La Justicia podría revisar el atentado de Lockerbie, treinta años después

La noche del 21 de diciembre de 1988, los habitantes del pequeño pueblo escocés de Lockerbie escucharon una atronadora explosión que tiñó el cielo de naranja. Treinta años después del peor atentado terrorista en suelo británico, la Justicia estudia una petición para reabrir el caso. En víspera de las fiestas navideñas, el vuelo 103 de […]

Restos del avión del vuelo 103 de Pan Am tras el atentado en Lockerbie Foto: Air Accident Investigation Branch Wikimedia OGL 2

La noche del 21 de diciembre de 1988, los habitantes del pequeño pueblo escocés de Lockerbie escucharon una atronadora explosión que tiñó el cielo de naranja. Treinta años después del peor atentado terrorista en suelo británico, la Justicia estudia una petición para reabrir el caso.

En víspera de las fiestas navideñas, el vuelo 103 de la aerolínea estadounidense Pan Am, que despegó del aeropuerto londinense de Heathrow en dirección al John F. Kennedy de Nueva York, explotó a su paso por la frontera entre Inglaterra y Escocia, provocando la muerte de 270 personas: sus 259 ocupantes y 11 residentes de Lockerbie.

Un radiocasete, escondido en una maleta que viajaba en la bodega, contenía una bomba que se accionó treinta y ocho minutos después del despegue y que dejó un escenario macabro en tierra, con más de 1.500 toneladas de material esparcidas y cuerpos que nunca se recuperaron.

Algunas de las víctimas del mayor ataque terrorista de la historia británica reciente, así como los familiares del único condenado, el libio Abdelbaset al Megrahi, consideran probable que hubiese un error judicial que ha impedido juzgar a los culpables.

Megrahi, que siempre defendió su inocencia, fue el único condenado en un juicio que se celebró en 2001 en Holanda, bajo la ley escocesa y en el que fue sentenciado a 27 años de cárcel.

En 2002, Megrahi perdió una apelación y cinco años después se le concedió un segundo intento que, sin embargo, decidió abandonar al recibir la libertad por razones humanitarias, ya que padecía un cáncer terminal que acabó con su vida en 2012.

El conocido abogado Aamer Anwar, que representa a los familiares de Megrahi y de algunas de las víctimas británicas, ha solicitado a la Comisión de Revisión de Casos Criminales de Escocia poder presentar una nueva apelación al considerar, según afirmó, que la autoría del atentado «no está zanjada».

Anwar espera que la decisión sobre si el caso vuelve a los tribunales se produzca «a inicios de 2019» y que «se pueda determinar si hubo o no un error judicial».

«Megrahi apeló, pero al contraer cáncer creemos que se le presionó para que retirara la apelación porque se le dijo que, a menos que lo hiciera, iba a morir en prisión, así que decidió retirarla para poder volver a Libia y morir con su familia», señaló.

Según el letrado, que también representó a la ex consejera catalana Clara Ponsatí en su proceso de extradición a España, existen «asuntos extremadamente significativos» sobre el atentado que no fueron recogidos por la defensa en el juicio, en el que acusa al Ejecutivo británico de haber interferido.

«Recientemente se ha sabido que el Gobierno británico estuvo destruyendo importantes documentos mientras el proceso judicial estaba en marcha, por lo que hemos pedido que todo el material que pueda contener alguna prueba significativa sea revelado», indicó.

Las dudas sobre la condena de Megrahi y el papel desempeñado por la CIA en la recopilación de pruebas contra él persisten a día de hoy sobre un caso que atrajo la atención internacional.

De confirmarse tales sospechas, según el abogado, «se demostraría que los gobiernos británico y estadounidense han mantenido una mentira monumental durante 30 años y han ocultado a los verdaderos culpable de esta atrocidad».

Algunas teorías sostienen que el derribo en julio de 1988, por parte de Estados Unidos, del avión civil 655 de Iran Air, en que murieron 290 personas, provocó que Irán encargara a un grupo terrorista palestino, con sede en Siria, el ataque de Lockerbie solo cinco meses después.

Los investigadores británicos y estadounidenses acusaron del atentado a los ciudadanos libios Al-Megrahi y Al-Amin Khalifa Fhimah, lo que desencadenó una crisis diplomática con Libia, que durante años se negó a extraditarles.

Entonces, el país fue objeto de sanciones internacionales como el embargo militar, aéreo y de equipos petroleros y la congelación de fondos, que fueron suspendidos cuando el entonces presidente, Muamar al Gadafi, aceptó entregarles a Holanda, donde los jueces absolvieron a Fhimah y condenaron a Megrahi.

Las víctimas fueron recordadas con varios actos y ofrendas florales en el jardín de la memoria de Lockerbie y al otro lado del Atlántico, en homenajes que tendrán lugar en los estados de Nueva York y Virginia, y los cuarteles del FBI en Washington. EFE y Aurora

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