31 mayo, 2019

La herencia judío-otomana permanece viva en barrio La Merced de Ciudad de México

El antiguo Imperio Otomano y el barrio de La Merced de Ciudad de México tienen una relación poco conocida que permanece viva desde hace más de un siglo gracias a inmigrantes judíos que se establecieron en esta zona del centro de la capital mexicana. En el marco del «Encuentro Internacional Al Ándalus en México. Supervivencias […]

Plaza de la Aguilita en el barrio La Merced Foto: Mexch Wikimedia CC BY-SA 3.0

El antiguo Imperio Otomano y el barrio de La Merced de Ciudad de México tienen una relación poco conocida que permanece viva desde hace más de un siglo gracias a inmigrantes judíos que se establecieron en esta zona del centro de la capital mexicana.

En el marco del «Encuentro Internacional Al Ándalus en México. Supervivencias e imaginarios», que se desarrolla del 27 de mayo al 2 de junio, se quiso enfatizar sobre la memoria de esta comunidad mediante un recorrido en el que fueron visitados diferentes lugares que -de una forma u otra- tuvieron nexos con la misma.

Entre los lugares analizados figura la Plaza de Loreto, uno de los corazones de La Merced y en donde se reunía una parte del colectivo judío de origen otomano que se estableció en Ciudad de México.

A un costado de este espacio se observa aún hoy la que fue primera sinagoga de la capital, inmueble fundado en 1923, así como el edificio del primer centro escolar hebreo de la metrópoli.

Sin embargo, la herencia semítica de La Merced no finaliza aquí. Según la documentación conservada, en la Plaza de La Santísima se fundó la primera entidad judía de la ciudad -una beneficencia- a inicios de la década de 1910.

De igual forma, en las proximidades de la calle de Guatemala todavía hay posibilidad de acceder a diferentes vecindades en las que -tal y como confirman los testimonios- vivieron diversas familias judías.

En cualquier caso, durante la visita no sólo se mostraron espacios físicos. También se exhibieron algunos recursos materiales generados por dicha comunidad, como fotografías, documentos migratorios o la invitación a un «Bar Mitzvá» -un rito de pasaje tradicional judío- de un chico de trece años.

El mencionado festejo tuvo lugar en 1926 en una vecindad de La Merced, emplaza en la calle Loreto, número 7.

Los primeros judíos que llegaron a México procedían del Imperio Otomano, un Estado que extendió su dominio entre 1299 y 1923 y que, en los momentos de mayor esplendor, llegó a controlar diversos territorios del sureste europeo, Medio Oriente y norte africano.

Llegaron a partir del 1900, tal y como señaló Mónica Unikel-Fajsa, investigadora sobre el legado del referido colectivo. Procedían de lugares aún bajo dominio otomano que se correspondían en parte con los territorios actuales de Siria o Líbano, espacios de clara tradición árabe.

En cambio los asquenazis, los judíos que procedían de Europa Central y Oriental, arribaron más tarde, en torno a la década de 1920, por lo que cuando entraron en México «ya se encontraron con los árabes u otomanos establecidos, trabajando y con hijos», añadió Unikel-Fajsa.

Los judíos procedentes de territorios otomanos tuvieron que salir de su territorio recién comenzado el siglo XX en busca de libertad y nuevas oportunidades.

«El proyecto ultranacionalista del Imperio Otomano impedía que las minorías conservaran sus particularidades. Además, todos los muchachos tenían que ir al servicio militar, que era obligatorio y peligrosísimo, regresando algunos de ellos mutilados o enloquecidos», subrayó Unikel-Fajsa.

Por ello, decidieron buscar nuevos horizontes, siendo México una buena alternativa a su situación. De esta forma, llegaron a la capital y se establecieron en el barrio de La Merced, donde recrearon sus costumbres.

Y aunque hubo algunos años complicados -debido, entre otros factores, a que la Revolución Mexicana aún se encontraba en curso-, pudieron desarrollarse y traer a sus familias.

Las vecindades que habitaron sirvieron de espacios de oración y estudio, y para instalar talleres y mucho más.

El «Encuentro Internacional Al Ándalus en México. Supervivencias e imaginarios» acoge diversas iniciativas artísticas, académicas y formativas sobre el legado árabe-andalusí en el país. EFE

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