Israel al día – Lehava, detrás de la tensión y los disturbios en Jerusalén

Ahora que las aguas, en Jerusalén, al parecer, han vuelto a su cauce, tras una jornada de tensión y disturbios la semana pasada, cabe echar una mirada en perspectiva. En 2009, cuando pisé Jerusalén, por primera vez, era casi impensable que un judío ortodoxo cruzara la Puerta de Damasco hacia Jerusalén este. Hoy, casi doce […]

REUTERS/Ammar Awad

Ahora que las aguas, en Jerusalén, al parecer, han vuelto a su cauce, tras una
jornada de tensión y disturbios la semana pasada, cabe echar una mirada en
perspectiva.

En 2009, cuando pisé Jerusalén, por primera vez, era casi impensable que un
judío ortodoxo cruzara la Puerta de Damasco hacia Jerusalén este. Hoy, casi
doce años después, la realidad es otra, afortunadamente.

Habría que vivir en Israel para darse cuenta de que, paulatinamente, las cosas
en Jerusalén fueron cambiando para bien. En la actualidad, ya no es raro ver a
judíos, a cualquier hora, caminar por el barrio árabe o cristiano. Más aún,
algunos ortodoxos compran en comercios de Jerusalén este, a la salida de la
Puerta de Damasco, con total tranquilidad.

Probablemente, la inauguración del tren ligero de Jerusalén, en 2011, con una
estación cerca de la Puerta de Damasco, ayudó a cambiar el panorama, al
menos, por uno de tímida convivencia entre árabes y judíos.

Sin embargo, esta frágil convivencia se vio perturbada y puesta en peligro la
semana pasada.

Todo comenzó la noche del jueves pasado, luego de que miembros de la
Organización para la Preservación de la Asimilación en Tierra Santa (Lehava,
por sus siglas en hebreo), una organización judía de ultraderecha, marchara
hacia la Puerta de Damasco, escoltados por la policía.

Minutos antes, la policía había cercado el acceso a la plaza, a la salida de la
Puerta de Damasco, para facilitar la manifestación de Lehava.

En vista de la frágil convivencia entre árabes y judíos en la zona, he estado
alguna noche en esta plaza. Este sitio, generalmente, es frecuentado por la
juventud árabe del lugar, como un punto de encuentro, bajo la atenta mirada de
las autoridades israelíes.

Este año, desde que comenzó el mes de ayuno y oración de Ramadán, el
pasado 12 de abril y que culminará el 12 de mayo, a la puesta del sol, los fieles
musulmanes, como todas las noches, se reúnen allí para romper el ayuno
diario. Tras finalizar las oraciones en la mezquita de la explanada de la ciudad antigua, el jueves pasado, los musulmanes se llevaron una desagradable
sorpresa al ver que toda la zona de la Puerta de Damasco estaba cercada y
custodiada por unidades de la policía.

Rápidamente, a través de las redes sociales, los árabes se dieron cita afuera
de la Puerta de Damasco. Y, entonces, el enfrentamiento, entre enardecidos
árabes y judíos ortodoxos de la ultraderecha, fue inevitable.

La policía, por su parte, tras los hechos, manifestó que no podía evitar la
“libertad de expresión” de los miembros de Lehava.

¿Libertad de expresión?

Cuando la libertad de expresión atenta contra la seguridad y el bienestar
público, deja de ser, automáticamente, libertad de expresión.

Una manifestación intransigente, en una zona tan sensible como Jerusalén,
con un conflicto de por medio, no es sinónimo de libertad de expresión,
significa poner en peligro a todo un país, como sucedió.

Lehava, tras provocar a la población árabe con su manifestación en pleno
Jerusalén este, puso en peligro la frágil convivencia entre árabes y judíos en la
ciudad antigua, por decir lo menos, ya que la osadía de este sector de derecha
trajo graves consecuencias para el Estado de Israel.

¿Qué tipo de consecuencias?

Habría que preguntarle sobre el peligro que corrieron los pobladores del sur de
Israel, como Sderot, una localidad ubicada a pocos kilómetros de la Franja de
Gaza, desde donde la agrupación terrorista Yihad Islámica, en solidaridad con
los árabes de Jerusalén, lanzaron alrededor de 35 cohetes.

Tras los sucesos, se registró un saldo de más de 50 personas detenidas y, al
menos, 20 policías heridos, en parte, responsables de los disturbios en
Jerusalén, luego de facilitar la “libertad de expresión” de Lehava.

En tanto, el Ejército israelí ya tenía un plan en marcha para frenar el
lanzamiento de cohetes desde Gaza, mientras el gobierno del primer ministro,
Benjamín Netanyahu, sin poder contener a sus aliados de derecha, hizo un
llamado a la calma para apaciguar las aguas.

Sin embargo, precisamente, calma es lo que Israel no tendrá si Netanyahu, en
los próximos días, llegara a formar un gobierno de coalición para su quinto
mandato, unido con la extrema derecha, un sector intransigente que puso a
Israel, la semana pasada, en el ojo de la tormenta.

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