósticos, aquellos que todos los moldavos esperaban, pero rezaban para que no sucedieran, se cumplieron con fatídica perfección. La maquinaria militar rusa, preparada desde hacía meses para dar su brutal zarpazo a la indefensa Ucrania, que apenas se creía que la amenaza se podía hacer realidad, atacó por tierra, mar y aire a esta nación europea. Desde hacía mucho tiempo, el presidente norteamericano, Joe Biden, y sus servicios secretos venían alertando al mundo de los planes de Rusia para perpetrar su agresión y llevar al mundo frente al abismo en el que estamos ahora. El líder norteamericano, Biden, desgraciadamente acertó.

Moldavia, pegada a la televisión durante los días previos a la agresión rusa y esperando lo peor, tenía miedo y no era para menos. Se vio que el temor era lógico y no era de extrañar porque durante años han sufrido la ocupación de una parte de su territorio a manos rusas, la región de Transnistria, y saben cómo son las tropas rusas, muy aptas para preparar todo tipo de fechorías y violar todas las normas del derecho internacional al mismo tiempo. 

En la mini guerra civil que sufrieron, entre 1990 y 1992, padecieron lo indecible y tuvieron miles de bajas, sobre todo civiles, aparte de miles de refugiados y desplazados a causa del ataque perpetrado por el XIV Ejército ruso, todavía instalado en la región de Transnistria y sosteniendo por la vía militar al gobierno secesionista en esa parte de su país. Cualquier tentativa de negociación y resolución del conflicto con los separatistas alzados en armas en esta república fantoche choca siempre con el muro de Moscú: el sátrapa ruso pretende tener bajo su égida a ese territorio y así evitar sus posibles devaneos atlantistas y europeístas. La Unión Europea (UE) y la OTAN son las dos bestias negras de Putin.

DE ODESA A TRANSNISTRIA, ¿UN PASEO MILITAR?

Ahora el objetivo de Putin es el gran corredor, del que ya hemos hablado en estas líneas varias veces. Los ataques casi diarios a Odesa, tras haber capturado Mariúpol y cerrado el mar de Azov a Ucrania, revelan a las claras la estrategia rusa, que tiene mucho que ver con sustraer de su salida natural al mar Negro al país invadido, privándole a su ya de por sí maltrecha economía al acceso a la economía global y aislándola del mundo. 

Putin pretende crear, como sostengo y han augurado otros analistas, un gran corredor territorial desde las regiones ocupadas en el Donbás hasta casi la frontera de este país con Moldavia, pasando por Crimea y Mariúpol. El riesgo de una previsible anexión de la región ocupada e “independiente” de Transnistria sigue sobre la mesa y desbordaría los límites territoriales del conflicto. Rusia no ha dejado de expandirse territorialmente desde el año 1991, cuando la URSS implosionó y comenzó una nueva era en el orden internacional.

Y la estratégica ciudad de Odesa, parada clave si uno observa el mapa, es la siguiente estación de las fuerzas rusas. Con la previsible caída de esta urbe, el camino hacia el objetivo final estaría completamente allanado. ¿Por qué? Odesa, junto con el puerto de la ya ocupada ciudad de Maríupol, constituye la salida natural de Ucrania al Mar Negro. Odesa, además, se encuentra muy cerca de la frontera con Moldavia y apenas a decenas de kilómetros de la región separatista y alzada en armas de Transnistria. 

De consumarse la caída de Odesa, algo que no se produciría de la noche a la mañana, dados los problemas que están encontrando los rusos en su guerra contra Ucrania y también por la heroica resistencia que ofrecen los ucranios, el peligro se consumaría, ya que esta ciudad está a menos de cien kilómetros de la capital de Transnistria, Tiraspol, y podría constituir una excelente base militar para continuar Rusia con su campaña militar. Una anexión de esta región por parte de Rusia es un escenario que no debe descartarse, desbordando los actuales límites territoriales de la guerra hacia Moldavia, un país pobre, sin apenas ejército y que no es miembro de la OTAN.

¿Qué haría entonces Occidente, quedarse otra vez de brazos cruzados y dejar que Moldavia se convierta en una nueva pieza del ajedrez postsoviético que el máximo líder ruso va construyendo a sangre y fuego? Moldavia apenas tiene ejército para defenderse, Occidente le ha dado escurridizas respuestas de defensa en caso de ser atacada y Rusia sabe que los europeos son expertos en el arte retórico sin apenas hechos, como tantas veces ha ocurrido a lo largo de su historia; desde la crisis de los Sudetes hasta la guerra que ahora vivimos en Ucrania.   Moldavia apenas podría ofrecer resistencia a los rusos y sería ocupada sin rechistar en días. Atentos, Moldavia vuelve a estar en el punto de mira de Moscú y la guerra, lejos de terminar, se estanca y alarga sin que nadie tenga la respuesta acerca de cuándo será su final.

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