13 noviembre, 2021

La muerte de Arafat, hombre de símbolos y sufrimiento, unificador y divisor.

Esta semana hace diecisiete años

Yasser Arafat Foto: Hans Jørn Storgaard Andersen Wikimedia Commons Dominio Público

Por Yohanan Tzoreff

La muerte de Arafat hace 17 años esta semana es un hito en la historia del movimiento nacional palestino y el conflicto palestino-israelí.

Más que cualquier otro líder palestino, Yasir Arafat será recordado como el que unió al pueblo palestino.

Es el hombre que, después de la Guerra de los Seis Días, logró con el movimiento Fatah tomar el control de la OLP, una organización que hasta entonces estaba bajo el patrocinio árabe.

Su liderazgo en la OLP desde 1968 marcó el comienzo de la representación palestina independiente y el acercamiento al pueblo palestino como una entidad nacional árabe independiente.

Muchos palestinos consideran que ha creado un hogar político para todo palestino, y que supo cómo lidiar con los intentos de los países árabes de intervenir e influir, así como comunicarse con Occidente de una manera que sus muchos admiradores interpretaron como mantenerse firmes y no renunciar a importantes principios nacionales.

El agotamiento que los regímenes árabes evidenciaron después de la Guerra de los Seis Días, y más aún después de la Guerra de Yom Kippur, le dio a Arafat y a la OLP un lugar cálido en los corazones de los grandes públicos del mundo árabe, que vieron la lucha armada en curso con Israel como la expresión del nacionalismo árabe que se perdió tras esas derrotas.

La simpatía en la calle árabe por la causa palestina fue, por lo tanto, un factor de restricción en la actitud de los regímenes árabes hacia la OLP, por temor a incitar a las masas.

Al mismo tiempo, el líder palestino fue muy controvertido.

Nunca dirigió la organización de manera ordenada y vio la realidad del caos constante como una de las características obligatorias de la era de la revolución y la liberación.

Además, nunca logró sacar a la OLP de las profundas crisis que le provocó y de la causa palestina, y supo cabalgar las olas creadas por otros elementos para volver al centro de la arena, como la primera intifada, que lo devolvió al centro y le dio permiso popular para reconocer a Israel y aceptar el principio de dos estados para dos pueblos.

Los diez años que dirigió la Autoridad Palestina y la OLP después de la firma de los Acuerdos de Oslo fueron devastadores para este proceso.

Continuó actuando como si la era de la revolución no hubiera terminado, continuó manteniendo la opción militar, le dio a Hamas y las organizaciones de oposición un espacio operativo que no debería haber dado y despertó un gran resentimiento entre su pueblo.

Por lo tanto, su muerte generó una especie de suspiro de alivio entre los líderes de la OLP.

En la historiografía palestina, Arafat seguirá siendo recordado como un gobernante destacado y padre fundador, basado en el orgullo nacional y la aspiración a la independencia que pudo inculcar entre su pueblo.

Además, el mito del envenenamiento que se desarrolló en torno a su muerte, y del que Israel fue acusado, le otorgó la condición de un mártir que murió en defensa de su pueblo, a pesar de la declaración inequívoca de sus médicos franceses de que falleció de muerte natural.

Fuente: INSS The Institute for National Security Studies

Compartir

#, #, #, #, #

Más sobre Medio Oriente