24 abril, 2020

La estrategia para salir de la crisis: Volver a la edad de piedra

El gobierno israelí como gobiernos de otros países, han comenzado a presentar sus estrategias de salida de la crisis que está generando el COVID-19. Personalmente me siento confundido, creo que nadie tiene claro no solo como salir sino como vamos a transitar el futuro que el COVID-19 generó. Frente a esta realidad, mi mecanismo de […]

Foto: Pixabay

El gobierno israelí como gobiernos de otros países, han comenzado a presentar sus estrategias de salida de la crisis que está generando el COVID-19. Personalmente me siento confundido, creo que nadie tiene claro no solo como salir sino como vamos a transitar el futuro que el COVID-19 generó.

Frente a esta realidad, mi mecanismo de defensa para solventar la crisis que estamos transitando, los largos días de confinamiento y la falta de información acerca del después, es pensar en todo esto como algo transitorio.

Mi propuesta, es dejar correr nuestra imaginación y jugar con todas las opciones. Imaginemos que al final de la crisis nos encontremos todos los sobrevivientes en un mundo en el cual la comida ya no llega a los supermercados, lo que hasta hace unos días dábamos como sobreentendido, repentinamente ha cambiado. No hay frutas, verduras, carne, leche… Esta historia es aparentemente absurda, como una película de ciencia ficción que nos transporta aproximadamente entre 10.000 a 15.000 años atrás. Antes del desarrollo de la agricultura y la ganadería la población del mundo subsistía gracias a la pesca, caza y recolección de frutas y hierbas silvestres.

¿Es acaso una opción volver a recolectar hierbas, frutos silvestres, cazar animales o pescar en ríos, arroyos o el mar?  Probablemente para alguno de ustedes la sea. Sin embargo, la mayoría de la población se encontrará con reales problemas cuando deban cultivar su propia comida, criar animales para obtener por ejemplo leche, huevos o carne. Repentinamente nos encontraremos en un mundo que creímos conocer y que en realidad estaba alejado de nuestra rutina, es extraño. Todo aquello que era relativamente fácil de obtener y se encontraba a nuestro alcance en un anaquel o refrigerador de supermercado, exigirá para su obtención un aprendizaje básico. La mayoría de nosotros tenemos plantas ornamentales en casa, sabemos que debemos regarlas, darles luz y de vez en cuando, si estas requieren tratamiento alguno nos animamos por ejemplo a fertilizarlas. Esto claramente no es agricultura. Es como pensar que llevar nuestro automóvil a cargar combustible me transforma en mecánico capaz de arreglar un motor. ¡La brecha entre ambas situaciones es enorme!  La gran diferencia es que alimentarnos es una necesidad básica, es entonces que nos preguntaríamos ¿cómo empezar?

Repasemos entonces como todo empezó. Se estima que el origen de la agricultura fue en el conocido como periodo Neolítico. Este periodo, que es el segundo de la Edad de Piedra (de ahí «Neolítico» o «piedra nueva»), aparece como un periodo en el cual se desarrollan alternativas a los anteriores modos de sustento. Acciones voluntarias e involuntarias de las poblaciones que fundamentalmente poseían carácter nómade, transportaban accidentalmente especies exóticas y sin intención alguna las propagaban en otras regiones. Esto provoco “la invasión de especies vegetales” que colonizaron diferentes regiones en las que encontraban condiciones aptas para el desarrollo. Allí, las comunidades las observaron crecer y comenzaron a estudiar su comportamiento, necesidades, etc. Estas actividades son los orígenes del proceso de domesticación de las especies.  La domesticación es el proceso que transforma una planta silvestre a un cultivo el cual seleccionamos y adaptamos por nuestros propios intereses a las necesidades de la sociedad humana.

La agricultura es quizás uno de los procesos más revolucionarios de la historia de la humanidad. La agricultura que hoy conocemos, evoluciono desde la recolección de semillas, raíces y frutos. La ganadería surgió de la evolución de la caza y así, a lo largo de la historia la cadena alimentaria fue dando soluciones a las necesidades de la civilización. La agricultura cambió la forma de alimentarnos y de vivir.

Pero volvamos al siglo XXI. ¿Es posible que la humanidad vuelva a tener la necesidad de volver a la caza, pesca y recolección de hierbas salvajes?  ¿Deberán los sobrevivientes volver a domesticar animales y plantas?  Sinceramente, creo que no. Si bien la crisis que la civilización está viviendo es profunda y dejara daños económicos que exigirán un largo periodo de recuperación, la actividad agropecuaria seguirá siendo el pilar básico de la sociedad para garantizar el buen funcionamiento de la cadena de alimentación, especialmente en momentos en que la actual crisis sanitaria ha generado fenómenos de restricción de movimiento y confinamiento.

La agricultura no escapa a la crisis y se ve afectada. Si bien los mercados mundiales de alimentos todavía están bien abastecidos, potencialmente existe la posibilidad de impactos negativos, especialmente debido a la incertidumbre de saber cuándo y cómo se saldrá de la crisis.

Al cerrar las fronteras, la agenda de muchos países en referencia a la seguridad alimentaria deberá cambiar en forma radical. Según afirma el economista jefe de la FAO, Máximo Torero Cullen, una de cada cinco calorías que el ser humano consume ha cruzado por lo menos una frontera internacional. Ha esto deberá sumarse la implicancia del cierre de fronteras sobre la migración de trabajadores para tareas agrícolas. Francia por ejemplo deberá cubrir casi 200.000 puestos en los próximos meses para las próximas cosechas, Alemania, 300.000 jornaleros, España no podrá permitir la entrada de jornaleros de Marruecos. Italia depende de 370.000 jornaleros del este europeo para para la recolección de parte importante de sus verduras y frutas que por el momento no tienen posibilidad alguna de ingresar al país.

La agricultura seguirá siendo un recurso estratégico, y como tal, los gobiernos deberán asegurar su resiliencia. Las cadenas alimentarias funcionaran asegurando la producción, distribución y disponibilidad de alimentos a toda la población, también en tiempos de crisis. Es un hecho que sin la agricultura moderna nuestra existencia estaría amenazada. La alternativa seria una civilización en la que gran parte de su población viviría como nómade buscando comida de un sitio a otro.

Se habla de un mundo en el cual se deben realizar esfuerzos conjuntos para poder salir de la crisis, globalizamos nuestros problemas. El verdadero significado de globalización estará dado por el simple hecho que lo que come un chino tendrá influencias en la salud de un europeo. Es de suponerse que se buscara un nuevo equilibrio que tenga en cuenta garantizar, también en tiempo de crisis, las necesidades más básicas a nivel de salud y alimentación. Estas garantías son las que nos permiten saber que podemos ir al supermercado para comprar nuestros alimentos y no salir a recolectar hierbas silvestres e ir a cazar algún animal para conseguir el alimento necesario para el almuerzo y la cena de nuestras familias.


Daniel Werner es Ingeniero Agrónomo con una maestría otorgada por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Durante su carrera profesional, fue parte del Servicio de Extensión Rural perteneciente al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Israel. Actualmente, ocupa el cargo de Director de Proyectos y Misiones Especiales, en cuyo marco ha dirigido programas de desarrollo rural como parte de los programas de cooperación internacional del Estado de Israel en diferentes países de América Latina, Asia y África.

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