26 junio, 2020

La condición y el vínculo en el judaísmo

“Y amarás a Hashem tu D’os con todo tu corazón, con toda tu alma  y con todas tus fuerzas”. Deuteronomio 6, versículo 5 Definiciones No creo ser novedoso sobre un tópico que viene de lejos. De décadas y de generaciones. Y es sorprendente como aún hoy se continúa discutiendo acerca de la condición judía, de […]

Foto: Wikipedia – CC BY-SA 3.0

“Y amarás a Hashem tu D’os con todo tu corazón, con toda tu alma  y con todas tus fuerzas”.
Deuteronomio 6, versículo 5

Definiciones
No creo ser novedoso sobre un tópico que viene de lejos. De décadas y de generaciones. Y es sorprendente como aún hoy se continúa discutiendo acerca de la condición judía, de la identidad judía y de quién es o no judío. Y el tema ha generado en muchas ocasiones y lugares acalorados debates, más dudas que respuestas para algunos y no siempre se hacía posible concluir en una definición clara y aceptable a todos los judíos donde podemos encontrar ortodoxos, conservadores, reformistas, agnósticos y ateos. Inclusive otros renegados, o apartados o alejados o incluso de aquellos del equipo de los indiferentes.

Entonces, luego de esta breve introducción, puedo subir al siguiente escalón donde poder esbozar que definir de alguna forma es delimitar algo, es decir poner (nos guste o no) límites. Y si bien las definiciones no siempre se adaptan al gusto personal de cada uno, de alguna manera se hace necesario poder contar con ella, a los fines de poder marcarnos un GPS (una brújula o un Norte), evitar la confusión y la visión borrosa en un medio de neblina, y poder lograr cierto grado básico de acuerdo sobre una cosa en un conjunto de personas o colectivo y poder lograr un consenso.

En este caso, el que esto escribe opta por la definición halájica (la ley judía) de que judío es toda persona nacida de madre judía o conversa por un Rabino debidamente autorizado por el Rabinato de Israel.

La condición y el vínculo
Para este segundo bloque es necesario el diccionario donde condición se explica como la naturaleza o conjunto de características propias y definitorias de un ser o de un conjunto de seres. Mientras que el vínculo se traduce como la unión o relación no material, especialmente la que se establece entre dos personas pero, adiciono, se podría agregar a la relación entre una persona y una ideología o religión, e incluso con su país de origen o de adopción.

Y es por este sendero, de la definición, la condición de judío, y la clase de vínculo que cada judío establece con su judaísmo o idishkait, es que podemos despejar el cielo de aquellas densas nubes que oscurecen y no nos permiten aclarar.

El origen y la diversidad
No cabe duda que todos los judíos que por halajá somos judíos nunca dejaremos de ser judíos. El punto estriba, en la forma en que nos vinculamos con nuestro judaísmo y el valor que le asignamos para nuestra vida. Para muchos el judaísmo es el objetivo de nuestra existencia y todo el resto, nuestro trabajo e ingreso, etc, solo un accesorio para poder cumplir preceptos de vida (Mitzvot, estudio de Torá, y acciones bondadosas para con el prójimo). Otros por el contrario sitúan al judaísmo como algo importante en su vida, pero no tan fundamental e incluso y para algunos lastimosamente anecdótico. En ocasiones hasta el shule nos confunde cuando Torá y Dinim (leyes) se toma como una materia más del conjunto.

El abanico se abre hasta que en el presente, algunos grupos en mi opinión totalmente extraviados moralmente pretenden imponerse como una alternativa válida de judíos o de judaísmo abierto o plural.

El corazón hace la diferencia. Reflexión final
No cabe duda que a los ojos de Hashem todos somos importantes. Y nadie puede pretender ser mejor que su prójimo, cualquiera sea su superioridad en Torá, riqueza o status. Además el Covid-19 ha sido y es para todos nosotros un duro aleccionador para bajar la térmica de los orgullosos y petulantes.

Volviendo a la cita de inicio, el corazón es el lugar donde los pensamientos o las ideas se energizan, y toman impulso. Y es allí donde engancha el pensamiento con esa llama o fuego que nos propulsa a materializar y concretar en el mundo físico todo lo que aprendemos o entendemos con el cerebro. Y de esta forma concluimos que las personas cuyos pensamienos quedan fríos o congelados y no descienden y accionan todas las palancas de cada uno de nuestros miembros, no es aquello que D’os solicita del judío. Hashem, evidentemente necesita apreciar el calor que moviliza a cada judío para el servicio hacia la divinidad y hacia su prójimo sin concesiones.

No en balde la palabra “lev” en hebreo suma 32 (son las 10 sefirot o atributos divinos + los 22 senderos que las unen). Y por último sus dos letras son la «bet» con la cual inicia el Génesis y la letra “lamed” con la que finaliza el Jumash (los 5 libros) en el libro de Deuteronomio. Un mensaje encriptado imposible de ignorar.

Sin un corazón judío, el resto no vale. Ni la filosofía, ni la inteligencia, ni la ciencia, son solo teorías y palabras o ideas, si bien necesarias, nunca suficientes para un judaísmo que reclama conducta judía. Y un creador que nos reclama acción o movimiento. Brindarse a cada instante y en cada etapa de nuestra vida.

Es que solo el judío de acción y de pasión (con sus aciertos y errores), puede plasmar el deseo divino de espiritualizar la materia. El judío intelectual (mental) también es valorado, pero no alcanza, este se ha quedado a mitad del camino.

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