24 octubre, 2021

La matriarca Rajel. Breve reflexión.

Así dice el Eterno: «Una voz es oída en Rama, una lamentación y llanto amargo; es Rajel. Ella llora por sus hijos, se niega a ser reconfortada ya que sus hijos no están».

Tumba de Raquel – Fotografiada en 1930 – Foto: Wikipedia – Dominio Público

Libro de Jeremías 31, versículo 14.

Dr. Natalio Daitch

La historia de Rajel.

En este primer bloque, repasamos un poco la historia de la matriarca. Su tumba al lado de Bet Lechem constituye el tercer lugar más sagrado para el judaísmo luego del Monte del Templo en Ierushaláim y la Tumba de los Patriarcas y el resto de las matriarcas en la ciudad de Hebrón.

Hace pocos días fue su Hilulá (aniversario de fallecimiento y elevación espiritual), ella murió en el parto de su segundo hijo Benjamín, a la edad de 36 años. Su Hilulá es el 11 del mes de Mar-Jeshván.

El lugar de su sepultura, al costado del camino, donde pasarían luego los exiliados de Babilonia y muchos otros, es algo más que un mero simbolismo.

Rajel constituye según el relato bíblico el arquetipo de la madre (modelo original que sirve como pauta para copiarlo ya que representa la perfección de algo), que manifiesta un amor desinteresado, y atributos muy relacionados con lo femenino, como ser la capacidad de entrega y sacrificio por otros. Se trata de la madre abnegada, que sufre en silencio, que resigna, que calla ante la ofensa, que cede, que aguarda, que espera el retorno de sus hijos. Que llora siempre por ellos en sus eternas desgracias.

Hashem la escucha.

Y obvio hay mucho escrito sobre esto. El Todopoderoso solo atiende el llanto de Rajel, ya que ella representa la integridad, la pureza y la justicia.

Una mujer que, siendo inicialmente estéril, logra contenerse y trocar odios y/o resentimientos en sentimientos positivos.

Ante semejante humanidad, capaz de sortear pruebas muy difíciles para la naturaleza humana, no cabe duda, que se trata de una mujer admirable y digna de ser escuchada, de ser atendida, de ser respetada y de ser venerada (obviamente a la manera judía).

Y entonces D’os le responde: Así dice el Eterno (Libro de Jeremías): «Guarda tu voz del llanto, y tus ojos de lágrimas, porque hay recompensa para tu esfuerzo».


Los que están y los otros.

No cabe duda cuantos judíos van a rezar y a pedir en su Tumba (las mujeres para pedir hijos y por causas diversas), muchos ortodoxos y no tanto. Y también hay muchos otros hebreos ausentes, esas sillas vacías en Templos y escuelas y en centros comunitarios y aún en muchas mesas familiares. Aquellos judíos perdidos, asimilados, cuasi-asimilados, o errantes. Y puede que también muchos de nosotros que nos pensamos incluidos y practicantes, también cada uno en su nivel espiritual, tenga/mos momentos o tiempos de alejamiento, y puede que en muchos casos otras situaciones de acercamiento y reencuentro.

Entonces, la constancia y la firmeza de la matriarca Rajel (esposa del patriarca Iaakov) marca la diferencia. Ella no flaquea en su dolor y su llanto permanente. Su angustia y preocupación por todos sus hijos es sustentable en todo tiempo y su desconsuelo es por todos los hijos de Israel sin excepción. Por aquellos que la aman, y por esos otros que la ignoran o que ignoran su idishkait. También sus lágrimas acompañan a los israelitas en ese largo derrotero de persecuciones, matanzas y en ese holocausto silencioso de aquellos que pierden identidad y un sentido de pertenencia.


Final.

Para concluir, la matriarca Rajel, que simboliza la piedad y la bondad espiritual, se constituye en una candela. Un faro y una luz o el último bastión para un anhelo de redención que es histórico y eterno. Ella reza a Hashem que por su misericordia traiga a los hijos de vuelta a la Tierra de Israel. Y nuevamente en el libro del profeta Jeremías encontramos la promesa de D’os que le asegura un final feliz a esta terrible historia de destierros de la patria ancestral pero también de aquellas diásporas que tienen que ver con destierros o alejamientos espirituales mezclados con angustias existenciales y dificultades que afectan tanto a grupos, parejas como a individuos en particular… y en las Sagradas Escrituras nuevamente se afirma: «Sepa, pues que tus hijos, ellos volverán de la tierra del enemigo. Y hay esperanza para tu futuro, dice el Eterno, y tus hijos volverán a su frontera (a la Tierra de Israel)».

Me despido reflexionando que «la frontera y la tierra del enemigo», no solo aluden a límites físicos o geográficos, también se trata de retornar a las raíces ancestrales, y volver a formar parte de la famosa cadena generacional. No debemos olvidar que la Torá es luz, y fuera de sus límites solo reina una y temible y profunda oscuridad.

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