28 octubre, 2021

La presión estadounidense amenaza los fructíferos lazos entre Israel y China

En 2020, el comercio bilateral rozó los 12.000 millones, convirtiendo a Pekín en el segundo mayor socio comercial del Estado judío.

Puerto de Haifa Foto ilustración: Zvi Roger Municipalidad de Haifa Wikimedia Commons CC BY 3.0

La fructífera relación económica entre Israel y China, cuyas cifras se duplicaron en la última década, está amenazada por una creciente presión estadounidense para reducirla, un fenómeno que analistas describen como global aunque marcado en este caso por la dependencia militar del Estado judío respecto a Washington.

En el año 2009, el comercio entre Israel y China ascendió a 4.5000 millones de dólares. En 2020, esa cifra ya rozó los 12.000 millones, convirtiendo a Pekín en el segundo mayor socio comercial de Israel.

Tendencias similares, incluso más marcadas, aparecen en materia de inversiones, con inyecciones de varios miles de millones de dólares, sobre todo en alta tecnología, biomedicina, infraestructura y telecomunicaciones.

Estos números, resultado de una política promovida por el ex primer ministro Benjamín Netanyahu, sumados a una serie de importantes proyectos de infraestructura en manos chinas en Israel, hicieron sonar la alarma en Estados Unidos, que desde hace años se encuentra enredado en lo que ya cada vez más expertos -y hasta funcionarios- describen como una «Guerra Fría» con el gigante asiático.

OPORTUNIDADES PARA UNO, AMENAZA PARA EL OTRO

«Un diálogo sincero sobre los riesgos que una estrecha cooperación con China presentan a nuestros intereses mutuos en materia de seguridad nacional». Así se refirió el Departamento de Estado de EE. UU. a la conversación (¿o reprimenda?) que el secretario de Estado, Anthony Blinken, mantuvo hace dos semanas en Washington con el ministro de Exteriores israelí, Yair Lapid, sobre China.

Este asunto es sensible desde hace tiempo pero en los últimos meses ha ascendido en la escasa lista de desacuerdos entre estos dos grandes aliados.

A comienzos de este siglo, la objeción -devenida en veto- de Estados Unidos a la venta de tecnologías militares israelíes a China resultó en la ruptura de relaciones entre el país asiático y el Estado judío en materia de Defensa, limitando así los lazos sobre todo a cuestiones económicas.

Recientemente, sin embargo, la concesión a una empresa propiedad del Gobierno chino de la gestión de una nueva terminal del puerto de Haifa -donde no solo tiene presencia la Marina israelí sino frecuentemente también la estadounidense-, generó una fuerte respuesta de la Casa Blanca y destapó una creciente incomodidad frente al «affaire» chino-israelí.

Las principales preocupaciones, según lo expresado por funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, son el doble uso (civil y militar) que China podría darle a determinadas tecnologías y proyectos de infraestructura israelíes, y la creciente influencia que el gigante asiático pueda ejercer sobre el país a medida que el vínculo económico se fortalece.

«La presión siempre estuvo ahí, desde hace muchos años, la diferencia es que ahora se hizo pública», explica Matan Vilnaí, que agrega que durante los cinco años que sirvió como embajador israelí en Pekín, entre 2012 y 2017, tuvo «en mente a Estados Unidos en cada paso que daba».

En opinión del profesor Aron Shai, exrector de la Universidad de Tel Aviv y uno de los principales expertos en China del país, mientras que la preocupación estadounidense sobre las inversiones chinas se extiende a todo el planeta, la presión que Washington ejerce sobre Israel es proporcional a su contribución (más de 3 mil millones de euros anuales, sobre todo en ayuda militar).

CHINA, MÁS PRESENTE EN ORIENTE MEDIO

Los reclamos estadounidenses no solo tienen lugar en el marco de una competencia geoestratégica global, sino también una más específica, que tiene lugar en Oriente Medio.

Los proyectos de inversiones de las «Nuevas Rutas de la Seda» con los que China busca maximizar su influencia en diferentes partes del mundo, le han convertido en el principal inversor en la región.

Además, es el principal socio comercial de más de la mitad de los países de la zona, que es también su principal proveedora de recursos energéticos.

Más allá de reforzar el argumento de Washington, indican distintos analistas, esto podría convertirse en un factor en las consideraciones de Israel, que observó con preocupación el multimillonario pacto que Pekín firmó con Irán a principios de año y que es consciente de que la cada vez más evidente retirada de EE. UU. de la región abre una puerta a una potencia global más impredecible.

«Estoy seguro de que podemos encontrar la manera de trabajar con los estadounidenses y los chinos sin un enfrentamiento entre ellos o nosotros», apunta Vilnaí, que, aunque no ve con malos ojos un mayor involucramiento diplomático de Pekín en la región, tiene claro que al fin y al cabo la alianza estratégica con Washington es «parte de la estrategia de supervivencia del Estado de Israel». EFE

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