2 noviembre, 2020

Israel, por encima de la naturaleza. Breve reflexión.

«Ahora bien, el Eterno había recordado a Sará conforme había dicho; y el Eterno hizo a Sará conforme había hablado. Sará concibió y dio a luz un hijo para Abraham en su vejez, en el plazo que D’os le había hablado». Génesis 21, 1-2. Sobrenatural. Por sobrenatural se entiende que no puede explicarse por las leyes de […]

«Ahora bien, el Eterno había recordado a Sará conforme había dicho; y el Eterno hizo a Sará conforme había hablado. Sará concibió y dio a luz un hijo para Abraham en su vejez, en el plazo que D’os le había hablado».
Génesis 21, 1-2.

Sobrenatural.
Por sobrenatural se entiende que no puede explicarse por las leyes de la naturaleza o que supera sus límites. Y es justamente en el inicio del pueblo hebreo que la Torá señala que Israel desde su génesis, presenta una impronta especial, particular, y única. Exclusiva. Cual marca registrada. Y por este camino se diferencia del resto de los pueblos del mundo, que se rigen por el conjunto de fenómenos que denominamos Teva o ciclos que se repiten y comprenden fases de auge y caída.

Y escritores como el inglés Andrew Taylor en su libro: «Auge y caída de los grandes imperios», analiza las causas y razones por las cuales tantos imperios como el mongol, los egipcios, romanos o griegos, persas, Napoleón Bonaparte, el imperio británico, el Tercer Reich, la rusia comunista, etc, etc, repiten el mismo modelo que incluye subida o ascenso y bajadas o descenso, colapso y desaparición. Sea en caída abrupta o libre o lenta disolución.

Imperios cuya motivación ha sido una mezcla de intereses, que van desde la expansión territorial, intereses económicos, ideológicos, religiosos,etc, pero que al final de cuentas quedan pulverizados, y solo dejan algunas huellas que tienen que ver con construcciones, restos arqueológicos, e incluso en ciertos casos libros que suman su aporte al conocimiento humano, desapareciendo de la escena aquellos pueblos o líderes que generaron dichos fenómenos o sucesos históricos que solo quedan como un recuerdo, un pasado o materia de estudio para estudiantes e investigadores en diversos niveles.

Lo judío. Sui géneris
Se trata de algo muy peculiar. Dado que el mismo nacimiento del patriarca Isaac, se menciona producto de un evento que rompe con el molde o modelo designado y aceptado. Permea toda barrera física, humana, fisiológica, y comprensible o aceptable. Y establece de inicio que este pueblo y su suerte estará por encima de lo que marcan los astros y estrellas, ya que tiene una supervisión directa de parte de la divinidad.
Nuestra matriarca Sará era anciana, y es bendecida en tener, aquello que por lógica no debería haber sido.

Lo que marca la diferencia.
El tópico es extenso, y explicarlo consumiría mucho más espacio y tinta, que sobrepasaría ampliamente el espacio concedido. Y si bien, se podrían establecer épocas en la historia del pueblo judío de auge o esplendor, y otras de caídas o depresión, en definitiva, cuando parece que tocamos fondo, volvemos a resurgir tantas veces como el ave fénix, que parecía quemarse para luego renacer de las cenizas.

Judaísmo. La zarza ardiente.
Aun cuando en el pasado, los judíos perdieron su independencia nacional y fueron exiliados por todos los rincones del globo, transportaron con ellos su Santuario personal que es la Torá escrita y oral. Qué si bien, se encuentra fuertemente ligada su práctica a habitar la Tierra prometida, excede dicho límite geográfico, y se constituye a modo de GPS o brújula o guía cuyo objetivo primordial continuó siendo el domesticar y refinar el corazón de cada judío, a los fines de mantener su identidad y sus costumbres, y su añoranza y su anhelo de redención. Y su ligazón con la Tierra de los Patriarcas.

Un ancestral mensaje de justicia nunca antes visto, y por ende cuando Moisés se acercó en el monte de Sinaí llamó su atención que la zarza se quema, pero no se consume (símbolo de la eternidad).

Reflexión final.
El judaísmo no pretende conquistar naciones ni territorios. Sólo añora y reza por la restauración de la patria ancestral y la llegada del ansiado Mesías que traerá un cambio positivo para todo el mundo. Y el target o blanco es conquistar el alma y el corazón del israelita, a los fines de que pueda doblegar su alma animal.

Su eterno mensaje (la palabra, y la superioridad de su moral) de hacer prevalecer lo espiritual por sobre lo material, e intentar espiritualizar la materia, lo hace indestructible. Sólo un hombre nuevo y perfeccionado o refinado podrá asegurar una sociedad más justa. Ya que a los ojos de la cosmovisión judía (valga la redundancia) no puede existir una sociedad justa si sus integrantes son personas malvadas. Y si bien esta afirmación no es novedosa, la divinidad otorgó a Israel el método, la herramienta, el instrumento a los fines poder aspirar a conseguir tal objetivo. La Torá que es luz, y se compara con el agua, la leche y la miel. El cambio siempre de adentro hacia afuera y no a la inversa.

En definitiva, Israel por encima de las leyes de la naturaleza, y con el manual guía que les proporciona poder reposar en aguas mansas, dando un respiro a la fatiga que nos produce las vicisitudes del existir. Esta inusual receta solo puede ser obra del Constructor de todo lo creado, ya que, si fuera obra del intelecto humano, no hubiera persistido durante siglos, y no estaría yo escribiendo estas líneas que son el fruto de 4000 años de historia. Nuestra persistencia atestigua por ella misma que nuestras ideas no son fruto de ninguna mente humana privilegiada. Y que somos el producto de aquello que identificamos como el origen y el final que es infinito, omnisciente y omnipresente y omnipotente.

Compartir

#, #, #

Más sobre Opinión